UNA HERENCIA DE ANTAÑO

Imagen de jbbuteraa
José Benito Butera Aured

En “La Voz de Aragón” periódico, de ideología republicana Isidoro Achón escribía este artículo, relacionado con su actividad. Habían pasado los años – 63, tenía entonces Isidoro – pero él, continuaba en su hacer de juventud, propagando y aleccionando, sobre derechos, por un lado y reclamando atención de los poderes establecidos. Como siempre.

 

El veinticuatro de julio de 1934, con motivo de conmemorar el decimotercero aniversario del la promulgación de la ley de retiros obreros, escribe el siguiente artículo:

 

XIII aniversario de la implantación del retiro obrero obligatorio

 

Han pasado más de dieciséis años. Me cabe el honor, como consejero obrero de la Caja de Previsión Social de Aragón, de contribuir con este modesto trabajo al actual aniversario de la ley de Retiros Obreros de 24 de julio de 1921.

Desde mayo de 1918, en que constituimos el Consejo Regional de Previsión, orientados por aquel catalán insigne e ilustre español, por aquel apóstol de la Previsión española que se llamó don José Maluquer y Salvador, hasta el momento actual de 1934, todos hemos encanecido trabajando por el desarrollo del seguro social. Los señores Lasierra, Gil y Gil, Lapuerta, Jiménez, San Pío y quien suscribe. Otros han desaparecido ya: Paraíso… Silván…

El régimen de libertad subsidiada comienza en 1919 y en junio se organiza la colaboración aragonesa que dio vida al Patronato de Previsión Social, constituido en enero de 1920. Este fundó el 11 de julio de 1921 la Caja de Previsión Social de Aragón, que fue reconocida como colaboradora del Instituto Nacional de Previsión por decreto de 24 del mismo mes y año, que conmemoramos hoy.

¿Qué hemos hecho desde entonces?

El horizonte que se presenta a nuestra vista, mirando hacía adelante, es inmenso. El camino a recorrer superior a nuestras fuerzas y a nuestra vida. Pero nuestra voluntad ve de acuerdo con los deberes impuestos a nuestra generación. Esperamos andando. Asistimos al término de “la borrachera de individualismo” que, para bien de todos, desaparece.

Y al enfrentarnos con el nuevo plano social, que va imponiéndose en el mundo en forma de Convenios internacionales, ratificados por los Estados, ayudamos en la medida de nuestras fuerzas a cubrir los riesgos de la vejez desvalida, de la enfermedad, del paro involuntario, de la maternidad, de la invalidez, como consecuencia de las nuevas formas de vida que el desarrollo del maquinismo crea.

La lucha por la vida impone el seguro social para los económicamente débiles, que en nada se opone al desarrollo del seguro privado para quienes disfrutan de relativa posición social. Más bien se completan los dos. Que cada generación realice su obra es la verdadera norma del cumplimiento del deber.

Cuando hacemos un alto en el camino y volvemos la vista atrás, tenemos serios motivos para sentirnos satisfechos. En esta práctica de solidaridad universal vemos con claridad meridiana cómo transforma el ambiente la influencia del seguro social. Aquellas indiferencia y hostilidad de los primeros años, a medida que se perciben los beneficios, van modificándose en simpatía, en deseo de conocer la técnica actuarial, en las aportaciones voluntarias de los trabajadores para rebajar la edad de retiro, mejorar su pensión, constituir un capital-herencia para los suyos, caso de fallecer, etc., etc.

Y en cuanto a los patronos sucede lo propio. Cada vez es mayor el número de los comprensivos. La causa principal de su oposición hay que buscarla en la inferioridad económica, en nuestra relativa pobreza industrial, mercantil y agrícola; el no haber llegado todavía a nuestro país la verdadera política económica que permita o imponga el consumo en la proporción de nuestros habitantes.

El Estado, a propuesta del I. N. P., mediante el recargo sobre las herencias, ha permitido establecer la bonificación extraordinaria, hoy de 400 pesetas, para los obreros afiliados al Régimen que desde 1921 fueran cumpliendo los sesenta y cinco años, a quienes la ley ya llegó tarde para formar pensión.

Pero nuestra labor no ha sido sólo de persuadir y organizar. Hemos hecho algo más. Se han implantado ya en España tres leyes de Seguro Social que dejan sentir en la práctica sus beneficiosos efectos de justicia social. El Retiro Obrero, próximo a convertirse en Seguro de Vejez. El de Maternidad, que va a fundirse muy pronto con el Seguro de Enfermedad. El de Accidentes de Trabajo, mejorado notablemente en sentido humano por la República española. En preparación el Seguro integral ─ enfermedad, invalidez, vejez y muerte reunidos─. En camino de ser pronto ley el Seguro contra el paro.

Creemos que la obra del Instituto Nacional de Previsión, que es nuestra propia obra, ya que en ella colaboramos y a ella nos debemos, se deja ver bien. Nuestra actuación aragonesa lo demuestra. Y esta actividad de la Previsión aragonesa, aunque los límites de este artículo, ya muy extenso, no permiten descender al detalle, nos lleva, por asociación de ideas, a recoger y a formular nosotros, en este momento de realidad esas preguntas repetidas tantas veces y tantas veces contestadas: ¿En qué se invierte el dinero de la Previsión? ¿Qué se hace con las cuotas patronales?

Esos fondos se destinan a dos clases de inversiones: financieras y sociales.

Las primeras imponen religiosamente la adquisición de valores del Estado, provincias y mancomunidades. Obligaciones de Empresas cotizables en Bolsa. En bienes inmuebles. En préstamos hipotecarios y pignoraticios y otras inversiones que el Gobierno autorice.

Las segundas, en préstamos para la construcción de escuelas y casas higiénicas y baratas, para usarlas, arrendarlas o venderlas. Para la construcción de dispensarios, clínicas, sanatorios, saneamiento de poblaciones, traída de aguas, pavimentación, etc. Préstamos hipotecarios a las Asociaciones agrícolas y forestales y a los individuos, previa garantía. A los Sindicatos Agrícolas para adquisición de tierras y constitución de patrimonios familiares. Para Cooperativas de venta y exportación. Para el fomento de la agricultura y defensa de sus productos contra el agio. Pera cotos sociales de previsión ─ agrícolas, frutícolas, sericícolas y forestales ─. Préstamos para siembra y recolección a labradores pobres. Para Casas del Pueblo, casas colectivas por pisos y cuanto representa acción y protección social.

En cuanto a Aragón se refiere, el dinero de esta Caja, colocado en inversiones financieras, asciende a 9.709.751’71 pesetas.

Con cargo a las inversiones sociales se han construido más de cincuenta escuelas y se han realizado obras de saneamiento, de abastecimiento de aguas, de alumbrado eléctrico, macelos, mercados, etc., en diversos pueblos de Aragón. Se han adquirido las Casas del Pueblo de Biota, Ejea de los Caballeros y Mallen. Se han establecido los cotos sociales de Graus, Lanaja y Pedrola. Los cotos avícolas de Báguena, Villanueva del Rebollar, Poleñino, Sesa y Mequinenza. El coto frutícola de Monzón. Los sericícolas 1 de Brea de Aragón, Poleñino y Sesa. Todos ellos creados como y sostenidos por el Magisterio aragonés como complemento de las Mutualidades escolares, arraigadas más cada vez en Aragón.

Se han atendido necesidades de vivienda construyendo barriadas de casas baratas, como las Cooperativas del barrio de las Fuentes, “Augusta Bilbils”, de Calatayud y las casas por pisos construidas en Zaragoza. Y desdichas colectivas, como la inundación de San Juan de Mozarrifar, edificando de nuevo gran parte del barrio derruido. Se han concedido préstamos a labradores pobres para siembra y recolección por valor de 2.000.000 de pesetas, etc., etc.

En estas y en otras finalidades de carácter social se han invertido 16.870.221’74 pesetas, que representan el capital de la Caja de Previsión Social de Aragón. A disposición de quien quiera están las cifras y comprobantes, hechos públicos muchas veces, de nuestros planes de inversión.

Se ha procurado invertir el dinero de Aragón en la economía aragonesa, como el dinero de las cuotas patronales se invierte en la economía nacional. No se ha encontrado mejor garantía para el capital e intereses que han de formar las pensiones obreras, favoreciendo a la vez socialmente al país.

También se ha creado la Obra de Homenaje a la Vejez, sostenida con aportaciones de autoridades, Corporaciones, entidades, particulares, Instituto y Caja de Previsión, en la que se han invertido, hasta la fecha, unas 700.000 pesetas. Se han concedido 376 pensiones vitalicias de peseta diaria y 11.450 donativos de 25 a 100 pesetas a otros tantos ancianos necesitados de ambos sexos.

Finalmente, la Caja de Previsión Social de Aragón mantiene el acuerdo de conceder préstamos, con las debidas garantías, para construcción de edificios, con objeto de aliviar en lo posible la crisis de trabajo, especialmente en el invierno.

Sin embargo, nuestra obra se halla todavía en los comienzos. Porque el seguro social aspira a proteger al niño y a la madre como tales, defendiendo y mejorando la raza. Desea hacer lo propio con la obrera y el obrero en la enfermedad natural y profesional. Procura paliar los perniciosos efectos del paro involuntario. Quiere ayudarles en el accidente del trabajo, en la invalidez y en la vejez. No es más que la aspiración generosa de la Humanidad a proteger al hombre de trabajo, en los distintos riesgos, desde antes de nacer hasta después de morir.

Y en esta labor queda todavía mucho por hacer

Isidoro Achón

Consejero obrero de la Caja de Previsión Social de Aragón

 

Pronto. En 2018 se habrá de celebrar un centenario que debería de marcar un hito en la historia social de España, al igual que ya han pasado otros como: el descanso dominical (1905), la Inspección de trabajo (1906), la Ley de accidentes de trabajo y algunos otros que desde la Restauración, fueron tomando cuerpo y mejorando lentamente; pero mejorando las condiciones de vida de los obreros.

Parece que aún corriendo el tiempo hacia esa fecha, y vistos los vientos que soplan en Europa en general y ciñéndonos a este país que nos alberga y en el que es donde se debería conmemorar el supuesto centenario, la cosa parece ajena a celebraciones, por el contrario los agoreros pronostican para unas fechas también relativamente cercanas (2050) a ese evento; una quiebra de un sistema que como se apunta está próximo a ser un venerable anciano; al igual que sus beneficiarios, y al cual, el nuevo “Saturno” amenaza con devorarlo.

Cierto es que ahora vivimos más tiempo que antes. También es cierto que si en aquellas pretéritas épocas el comienzo de la vida laboral era temprano, ahora es mucho más tardío. También es   innegable, que la situación económica no es buena. Pero al albur de una situación puntual ¿se ha de arremeter contra el progreso? Porque ¿es o no lo es, el mantener un mínimo estado de seguridad para aquellos que con anterioridad han mantenido un Estado?

Hasta como se ha descubierto en Atapuerca; en el neolítico la tribu se ocupaba del cazador viejo e imposibilitado para mantenerse por si mismo.

[…] La lucha por la vida impone el seguro social para los económicamente débiles, que en nada se opone al desarrollo del seguro privado para quienes disfrutan de relativa posición social. Más bien se completan los dos. Que cada generación realice su obra es la verdadera norma del cumplimiento del deber […] Dentro del escrito de Isidoro Achón que ha podido leerse; este párrafo, quiere poner de manifiesto que indudablemente las cosas en este sentido no son inamovibles; ¿pero la generación que esta tomando estas decisiones esta cumpliendo con su deber?

Cuando leídas las líneas, podrá el lector darse cuenta de que el retrato que de este asunto se hace por parte del articulista; que con un amplio bagaje de conocimientos sobre el asunto, una gestión responsable del mismo y quizás una visión profética; expone una situación que parece, justo la actual en muchos de los aspectos de fondo del escrito; también da gestión de las inversiones y como se realizan. En el artículo se recorre a groso modo la historia de la prevención en este país; que el articulista conoce muy bien ya que participó desde los primeros conatos en las primeras décadas del pasado siglo.

Con anterioridad a esa segunda década del siglo XX, la protección social no estaba generalizada y era excepcional su existencia como tal; era la caridad cristiana por un lado, y en el contrario la incipiente solidaridad de los trabajadores, que a través de sus organizaciones de oficio fueron sentando las bases de la prevención de todas las contingencias – contingencias que hoy cubre el Estado y que asumió después de la guerra civil, al incautar y disolver los sindicatos, viéndose forzado a conservar la labor ya desarrollada en el periodo anterior – por medio de sus sociedades de socorros mutuos, ligadas siempre a las sociedades de oficio. Ahora bien, esta opción no era generalizada; y que de las organizaciones obreras se puede afirmar que la pionera de todas ellas había sido la Sociedad del Arte de Imprimir que desde la mitad del siglo XIX ya tenia reguladas sus prestaciones, aparejadas a la cuota de afiliado y que cubrían desde la percepción del salario durante las huelgas convocadas, hasta ayudas en el pago de los sepelios, o por desplazamientos en busca de trabajo.

Deben preguntarse los actuales trabajadores, si el costoso camino recorrido hasta ahora por todos los que con el solo valor de sus manos en general, ya que otros además pusieron en la tarea algo más que sus manos; su inteligencia, su solidaridad, su honradez y algunas cualidades más, ¿puede echarse por la borda un siglo de pensiones; retrotrayéndolas a la miserable peseta diaria?

Como decía Don Quijote. ¡Cosas veredes Sancho! Los actuales Sanchos han de ver si se enfrentan a la situación con energía como futuros perceptores o por el contrario se someten a ese Saturno invisible que cada momento pide más y más de lo que no le corresponde; porque él no lo ha fabricado ni generado; pero sí quiere apropiarse de todo.

Una vez leído este viejo escrito podemos reflexionar sobre su contenido y con las salvedades que el tiempo ha introducido, vemos que todavía, ciertamente queda mucho por hacer; sobre todo cuando lo que se quiere hacer es abaratar esas percepciones, y pasar el excedente a la voracidad de ese Saturno insaciable y amenazante.

Desde mi experiencia personal he visto como se pasaba de una pensión regulada por los dos últimos años de actividad, cuando yo aún estaba lejos de alcanzarla a otro cálculo que contempla desde los ocho últimos cuando se reguló en 1985 y que preveía alcanzar los quince, que es la actual situación, y la que a mí me alcanzó. He visto como la cantidad percibida, se asimilaba a una cuota vitalicia y fija, a que se regulara esa cuota año a año con los incrementos que había percibido la economía del resto de la sociedad. He visto avances acordes con el momento social que se vivía; pero lo que ahora percibo es un retroceso; un retroceso además de una discriminación, porque quien pueda tendrá dos pensiones, la pública y la que se haya pagado él a lo largo de su vida activa. Que no es otra cosa lo que se quiere instaurar cada vez que desde los círculos económicos se manifiesta la fragilidad del sistema público, empujando a la contratación de sistemas privados que después caerán en manos de cualesquier desaprensivo que arruinaran a miles de ancianos, como en el momento actual han arruinado a miles de propietarios de viviendas.

Ni dos años más para acceder a la jubilación; ni toda la vida laboral como base de cálculo. Nada de eso es el inmediato objetivo de Saturno. Su objetivo es hacerse con el bocado de capital que comportan los miles y miles de trabajadores que, por miedo, por ignorancia o porque pueden con sus sueldos costearse ese plan privado han de morder el anzuelo de la privacidad y el mercado. Los que sus magros sueldos no les permitan alegrías previsoras, habrán de conformarse con las cortas pensiones públicas. Solo por esa circunstancia no se debe de dar un paso atrás en lo conseguido y desoír los gritos de pastor ¡Que viene el lobo! Qué no nos traten como a borregos, que la situación no es lo terrible que la proponen y que en cualquier caso aún siendo cada generación responsable de sus actos; comenzando por la actual que dirige – que no es de otra la responsabilidad – dirijan sus acciones a potenciar ese fondo público, que en este momento, según Viçens Navarro, solo alcanza a un 9% del PIB y solo alcanzará en 2060 el 15,1% .

1 Nota del transcriptor: Industria de la seda - cría extracción y transformación de la seda

3 de noviembre de 2010

 

Añadir nuevo comentario

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Páginas