UNO Y DOS DE NOVIEMBRE

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José Benito Butera Aured

Se acercan los días en los que el mundo europeo, influido por la Iglesia Católica que aprovechando los antiguos cultos a los muertos que los pueblos y civilizaciones que dieron origen a la actual Europa venían celebrando desde el principio de los tiempos instituyó el día de Todos los Santos y el siguiente de Difuntos o de las Ánimas.

En España los cementerios se llenaran de flores y visitantes; en Zaragoza también. Solo habrá una tumba en que la memoria de sus moradores pasará desapercibida para todos; esa tumba, no es otra que la de, Bernardo Aladrén Monterde, que junto con su esposa, descansa en un nicho de la parte vieja del cementerio de Torrero; concretamente en los nichos adosados a la tapia este del cementerio; su tumba en la primera fila, junto al suelo, es propiedad de la que fuera su mujer y así consta en una placa colocada encima de la lápida. Bernardo Aladrén, no tuvo descendencia por lo que hay que suponer que en estas fechas, no tendrá visitas su enterramiento.

Todos debemos saber la trayectoria de este hombre; tipógrafo de profesión, desde joven se comprometió con la política; en 1917, firmó junto con Francisco Baldur y como representantes de Juventud Rebelde y Agrupación de Jóvenes Bárbaros, una petición al cónsul de Bélgica en Zaragoza pidiéndole doscientas pesetas, para las actividades de la agrupación; estuvo sindicado en la Asociación de Obreros Gráficos, creada en 1918 – en los aledaños del anarquismo – pasando en 1925 a disolver dicha asociación e integrarse en la primigenia Federación Gráfica Española o Asociación del Arte de Imprimir; un año antes Bernardo Aladrén había ingresado en el Partido Socialista Obrero Español; donde llegó a ser su presidente en Zaragoza; con el advenimiento de la República fue presentado y elegido Concejal del Ayuntamiento de esta ciudad; destituido como todos los ediles socialistas y republicanos en 1934, se reintegró en febrero de 1936, con el triunfo del Frente Popular, su mandato fue violentamente interrumpido el dieciocho de julio de 1936 y su muerte se produjo el nueve de agosto. Como fue de los primeros en ser sacrificado se le enterró en el cuadro setenta, en la sepultura número diez, luego sus restos fueron inhumados y pasó a su actual enterramiento.

Desde entonces, ni el Ayuntamiento del que fue miembro destacado; ni el Partido Socialista, ni la Unión General, han tenido en cuenta su memoria. Hora es de que se reivindique dicha memoria y se le rinda homenaje; a él y a otras dos figuras del socialismo zaragozano. Matías Pastor Sancho, reorganizador del partido en Zaragoza en 1890, también enterrado en la misma necrópolis – en la manzana de nichos perpetuos; y casualidad enfrente de su enterramiento lo está Ramón Sainz de Baranda – y otro líder primitivo del socialismo aragonés, Isidoro Achón Gallifa – este enterrado en el cementerio de La Cartuja, en su ángulo norte–este, junto con su madre y la primera esposa y madre de sus hijos, Constantina.

A todos ellos, los que actualmente militamos en el socialismo o el ugetismo les debemos un recuerdo y un homenaje – igual que se le tributa a Pablo Iglesias – creo yo. Las fuerzas progresistas de la ciudad y sobre todos los afiliados al PSOE y UGT, deberíamos al igual que se hace con Iglesias rendir un homenaje a estos tres personajes del socialismo aragonés. No el día de su desaparición física, no; que aun conociéndola seria diversificar demasiado, sino el día idóneo es cualquiera de los dos que he citado; ¿qué tiene que ver la significación religiosa con el recuerdo histórico de estos hombres?

Hay innumerables compañeros más de los que ignoramos o no tienen tumba; los que cayeron desde el 19 de julio de 1936 hasta 1946 en que parece ser se efectuó el último fusilamiento en la ciudad y que desde el año pasado tienen el recuerdo colectivo en el Memorial inaugurado entonces, al que también se debería visitar colectivamente. Sería un acto, que además de legítimo, emotivo y al que seguro se adherirían muchos otros ciudadanos.

Estos días se está reivindicando el recuerdo de otras víctimas más recientes; pero por eso no menos injustas; la reivindicación según mi criterio tiene tintes de intransigencia, por eso nosotros que nunca hemos sido intransigentes y a quienes se nos niega el recuerdo hemos de reivindicar a todos aquellos que fueron nuestros antecesores en esa idea de libertad e igualdad y de los cuales algunos fueron también victimas. Victimas escondidas, victimas negadas, victimas obligadas al olvido.

Los vientos que actualmente corren en este país nos obligan todavía más a esa reivindicación; y sino véase lo que acaba de suceder con Miguel Hernández.

¿Quién recogerá este llamamiento al recuerdo y a la consideración de la historia?

Lápidas de Isidoro Achón y Bernardo Aladrén. Cementerio de Torrero, Zaragoza

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