...Y EL CHÉ HUBIERA CUMPLIDO 80 AÑOS.

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José Ramón Villanueva Herrero

     Resulta innegable que la figura de Ernesto « Ché » Guevara (1928-1967) se ha convertido en un mito legendario de la historia contemporánea. Ciertamente, el Ché despierta pasiones (a favor o en contra) pero, al margen de su ideología comunista militante, es un símbolo universal de la lucha contra la injusticia social y del idealismo revolucionario.

     El recuerdo de la vida rebelde del Ché, su participación en la revolución cubana desde que ingresase en 1955 en el Movimiento « 26 de Julio » liderado por Fidel Castro, sus combates en Sierra Maestra, su época como ministro de Industria en la nueva Cuba castrista, su aspiración a expandir la lucha contra el imperialismo y también contra las dictadures militares que atenazaban a América Latina, su papel como impulsor de las guerrillas de izquierdas en Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela y, sobre todo en su Argentina natal y en Bolivia, han concedido al Ché la aureola de héroe, de mito revolucionario.

     A una vida intensa, le sucedió una muerte heroica : su lucha en Bolivia en las filas del ELN contra la dictadura de René Barrientos, el combate de la Quebrada del Yuro y su posterior asesinato con la colaboración de la CIA en la escuela de la aldea de La Higuera forman parte, ya para siempre, de la épica revolucionaria.

     Todavía recuerdo cuando hace ya unos cuantos años un joven boliviano, un indio aymara, me hablaba con auténtica veneración de los últimos instantes de la vida del Ché, trasnmitidos de boca en boca por los habitantes de su aldea, de cómo su comunidad recordaba a aquel joven idealista argentino-cubano que encontró la muerte en tierras bolivianas luchando contra la dictadura de Barrientos a la cual, sucedieron infinidad de regímenes militares. Uno de ellos, el del general Hugo Bánzer, expoliador de las comunidades indígenas, años más tarde maquillado como « demócrata », se presentó a las elecciones presidenciales y, tal y como señalaba el joven aymara, comprando cada voto... por una barra de pan. Recordando todo esto sentí que el espíritu rebelde del Ché seguía vivo en Bolivia, en América Latina y en cualquier persona o lugar que repudia la injusticia y que sueña con una sociedad mejor.

     Ahora, cuando en este año el Ché hubiera cumplido su 80 cumpleños desde que naciese en 1928 en la ciudad argentina de Rosario, su figura, su vida y su pensamiento son motivo de frecuentes recuerdos y homenajes. Por ello, me gustaría aludir a cómo también el Ché es reivindicado, no sólo desde el ámbito político, sino también desde los sectores cristianos comprometidos con la teología de la liberación. En este sentido, me parecen muy oportunas algunas de las afirmaciones de Carlos Alberto Libanio Christo, más conocido como Frei Betto, dominico brasileño y una de las principales voces de la teología de la liberación en América Latina. Autor de más de 50 libros y con una importante actividad política a sus espaldas (torturado y encarcelado por la dictadura militar brasileña, colaborador de la organización guerrillera Acción Libertadora Nacional) y que, tras su paso por prisión, vivió en las favelas de Sao Paulo, tiempo en el cual conoció a Lula.

     Frei Betto plasma su compromiso social como cristiano en hechos : es el impulsor del Proyecto Hambre Cero, es asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra y ha sido también asesor especial del Presidente Lula.

     Dicho todo esto, Frei Betto dedicó recientemente un emotivo artículo a la figura del ché Guevara en el cual nos recordaba que sus enemigos no consiguieron matarlo puesto que « hoy está más vivo que en sus cuatro décadas de existencia real » (cuando fue asesinado, tenía 39 años). De hecho, Frei Betto señala cómo, excepción hecha de Mao o Fidel, son raros los casos de revolucionarios que envejecen, ya que « muchos derramaron temprano su sangre para contribuir al proyecto de un mundo en libertad, justicia y paz » como el mismo Jesús de Nazaret, que lo hizo a los 33 años, o los casos de los revolucionarios americanos Sandino y Farabundo Martí (38), Zapata (39) o José Martí (42).

     Por ello, frente a quienes quisieron condenar al Ché al olvido, éste resurge cual « Fénix obstinada » pues « las cadenas no aprisionan los símbolos, ni las balas matan los ejemplos ». Y s que, la imagen del Ché, como señala Frei Betto, es un símbolo para quienes « quieren enfatizar que la utopía permanece viva ». Consecuentemente, el dominico brasileño analiza el legado actual del Ché, el cual « nos exige mantener el corazón y los ojos vueltos hacia la preocupante situación de nuestro planeta, donde impera la hegemonía del neoliberalismo » al cual hay que combatir, al igual que a las nefastas consecuencias que genera en las personas : individualismo frente al espíritu comunitario, competitividad frente a solidaridad, o ambición desmedida en lugar de un compromiso firme contra la erradicación de la miseria. Frei Betto es contundente al afirmar que, frente a los que tanto hablan del fracaso cierto del llamado « socialismo real » en el Este de Europa, nunca aluden al « fracaso inevitable del capitalismo para los dos tercios de la humanidad », para los millones de personas que malviven por debajo del umbral de la pobreza.

     Ante un mundo tan complejo, injusto y contradictorio, Frei Betto plantea una pregunta directa : « ¿Cuál será la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Ché ? ». La respuesta es igualmente directa y contundente, fruto de su profundo compromiso social y emancipador, de una visión cristiana bien distinta de la que ofrecen las jerarquías eclesiásticas de Occidente : « el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud ; la práctica de la justicia, una exigencia ética ; el socialismo el nombre político del amor ».

     Esto es lo que, desde el retrato que le hizo Alberto Korda y que inmortalizó para siempre el rostro del Ché, parece pedirnos a todos la apasionada e intensa mirada de aquel joven revolucionario llamado Ernesto « Ché » Guevara.

 

José Ramón Villanueva Herrero.

(Diario de Teruel, 27 julio 2008)