Y LOS EMPRESARIOS REALES... ¿DÓNDE ESTÁN?

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Fernando Bolea Rubio

Recordando a Moliere, ésta es la crisis de los empresarios imaginarios y los trabajadores a palos. Porque claro, empresarios verdaderos de esos de ver y criticar -a veces hasta sin razón- no se divisan. Si existieran, crearían algún empleo y con tanta crisis algo dirían. Eso sí, se conocen las patronales, esos señores (allí no hay señoras) cuyo fundamento en la vida es ir contra los trabajadores, aunque en su empeño estén hundiendo los negocios.Así que, para llevar un poco de luz a las relaciones laborales y dar más valor al trabajo en el interior de la empresa; ese ente, donde se genera una mezcla de intereses, esfuerzo, aspectos sociales, salarios, rentabilidades; considero primordial  la pregunta: ¿Qué es la empresa? Para mí, significa lo siguiente:

“Una empresa solo es una empresa. Ni más ni menos. Un centro industrial, o de servicios, que produce economía, al margen de quien es el dueño de la misma. La empresa puede ser netamente capitalista, pública, de mentalidad liberal, profundamente conservadora, o ser también de economía social, cuyos accionistas e inversionistas son las personas que trabajan y viven de la misma. El problema no es la empresa, sino las normas que la rigen, que carecen de orientación colectiva, de transparencia, de libertad. La empresa es la fuente de riqueza de la que nos hemos dotado la humanidad, en todo tipo de sociedades, siendo su función primordial en el contexto económico y social.

Es conveniente que se imponga la idea general de que es necesario asesorar a la empresa, no a una parte u otra en conflicto parcializando la idea de conjunto. El empresario o el trabajador no pueden ir configurando la empresa a su imagen y semejanza. La empresa tiene que tener vida propia, cumpliendo su misión social y desarrollándose al máximo de sus posibilidades, lo cual únicamente se puede lograr si se trabaja de manera común para que su funcionamiento sea técnicamente correcto. Como es obvio, la participación y colaboración de los trabajadores debe estar justamente compensada. Todas las empresas para ser viables necesitan satisfacer una necesidad de mercado. Las empresas públicas y privadas son iguales, sólo existen firmas bien y mal gestionadas. Hay que clarificar el papel de la empresa en la economía y en la sociedad”.

Esta declaración la escribí en 1.995, hace diecisiete años, en mi libro-ponencia titulada: “La empresa del año 2.000, ¿Qué modelo de empresa?”, que fue aprobada por unanimidad en el Foro Europeo de Empleados y la Dirección de GM-OPEL Europa (Comité Europeo); así como, por el Sector de Automoción de UGT, reunido en Zaragoza en unas jornadas de debate específicas. Lo que me sirve para comentar que, afirmaciones y acuerdos así, deberían hacer reflexionar al Gobierno y a la CEOE. Preguntándose, si la inseguridad que en materia laboral quieren implantar, con sus conocidas formulas inestables y trayendo a España las miserias contractuales de otros países tipo miniempleos (minijobs, con una media en Alemania de 230 euros al mes);  es lo mejor que se puede hacer para las personas y las empresas, o se esta cometiendo un tremendo error, de consecuencias humanas y económicas incalculables.

Lo que entonces estaba en juego era, la implantación de un nuevo modelo de relaciones laborales, que empezó a idearse en España y se fue extendiendo en otros países europeos, entre ellos Alemania. Yo mismo participe allí como ponente, difundiendo las ideas innovadoras, en tres encuentros sindicales hispano-alemanes (de una semana de duración cada uno), organizados por UGT-CCOO-IG METALL. Por consiguiente, no se puede decir que el sindicalismo español está retrasado, obsoleto, tirado por las alcantarillas, como afirman doctos neoliberales desconocedores o interesados en descalificar a los sindicatos, porque esa es una falsedad mayúscula. El sindicalismo español no ha sido cola, sino cabeza de león en la modernización sindical de la Unión Europea, como a continuación daré fe. 

Explicando, que este cambio nació entre las cadenas de montaje de las empresas del automóvil españolas -siendo puntera en ello GM España donde yo he trabajado durante 25 años-, encabezado por sindicalistas con un número muy reducido de ejecutivos a los que hubo que convencer, siendo totalmente ajena a él la Universidad. Ésta, aun hoy, desconoce mayormente lo que ocurrió y el alcance económico social que generó. El Jefe de Personal de GM España y yo mismo, invitados por la Universidad, dimos una conferencia en Barcelona a un nutrido grupo de magistrados, catedráticos, abogados..., cuya duración prevista era de una hora y duró tres, por el interés demostrado y el debate que se generó. Lo que puede servir para avalar, que se tendrían que impartir masivamente estas ideas en las universidades, debido a sus mejoras sociales y económicas. Reconociendo de entrada, las ventajas de la participación o colaboración de los trabajadores en la empresa, tal como expuse en el articulo del pasado 16 de junio.

Dos modelos de sindicalismo

En España coexisten dos tipos de sindicalismo. Hay uno mayoritario que yo denomino defensivo y de retroceso. Este es el característico, el que ataja las envestidas contra los trabajadores, como la del vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández, que acaba de declarar que “las empresas no contratarán si no se abarata el despido”; cuando lo acaba de hacer el gobierno anterior. Y los sindicalistas sabemos, que la patronal lo que en realidad busca es eliminar de la legislación laboral, la “improcedencia” de los despidos, la improcedencia en los despidos sin motivo ni razón, en los caprichosos, que por ser tales, se penalizan con 45 días de indemnización. Hay un tipo de ejecutivos y de neoliberales en este país, que creen que todo lo malo que les llegue a los trabajadores es bueno para los negocios y no cesan en su empeño.

Han logrado grandes ventajas en la tramitación de los expedientes de regulación de empleo, con la eventualidad de los contratos; pero quieren más. Su meta inmediata es eliminar la improcedencia y los 45 días, para que se pueda despedir a discreción con 20 días a los trabajadores fijos más antiguos y con mayor salario, para ser sustituidos por otros precarios con la mitad de coste laboral. Esta forma de sindicalismo que los sindicatos se ven obligados a realizar, es por culpa de mentes empresariales tayloristas antiguas. Con este sistema de relaciones laborales semisalvaje, por mucho que sindicalmente se consiga siempre se pierde algo, lo que me da pie para definirlo también como de retroceso o de cesión.

Sin embargo, hay otro sindicalismo más reducido que, yo llamaría de innovación y progreso. Este modelo que esta totalmente consolidado en el sector de automoción y en otras empresas de todos los tamaños, requiere la atención general. Debiéndose saber, que si el tipo anterior se funda en la inestabilidad y la precariedad; en éste, su principal característica es la estabilidad laboral de los trabajadores en la  empresa. Siendo esta el trascendental cimiento, para que se desarrollen relaciones laborales de confianza entre las partes, sistemas de participación compensada, trabajo en equipo, aportaciones fundamentales para mejorar la competitividad y la calidad de los productos, flexibilidad en los procesos de trabajo (no de contratación o despido), la implantación de sistemas de jornada irregular que tan eficaces resultan en la crisis actual.

La CEOE y otros sabios de la flexibilidad contractual y de la desregulación laboral, tendrían que preguntarse el porqué de las multinacionales del automóvil para mantener  sus plantas en España, designándoles continuamente nuevos modelos de coches para fabricar; cuando como consecuencia de la caída de ventas, se están cerrando fábricas importantísimas de esas mismas marcas en otros países. ¿Ocurriría lo mismo, si en las plantas españolas en vez de haberse instaurado un Sistema Laboral de Participación, existiera todavía el Modelo de Confrontación con su inestabilidad y pérdida de derechos..., de la CEOE y de los neoliberales al uso? Por descontado que no. El automóvil con todas sus piezas, solo sería una agradable historia.

Mas, si este ultimo sindicalismo es el que prefieren y defienden los sindicatos, por que las patronales oficiales -no tanto las de empresa- se oponen a él. Yo no lo entiendo. Puede ser por no perder el protagonismo mediático y la propaganda que les generan los desacuerdos de esta forma de proceder; por justificar con sus postulados radicales, el cobro de las cuotas que las empresas les abonan; por motivos políticos sirviendo a la derecha; por ideología trasnochada, por desconocimiento, por creencias de superioridad patronal y de menosprecio obrero. ¿Y en la Universidad, cuanta paralización y desorientación existe? ¿Qué formación laboral imparten a los nuevos licenciados, si llegan a las empresas y no saben lo que allí ocurre?

Se esta llegando al extremo, de que el discurso laboral oficial va por un lado de la carretera y por el otro en dirección contraria, la realidad profesional de empleados y empleadores, que dista mucho de las arengas que se dan; tal como se puede comprobar, por las a veces juiciosas indemnizaciones reales de despido que en todo momento se han estado pactando. Si por la crisis se producen despidos, por regla general lo mismo el empresario que el trabajador, si pueden quedan bien entre ellos y después si se ven en la calle se dicen adiós. Así, esta relación humana que es cultural y primordial en los negocios, ninguna legislación sin sentido común la podrá cambiar.

No obstante, siendo todo tan claro y sencillo, ¿dónde están los empresarios reales, los de verdad, que nada dicen y todo el mundo habla por ellos? ¿Qué tienen que decir a estas novedades? Yo pienso que tendrían que ser más activos e incidir en el mundo del trabajo, separando el trigo de la paja de lo que se alega, en beneficio propio, del empleo que generan, tanto como por la economía en general.

Como se ha podido comprobar yo propongo un modelo laboral y de competitividad basado en la estabilidad; porque tanto socialmente como técnicamente, supone poner la primera piedra de unas relaciones laborales de mayor consenso, con suma eficacia productiva, en aras de un mayor bienestar común. Como asimismo decía en los primeros tiempos: Hagamos un nuevo tipo de empresas donde se una el trabajo manual al del pensamiento. El principal valor de las empresas son las personas, pero la CEOE  parece no saberlo. 

Fernando Bolea, Sindicalista

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