Un mundo distópico

Enviado por cmarquesanm el Sáb, 03/10/2020 - 11:21
Dalí

El siglo XXI nació como un tiempo marcado por un eclipse general de las utopías (una sociedad perfecta y justa, sin conflictos y en armonía). Esta es la gran diferencia con los dos siglos anteriores. A inicios del siglo XIX, la Revolución francesa marcó el horizonte de una nueva época. En el siglo XX, la Revolución rusa despertó una esperanza de emancipación, que se rompió tras el fracaso del comunismo soviético. En el siglo XXI no se vislumbra otra. El último esfuerzo por describir una utopía fue el neoliberalismo y el fin de la historia, que traería una sociedad libre y de mercado, el estado supremo de la condición humana, y que ha entrado en descomposición: refugiados, desaparecidos, exclusión, desigualdad, pobreza, guerras, terrorismo, crisis medioambiental, pandemias, neofascismos …Todo ello se asemeja más a una distopía. Según la RAE: representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

Quien mejor ha reflejado las distopías es el cine futurista. Supo predecir y sintetizar los grandes temores y la visión pesimista sobre el futuro de la humanidad y ha logrado crear unas visiones dramáticas sobre el posible destino de la civilización. Visiones que se han cumplido.

La primera obra maestra del cine futurista es Metrópolis (Fritz Lang, 1927, Alemania), que denuncia el futuro de la explotación de los obreros y la creciente diferencia entre los pocos que poseen todo y los muchos que nada tienen y son esclavos de un mecanicismo deshumanizador. Aquí aparece, por primera vez, la idea del robot como modelo de futuro, que amenaza el destino del hombre.

Del 2011 es Contagio, de Steven Soderbergh, una película que está de plena actualidad por el coronavirus. Y es que, en el film, un simple resfriado que surge a través del contacto con una persona que había regresado recientemente de Hong Kong provoca una terrible epidemia, que causa el caos en el mundo entero mientras que las autoridades sanitarias luchan para frenar el virus. En la escena final, el origen del virus es revelado a los espectadores. Un bulldozer que trabaja para una compañía derriba unas palmeras, asustando a algunos murciélagos. Uno de ellos llega a un banano donde agarra un trozo de banana y al sobrevolar una porqueriza se le cae un trozo, que es comido por un lechón. Unos transportistas chinos llevan los lechones a un casino de Hong Kong. Un cocinero es llamado mientras prepara el lechón y tras limpiarse las manos en su delantal da un apretón de manos a una clienta, contagiándola del virus que la convierte en el paciente cero de la pandemia.

Del director finlandés Timo Vuorensola es la película Cielo de Hierro (Iron Sky) del 2012. Cuenta la historia de unos nazis que, tras la derrota de 1945, huyeron a la Luna y allí crearon una flota espacial con la que consideraban ser capaces de regresar a la Tierra y conquistarla en el 2018. Al principio, justo antes de la solución final, llegan a la Tierra dos nazis para ver si ya está todo preparado. Pero nadie les cree. Hasta el día en que su enorme potencial es descubiertopor el director de campaña, que trata de allanar el camino hacia la victoria electoral a un candidato a la presidencia de los EEUU, que es una parodia de Sarah Palin. Esta se da cuenta de que tanto la fraseología como el discurso de los nazis es lo que mejor se puede vender en plena crisis a los votantes potenciales. Al final, cuando es ya demasiado tarde, la candidata comprende que los nazis son nazis de verdad, y que en realidad lo que quieren es invadir la Tierra.

Este film no retrotrae a la situación que vivimos hoy en día. A finales de los años veinte, las cámaras de gas y las atrocidades que acabarían cometiendo los nazis es seguro que nos hubieran parecido la historia de una película de ciencia ficción, como nos parece hoy la invasión de la Luna por los nazis. En Historia cosas que en determinados momentos nos parecen imprevisibles, luego se convierten en realidades. Sirva de ejemplo el siguiente texto: «Nos han arrebatado toda nuestra soberanía. Valemos solo para que el capital internacional se permita llenarse los bolsillos con el pago de los intereses. Tres millones se han quedado sin trabajo ni apoyo de ninguna clase. Los funcionarios solo trabajan para ocultar esta miseria. Hablan de tomar medidas y las cosas van cada vez peor para nosotros. La ilusión de libertad, paz y prosperidad que se nos prometió se está desvaneciendo. Estas políticas irresponsables supondrán el total hundimiento de nuestro pueblo». Este discurso podría ser emitido por alguna fuerza política en nuestro Parlamento. Mas, ¿de quién pueden ser estas palabras? Nos llevaremos una sorpresa al conocer su autor. Es Joseph Goebbels, y forman parte de su discurso Wir fordern (Exigimos), publicado en el nº 4 de la revista Der Angriff, el 25 de julio de 1927. Al principio no era más que una revista marginal publicada bajo el lema de «Por los oprimidos y en contra de los explotadores», hasta que en 1933 se convirtió en el Diario del Frente Laboral Germánico. En 1927 imprimían en torno a 2.000 ejemplares. En 1933 eran 150.000. Y en 1944 sobre 306.000. Este hecho debería servirnos de advertencia. El pasado 15 de septiembre un partido presentó en el Congreso una proposición de ley para ilegalizar a partidos, a los que votaron en las últimas elecciones 2,5 millones de españoles.