Más historia contra la manipulación

Enviado por cmarquesanm el Jue, 05/11/2020 - 17:38
Largo Caballero

Ha supuesto para muchos españoles, ignoro cuántos, un fuerte impacto el que el Ayuntamiento de Madrid haya decidido quitar los nombres de las calles de los líderes socialistas, Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto. Las imágenes muy duras de un obrero arrancando a martillazos la placa colocada en honor del que fuera presidente del Gobierno en la II República, Largo Caballero, ubicada en el distrito madrileño de Chamberí, precisamente el día de su aniversario. ¡Qué paradoja! Un obrero arrancando la placa de un líder obrero.

VOX impone su programa contra la Memoria Democrática al gobierno de coalición PP-Ciudadano en el Ayuntamiento de Madrid, y también al de Hueca y Zaragoza. Nadie regala nada en política. Vox sabe muy bien lo que hace. Es consciente de que no solo no va a ser castigado electoralmente por tales políticas, sino por el contrario va a ser recompensado. Lo cual es de una enorme gravedad en una democracia. De pronto los demócratas nos sentimos confusos y algunos nos preguntamos qué broma es esta. Pero no es una broma. Por el contrario, obliga a pensar que la democracia debe de reaccionar construyendo una posición sólida, por fin, en torno a nuestra historia reciente.

Fernando Hernández Sánchez profesor de Didáctica de la Universidad Autónoma de Madrid en un artículo Memoria e Historia del Presente: La asignatura en que España no progresa adecuadamente expone unos datos sobre el desconocimiento de nuestra historia reciente. Según el CIS de febrero de 2010, para el 40% de los españoles la culpa del estallido de la guerra civil se reparte en los dos bandos por igual. Para el 36% ambos causaron las mismas víctimas. Para el 58% el franquismo tuvo “cosas buenas y cosas malas”. Y para un 35% “con Franco había más orden y más paz”. El 69% confirmaron que recibieron poco o ninguna información sobre la guerra civil en el instituto o colegio. La conclusión es clara. El franquismo sigue vivo. ¿Por qué?

La situación de España en relación con el fascismo es anómala. El contraste con el resto de Europa es desolador. En Europa como el fascismo fue vencido, se hizo un juicio legal a los criminales y se desarrolló una memoria histórica. En España, sin embargo, la República fue derrotada dos veces: por el fascismo y por los aliados en 1945, como decía Indalecio Prieto. Y, por ello, en España el fascismo, el al no ser vencido, no fue posible un juicio legal a los criminales, y así el franquismo sigue vigente en amplios sectores de la sociedad española, que se siente representada por VOX.

Por otro lado, ese desconocimiento del franquismo no lo ha corregido nuestro sistema educativo. En los colegios e institutos, períodos claves de nuestra Historia del siglo XX como la II República, la Guerra Civil y la dictadura franquista reciben un tratamiento escaso. El profesor Enrique Javier Díez Gutiérrez en el artículo Educando la memoria de las jóvenes generaciones: el olvido escolar de la II República y de la barbarie franquista, de 2011, nos dice que en el documental Los campos del silencio sobre los presos republicanos, la última parte se grababa en el I.E.S de Fabero del Bierzo (León), por lo que preguntó a los alumnos sobre el campo de concentración que había estado ubicado en su pueblo, con un batallón de unos 250 presos republicanos, de 1939 a 1947, trabajando como esclavos para una empresa privada (Minas Moro). La existencia de tal campo la desconocían, y eso que algunos de sus abuelos habían estado ahí presos. Muchos profesorado pasa de puntillas sobre estos temas. Es más cómodo explicar a Fernando VII o Isabel II.

Sobre la II República, la Guerra Civil y la Dictadura franquista se han construido diferentes discursos. Durante la dictadura uno doble: uno catastrofista, del que era culpable la República; y otro heroico en beneficio de los sublevados, que no tuvieron otra opción que levantarse. Tras la muerte de Franco y la llegada de la democracia, aún manteniéndose tal discurso de la dictadura, se fue abriendo paso otro, no sin esfuerzo, de una equivalencia: ambos lados fueron culpables del desencadenamiento de la guerra civil. Como consecuencia del movimiento de la Memoria Histórica a partir de la última década del XX comenzó revalorizarse la II república, plenamente democrática. Pero el revisionismo histórico de reparto de responsabilidades no desapareció, sino que se mantuvo gracias al apoyo mediático y académico. La novedad del discurso de VOX es la reimplantación del discurso de la dictadura.

VOX mantiene una comunicación frenética, porque pretende crear una marca propia, un perfil, una identidad. Comparte con los principales partidos de la extrema derecha europea otro rasgo: la voluntad de generar asombro con su comunicación política. O sea, la provocación como estrategia para existir, como táctica política. Esta táctica con tres objetivos: gozar de una presencia constante en los medios, marcar la agenda política, y condicionar el debate político y dar la batalla cultural a la izquierda. Con ello indigna a los sectores progresistas y descoloca a la derecha. Son ejemplos, las controversias suscitadas por VOX sobre la ilegalización de los partidos independentistas. Las palabras de Ortega Smith sobre las Trece Rosas. En definitiva, se habla de lo que Vox quiere. Que escriba este artículo es una prueba de su habilidad. Nos ha tendido una trampa y hemos sucumbido. La trampa del neofalangismo franquista derivada de lo que es una venganza memorial, motivada por la sentencia sobre el pazo de Meirás, la exhumación de Franco y el anuncio de una nueva Ley de Memoria Democrática.

Una manera de hacerle frente a VOX es recurrir a la Historia. Como dice Ángel Viñas “hay que recoger el guante con el que Vox reta a la Historia y darle con él”. Hay suficiente investigación histórica científica de los Casanova, Espinosa, Preston o Ledesma para desenmascarar sus falacias. Y luego llevarla a la escuela y a los medios.

La Gran trampa de la equivalencia no es un invento de Vox, ni tampoco surge ahora. Ese relato equipara a la revolución de octubre de 1934 con el golpe de julio de 1936. Se justifica la necesidad del golpe como reacción a una posible revolución, como la de octubre de 1934, tras el triunfo del Frente Popular. Es una falacia. Como respuesta a la entrada de la CEDA en el gobierno se convocó una huelga general que se planificó por unos para asaltar al poder (Alianzas Obreras asturianas), por otros para crear el Estat Catalá, en una República Federal Española, contra el centralismo perturbador del Estatuto de autonomía, y por otros como milicia defensiva después de lo acontecido en Viena, donde el fascismo destruyó –por fases- la democracia austríaca y a su modélico partido socialista. Sin olvidar la llegada de Hitler al poder en marzo de 1933. Muchas de las acciones de la experiencia revolucionaria de octubre de 1934; fueron tipificadas como delitos, fueron investigadas, juzgadas y sancionadas de acuerdo con las leyes democráticas republicanas, propias de un Estado de derecho sometido a la ley por un gobierno legítimo durante 1934 y 1935. Lo único que no fue democrático fue la aplicación sistemática de la tortura…factor incluyente luego en la génesis y triunfo del Frente Popular.  Y, después, en el mismo sentido, aquellas actuaciones delictivas fueron amnistiadas por el Parlamento salido de las urnas. Todo dentro de la más estricta legalidad democrática.  No hay equivalencia posible. Los que juraron proteger a España se levantaron en armas contra España, contra la gente y el Estado que habían jurado proteger. Esa es la única verdad. Hubo un golpe de Estado, unos caudillos militares arrasando su propio país. Y su cabecilla, Franco de patriota nada. Fue un asesino, un ladrón. Ángel Viñas lo ha demostrado fehaciente en sus libros:Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco”. “El primer asesinato de Franco. La muerte del general Balmes y el inicio de la sublevación”. “La otra cara del caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco”. “El oro de Moscú. Alfa y omega de un mito franquista”. Y como colofón del mismo Viñas¿Quién quiso la guerra civil?” En él demuestra cómo desde el mismo 14 de abril de 1931 los monárquicos, encabezados por Goicoechea, jefe nominal de Renovación Española, estuvieron en contacto con el fascismo de Mussolini para derribar el régimen republicano.

Cándido Marquesán

Publicado en "www.compromisoycultura.com" - Noviembre 2020