¿Quo vadis, Turquía?

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Villanueva Herrero, José Ramón

Muchas cosas han cambiado desde que Mustafá Kemal proclamara en 1923 la República de Turquía, instaurándose así un nuevo sistema político que ponía fin al caduco Imperio Otomano. Fue entonces cuando, mediante una serie de profundas reformas, se pretendió crear un nuevo estilo de ciudadano turco, republicano, nacionalista y secular similar al existente en otros países europeos. Estas reformas supusieron la adopción del alfabeto latino y el calendario gregoriano, los códigos legislativos europeos, se promovió la forma de vestir occidental y también, algo muy importante para un país de mayoría musulmana: la desaparición de la religión del ámbito educativo y de la judicatura. De este modo, la religión se puso bajo el control del Estado y en 1928 se suprimieron los artículos de la Constitución de 1924 que conferían al islam el título de religión oficial de Turquía. De igual modo, se emancipó el papel social de la mujer, caso inédito en el ámbito musulmán de la época, permitiendo su plena inserción en el sistema educativo y laboral, concediéndole además el derecho al voto en las elecciones municipales en 1930 y para las generales en 1931, antes que muchos países de Europa, incluido el caso de España, donde el derecho al sufragio femenino se lograría en 1933. Desde aquellas reformas el país fue abriéndose hacia la democracia, pese a que en su historia reciente sufrió varios golpes de Estado, en concreto, en los años 1960, 1971 y 1982. Tras este último, la Junta Militar, mediante la Constitución de 1982, institucionalizó “la tutela militar del régimen político” para que éste no se desviase de las ideas que impulsaron las reformas laicas del kemalismo y las pusiera a salvo de una hipotética involución de signo islamizante. Turquía, que no participó en la II Guerra Mundial, al término de ésta, temerosa de las amenazas expansionistas de la URSS, se alineó decididamente en la órbita occidental durante la Guerra Fría, razón por la que ingresó en la OTAN en 1952, al igual que lo había hecho previamente en la Organización Europea de Cooperación y Desarrollo (OECD) en 1948, además de solicitar un acuerdo de adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) por primera vez en el año 1959, la cual reiteraría más tarde en 1987 y en 2004. Pero todo este proceso de occidentalización de Turquía, país de un valor geoestratégico vital, considerado la “puerta” entre Oriente y Occidente, parece que ha llegado a su fin tras la llegada al poder en 2002 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), desde entonces liderado por Recep Tayyip Erdogan, así como por la creciente islamización de la sociedad turca, un proceso que se ha ido agudizando gradualmente en los últimos años. En este sentido, durante su primera legislatura de gobierno del AKP (2002-2007), Erdogan se ganó un merecido prestigio internacional como uno de los principales impulsores, junto con el expresidente español Rodríguez Zapatero, de la Alianza de Civilizaciones, aquel bienintencionado proyecto mediante el cual, como señalaba Carmen Rodríguez López, se pretendía “mejorar la comprensión y las relaciones de colaboración entre naciones y pueblos de diferentes culturas y religiones, en particular, entre las llamadas sociedades islámicas y occidentales, y, en el proceso, ayudar a contrarrestar las fuerzas que promueven la polarización y el extremismo”. Pero poco después, lejos de estos ambiciosos objetivos, el gobierno del AKP fue perdiendo impulso en sus reformas democratizadoras y ya, en su tercera legislatura (2011-2015), con Erdogan como presidente de la República desde 2014, se atisbó un viraje hacia actitudes autoritarias. Desde entonces se ha ido restringiendo la libertad de expresión y manifestación, han aumentado los poderes del Ejecutivo para el control de las redes sociales, los medios de comunicación o sobre el Poder Judicial, limitando así la independencia de éste. También resulta preocupante en estos últimos años la agresiva política exterior turca con la intensificación de su presencia militar en Oriente Medio, como lo prueba su intervención armada en Siria, el establecimiento de una base militar en Qatar, sin olvidar tampoco su permanente represión sobre el pueblo kurdo. Esta involución democrática y esta agresividad militar, las ha ido intensificando el gobierno turco, cada vez más autoritario, sobre todo tras el fracaso del cruento golpe militar del pasado 15 de julio de 2016. Este suceso, considerado por Erdogan como “un regalo del cielo” para tener el pretexto ideal mediante el cual purgar a sus oponentes políticos, especialmente a los seguidores de Fethullah Gülen, los cuales han sido desde entonces depurados a millares del Ejército, la Administración y de los medios de comunicación. Esta situación ha hecho que el AKP haya roto el tradicional alineamiento pro-occidental de Turquía y, en contraposición, Ankara fuese mejorando sus relaciones con Rusia y con Irán, con la cuestión del conflicto de Siria como telón de fondo. Por su parte, el autoritarismo y los retrocesos democráticos del Gobierno turco, han deteriorado, lógicamente, sus relaciones con la Unión Europea, razón por la cual el Parlamento Europeo suspendió en noviembre de 2016 las negociaciones de adhesión entonces en curso. Así las cosas, tras la victoria del AKP en las elecciones presidenciales y parlamentarias del AKP del pasado 24 de junio, que han aupado de nuevo a Erdogan a la presidencia de Turquía con amplios poderes ejecutivos frente al socialdemócrata Muharren Ince, el candidato del Partido Republicano del Pueblo (CHP), símbolo de la oposición laica, se confirma que el rumbo político del país parece querer dar la espalda a Europa y a la democracia y caminar hacia una creciente (y peligrosa) islamización. Por ello nos preguntamos, ¿Quo vadis, ¿Turquía?, ¿A dónde vas, Turquía?, y es entonces cuando recordamos la afirmación de Kemal Attaturk según la cual “los turcos nos hemos movido siempre y de una manera constante hacia Occidente […] para convertirnos en una nación civilizada, no hay otro camino”, palabras que no debería olvidar Turquía si quiere volver a transitar por la senda de la democracia y del progreso social. José Ramón Villanueva Herrero (publicado en: El Periódico de Aragón, 2 julio 2018)

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ACHON GALLIFA ISIDORO ZARAGOZA
ALADREN MONTERDE BERNARDO ZARAGOZA
ALBAR CATALAN MANUEL ZARAGOZA / QUINTO DE EBRO
ARNEDO CALVO JUAN TARAZONA
AZORIN IZQUIERDO FRANCISCO MONFORTE DE MOYUELA

Páginas

  • Soy plenamente consciente de que estas líneas provocarán malestar en alguno. Pues qué le vamos hacer.

    Cada vez veo más lejana una solución razonable, basada en el diálogo, al problema gravísimo de vertebración de Cataluña en el Estado español. El tiempo que sirve para atemperar las diferencias, en este caso no se cumple. Muy al contrario, cuanto más tiempo trascurre más se agrava.

  • En 1926 John Keynes en el ensayo El final del laissez-faire exponía una parábola, aplicable a la situación política, social y económica de hoy. Resumía la naturaleza y las implicaciones del dogma del liberalismo económico incuestionables antes  y ahora: la irrealidad de sus presupuestos, lo destructivo de sus consecuencias, su insostenibilidad social y económica de un método basado en encumbrar a los buscadores de beneficios que tienen más éxito en una lucha sin tregua por la supervivencia, que selecciona al más eficiente eliminando al menos eficiente, y que considera los resultados así alcanzados-al margen de los costes - un bien permanente para toda la sociedad. Nos decía: “Si la finalidad de la vida es coger las hojas de los árboles a la mayor altura posible, la mejor manera de alcanzar esta finalidad es dejar que las jirafas del cuello más alto hagan morirse de hambre a las del cuello más corto”.

  • Viktor Orban

    Uno de los libros más novedosos y relevantes de política internacional, publicado en 2019, es 'La luz que se apaga. Cómo Occidente ganó la Guerra Fría pero perdió la paz', de Ivan Krastev y Stephen Holmes. Ofrece un planteamiento muy original, basado en la  trascendencia en las relaciones internacionales de la política de imitación, a partir de la cual ha irrumpido una auténtica y peligrosa marea de anarquía iliberal y antidemocrática. Ejemplos los tenemos por todas las latitudes: Orbán, Putin, Modi, Bolsonaro, Duterte, Trump, etc. Sorprende esta nueva situación de descrédito de la democracia, cuando tras la caída del Muro de Berlín su triunfo parecía incuestionable e irreversible. Basándome en el libro citado, expondré las ideas fundamentales.

  • La historia no procede linealmente. Como dijo Lenin: «Hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas». Estas palabras son muy adecuadas para el momento actual.

    El covid-19 se ha transformado en el primer sujeto revolucionario no humano de la historia global. Cuando una revolución era ya una utopía, un virus a todos los efectos provocó una auténtica revolución, paralizando toda la economía mundial, trasformando las democracias en estados de excepción, sembrando el miedo a nuestra propia extinción, vaciando las calles de las ciudades y limpiando el cielo de contaminación, lo que supuso el retorno de otras especies a su antiguo hábitat.

  • Mario Vargas Llosa, gran escritor, se le podría aplicar el título del libro reciente de Ignacio Sánchez Ocaña La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política. Por si alguno piensa que el titulo es excesivo le recomiendo que lea de este Premio Nobel el artículo de septiembre de 2012 Aguirre, esa Juana de Arco liberal, tras su renuncia a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Abróchense los cinturones que despegamos.

  • En el panorama político español se usa y se abusa del término “populismo”, la palabra clave con la cual se fulmina a los adversarios,dando por hecho que todos conocemos perfectamente su significado.  Se ha convertido en una muletilla para muchos dirigentes políticos, conspicuos tertulianos y gran parte de la ciudadanía.Está de moda. Mas no solo en España, ya que surgen titulares en periódicos “El populismo mundial libra su batalla en Estados Unidos”, “EEUU cae en manos del populismo agresivo de Trump”. Susana Díaz dijo que Trump y Podemos beben de la misma fuente.

  •      En la realidad política actual son muchos los ciudadanos que creen que se ha superado la histórica distinción entre izquierdas y derechas y, por ello, en determinados sectores de opinión se alude a la contraposición entre “buenos y malos populismos”. De este modo, algunos politólogos distinguen entre los populismos democratizadores y democráticos, como los existentes en España o Portugal, y otro tipo de populismos, por desgracia emergentes, de signo reaccionario, aquellos que confunden al adversario político con el enemigo del pueblo y, por ello, los excluyen de la comunidad política, un tipo de populismo que arraiga con fuerza en las tierras regadas por la intolerancia.

  • José Cadalso publicó con el título los Eru­di­tos a la vio­leta (1772), un “Curso com­pleto de todas las cien­cias, divi­dido en siete lec­cio­nes, para los siete días de la semana, publi­cado en obse­quio de los que pre­ten­den saber mucho estu­diando poco”, cuyo título hace alu­sión al per­fume de la vio­leta, el favo­rito de los jóve­nes que en el siglo XVIII que­rían ir a la moda. El autor de las Car­tas marrue­cas arre­mete sin pie­dad –y con razón– con­tra la legión de inep­tos intro­du­ci­dos en todas las épo­cas en la Repú­blica de las letras y que “fun­dan su pre­ten­sión en cierto apa­rato arti­fi­cioso de lite­ra­tura”. Son todos ellos vocin­gle­ros de exte­rior cuyo afán no es otro que el de epa­tar con ese “deseo de ser tenido por sabio uni­ver­sal”, en pala­bras de Cadalso. Este libro tiene plena vigencia en la España de hoy, como trataré de mostrar en las líneas que siguen.