AMENAZAS CONTRA LA UNIÓN EUROPEA

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Villanueva Herrero, José Ramón

     Estamos asistiendo tristemente a un debilitamiento de los valores del europeísmo en unos momentos en que resultan más necesarios que nunca ante los diversos embates que por diversos frentes está recibiendo y que podrían frustrar el futuro de la Unión Europea (UE).

     Las instituciones comunitarias están sufriendo en estos últimos años los efectos del hostigamiento de los movimientos euroescépticos y del auge la ultraderecha. Si ya de por sí era grave la brecha abierta en la línea de flotación de la UE como consecuencia del Brexit, del cual dijo Madeleine Albright que era “toda una demostración de masoquismo económico que los británicos lamentarán durante mucho tiempo”, no menos preocupante es la irrupción en el Parlamento Europeo de los partidos ultraderechistas y xenófobos. Como señalaba Robert Patxon, en su libro Anatomía del fascismo (2005), en todos estos grupos políticos, “se percibe el eco de temas fascistas clásicos” tales como el miedo a la decadencia y a la descomposición, la afirmación de la identidad nacional y cultural propia, la supuesta “amenaza” que suponen los extranjeros no asimilables para esa anhelada identidad nacional y para el “buen orden social”, sin olvidar tampoco lo que ellos consideran como “la necesidad de una mayor autoridad para resolver los problemas”, razón por la cual, en algunos de estos partidos se percibe lo que la citada Madeleine Albright, en su reciente obra Fascismo. Una advertencia (2018), no dudaba en calificar como “el penetrante hedor del fascismo”.

    En este empeño de intentar dinamitar la UE desde dentro, resulta cada vez más preocupante la maquiavélica y desestabilizadora labor de Steve Bannon y su organización “El Movimiento”, así como ñas intenciones de la Alianza de Pueblos y Naciones, germen de una internacional de partidos nacional-populistas y fascistas. No menos grave resulta la involución reaccionaria en países como Italia, Holanda, Austria, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria, Polonia, Estonia e incluso en los otrora venerados paraísos progresistas escandinavos como es el caso de Finlandia, Suecia o Dinamarca, donde han arraigado, también, con la fuerza de una hiedra trepadora, movimientos xenófobos y antieuropeos de signo fascista.

     En este contexto, el problema de la migración se ha convertido en uno de los principales arietes del antieuropeísmo de todos estos grupos, especialmente tras la crisis migratoria de 2015 que socavó la necesaria solidaridad intraeuropea dando como consecuencia el cierre unilateral de fronteras por los gobiernos de Hungría, Austria o Bulgaria, así como el alarmante auge electoral de Alianza por Alemania (AfD) que, tras las elecciones germanas de 2017 se convirtió en la tercera fuerza política del Reichtag. Tal es así que resulta lamentable constatar que, los inmigrantes se han convertido en el chivo expiatorio del malestar de una población que ha sufrido los negativos efectos de la globalización y que siente una creciente desafección hacia las instituciones de la UE, temas éstos demagógicamente instrumentalizados por la extrema derecha. Este hecho genera un temor, sin duda infundado, en un determinado sector de la población (y del electorado) proclive por ello a apoyar a los partidos que hacen de la xenofobia uno de sus signos de identidad, esa xenofobia que cierra fronteras, levanta alambradas o pretende construir muros, los mismos que, siguiendo la estela de Trump, reclama Vox para “proteger” Ceuta y Melilla. Este rechazo, alentado por mentiras aireadas intencionadamente por los grupos xenófobos, resulta especialmente injusto dado que, como señalaba Carmen González Enríquez, “los inmigrantes están indefensos ante este ataque”. No obstante, como bien señalaba Albright, si la migración no controlada provoca rechazo social, no es porque muchos de los refugiados sean delincuentes o terroristas, que obviamente no lo son, sino porque “la convivencia con extranjeros exige de nosotros dos cosas muy preciadas: buena voluntad y tiempo” y “ambas son necesarias para fortalecer la confianza y ninguna de ellas está tan extendida como quisiéramos”. Interesante y muy oportuna reflexión.

    Otro de los hilos argumentales de los grupos antieuropeos es su rechazo a lo que ellos consideran excesivo poder de Bruselas y de la burocracia comunitaria cuyas normativas prevalecen sobre las respectivas legislaciones internas de cada país miembro. Tal es así que hay casos como el de la Hungría de Víktor Orbán en que pese a los cuantiosos fondos que percibe de la UE, no tiene ningún reparo en llenar las ciudades magiares de ofensivos carteles bajo el lema de “Paremos a Bruselas” y, de este modo, provocando a la UE, pretende “liberar” a su país de las “imposiciones” de los “burócratas de Bruselas”, lo cual hoy por hoy, le está ofreciendo un considerable rédito electoral.

    En unos momentos decisivos para la historia inmediata de Europa, los resultados que arrojen las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 26 de mayo, servirán para valorar el estado de salud de los valores que dan razón de ser a la UE cual son el respeto a la dignidad humana,  la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos, así como para evidenciar el grado e intensidad de las amenazas que se ciernen sobre el ideal de esa Europa progresista y solidaria en la que creemos, la misma con la que soñaron Jean Monnet, Robert Schuman o Konrad Adenauer, los impulsores del europeísmo moderno.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 22 mayo 2019)

 

 

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  • Sánchez tiene que gobernar en unos momentos extraordinariamente complicados. Con una pandemia, que ha paralizado la economía y que traerá consigo una depresión con un descenso sostenido de la producción y el consumo, con altas tasas de desempleo y quiebras empresariales. Todavía no podemos calibrar su magnitud. Con un gobierno en minoría. Además de gobernar en coalición. Esto último inédito en España a nivel estatal. Se dirá que es un solo gobierno. Cierto. Pero compuesto por dos partidos con sensibilidades distintas, lo cual hace inevitable que se generen fricciones entrambos, que ya la mayoría de los medios al servicio de los grandes poderes económicos se encargan de airearlas y agigantarlas, cual si fuera un servicio patriótico, con el exclusivo objetivo de su ruptura.

  • La pandemia del covid-19 ha roto muchas costuras de nuestra sociedad. Ha servido para que afloren determinadas realidades, que estaban ocultas para la gran mayoría de la sociedad, aunque para una minoría eran visibles, y si esta las denunciaba era marginada. Hablare brevemente de algunas de ellas y me extenderé al final en otra con mayor amplitud.

    La pandemia ha desmontado el mantra de «tenemos la mejor sanidad del mundo». Ha puesto patas arriba nuestra sanidad, colocándola al borde del colapso, no por falta de profesionalidad del personal sanitario, sino por carencia de medios. Los recortes al final pasan factura.

  •      Si la pandemia del coronavirus está teniendo devastadores efectos en el ámbito de la salud pública, de la sociedad y la economía, las noticias que conocidas en estas últimas fechas sobre las actuaciones de Juan Carlos I, todas ellas en demérito del rey emérito, han tenido también efectos igual de devastadores y han socavado los cimientos de la monarquía surgida de la Con

  • Llama poderosamente la atención que en nuestra Carta Magna hubo tres instituciones a las que se les concedieron grandes privilegios y que quedaron blindadas: Monarquía, Iglesia y Ejército.

    Una fue la Monarquía –especialmente blindada frente a eventuales reformas por el artículo 168, que para su revisión o eliminación se requiere aprobación por 2/3 de ambas Cámaras y disolución de las Cortes; las nuevas Cámaras deberán ratificar y estudiar la revisión por 2/3, y posteriormente referéndum.

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         No hay duda de que las redes sociales han cambiado nuestras vidas y ya no nos podemos imaginar una existencia sin ellas, desde en los aspectos más cotidianos, hasta la forma de ver y participar en nuestro entorno social y político.

  • Estas líneas están motivadas por el breve relato, pero de profundo calado y pleno de dramatismo, "La bandera quemada" del socialista Arsenio Jimeno de su libro "Zaragoza en la tormenta. Memoria de un superviviente".Para entender tal relato haré una reseña biográfica del autor, un comentario del libro y una contextualización histórica del triunfo del golpe militar de julio de 1936 y sus dramáticas consecuencias en Zaragoza.

    Arsenio Jimeno nace en Fuentes de Jiloca (Zaragoza), 7 de octubre de 1909 - Zaragoza, 1991). De familia de artesanos y campesinos, realizó en Zaragoza y Tarrasa estudios de técnico industrial. A los dieciocho años, en plena Dictadura de Primo de Rivera, ingresa en el P.S.O.E. y U.G.T. y es elegido años más tarde vocal del Comité Nacional del P.S.O.E. En estos primeros años de la República es presidente de la Federación provincial zaragozana de las Juventudes Socialistas. Candidato a diputado por la circunscripción de Huesca en noviembre de este año.

  • Einstein predijo que las perturbaciones gravitacionales importantes, cómo la oscilación o el colapso de estrellas de gran masa provocarían ondas, alteraciones del continuo espacio-tiempo, que se expandirían a la velocidad de la luz.

    Por otra parte, los relativistas afirman del continuo que, según ellos, está curvado en las proximidades de objetos masivos, actitud esta del continuo que comparto, pues para eso de las apreturas soy muy mío y si los objetos masivos son de invadir el espacio del prójimo no queda otra que la contorsión para evitar los roces.

  • No citaré los últimos acontecimientos del Rey emérito. La sociedad española es suficiente madura para valorarlos. No obstante, a los representantes públicos en una democracia se les debe exigir un plus de ejemplaridad, como expresa en su libro Ejemplaridad pública , el filósofo Javier Gomá . Toda vida humana es ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla. El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. La política es el arte de ejemplificar. Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social.