Cristo con martillo vertical y hoz horizontal

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Marquesán Millán, Cándido

En el último y reciente viaje del papa Francisco por algunos países sudamericanos, a su llegada a La Paz entre los diferentes obsequios que recibió por parte de Evo Morales, uno llamó poderosamente la atención, una reproducción de una escultura en madera de un Cristo incrustado en un martillo vertical y una hoz horizontal, el símbolo comunista de la unidad entre los obreros y campesinos, realizada por el jesuita Luis Espinal de origen español, del pueblo catalán de St. Fruitós de Bages, cerca de Manresa, nacido en 1932, hijo de una familia sencilla, trabajadora, tradicional y cristiana. Luego se nacionalizó boliviano, Luis Espinal, más conocido luego como Lucho. Tengo que reconocer que el hecho mencionado en principio me pasó desapercibido, y he tenido que conocerlo tras la lectura de un artículo, realizado por otro jesuita español Xavier Albó, publicado en una extraordinaria revista La Migraña, la número 15, patrocinada por la vicepresidencia de la República de Bolivia, cargo desempeñado por uno de los ideólogos más destacados de la izquierda sudamericana, Álvaro García Linera.

Ni que decir tiene que el regalo de Evo ha sido criticado duramente desde la oposición boliviana y de determinados sectores reaccionarios del catolicismo. Algunos analistas se han preguntado si el papa hubiese aceptado una imagen que en vez de un Cristo crucificado en el mango de un martillo comunista tuviera la imagen de un Cristo crucificado sobre la esvástica nazi. No creo merezca la pena replicar a estas críticas. Cada uno es libre de pensar y decir lo que le parezca oportuno.

Para entender el significado del regalo del Evo parece pertinente hacer unas breves referencias a Lucho. Llegó a Bolivia en 1968 pocos meses después del asesinato del Che Guevara, un país que con un gran riqueza humana y material (petróleo, gas, minería, cultivos de todos los climas, ganadería, riqueza hidrográfica...) no conseguía progresar, por lo que se situaba entre los más pobres de toda América Latina. ¿Por qué? Esta pregunta atormentó durante mucho tiempo a Lucho. ¿Por qué en un país con tanta riqueza, sólo una minoría vive bien, mientras las grandes masas sobreviven o mueren antes de tiempo? En una dictadura hacer preguntas es peligroso. Al respecto me viene a la memoria la frase de Helder Cámara “Si doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy comunista”.

Su llegada en el 1968, es en el momento de mayor efervescencia latinoamericana, donde el pueblo resiste a las dictaduras militares que se han ido imponiendo en todo el Cono Sur y en otros países de América Latina. Es el momento del auge de la teología de la liberación, son los años de las dos importantes reuniones del Episcopado latinoamericano en Medellín (1968) y Puebla (1979), tiempo de las luchas de Centroamérica, de golpes y contragolpes de estado en Bolivia.

Uno de los escritos de Lucho, impresionante por la humanidad profunda y su empatía hacia los más desprotegidos, es Oraciones a quemarropa, escritas antes de su llegada a Bolivia. Una de ellas titulada Comunismo, significa su clara vinculación con la teología de la liberación, dice:

“Señor, nos da miedo este mundo que avanza hacia el comunismo. La mancha roja se extiende con el apoyo de muchos. Hoy, aquí, la religión de la materia es más fuerte que tu Religión, es más viva, más proselitista. Tal vez, sea mejor así, que el comunismo crezca y de un zarpazo saque de su letargo a tu Iglesia milenaria. Ante un peligro tan agudo, ¿qué significa esta iglesia de boato y de rutina? Tal vez, tus pobres hallan en el comunismo aquello que Tú predicaste: el hambre y la sed de justicia (Mt. 5,6). Tal vez, nosotros los hacemos ateos al mostrarles un Dios que de verdad no existe; tal vez, tienen razón al hablar de “opio del pueblo” porque hemos desencarnado nuestra fe…

Lucho fue asesinado el 22 de marzo de 1980. Los asesinos de la extrema derecha, dirigidos por el paranoico Arce Gómez, lo trasladaron al matadero del barrio de Achachicala, en La Paz, donde fue torturado durante unas cuatro horas y al final asesinado con 17 balazos. Al amanecer un campesino encontró su cuerpo tirado en un basural camino de Chacaltaya. Dos días después era asesinado en El Salvador, Monseñor Romero. Su entierro fue una verdadera manifestación popular de duelo. 80.000 personas lo acompañaron al cementerio. Decenas de miles de personas cargaron en volandas el féretro por las calles de La Paz mientras gritaban "Lucho ha muerto, aún quedamos muchos". En su tumba se puede leer esta inscripción: "Asesinado por ayudar al pueblo". En su camino al Palacio Presidencial para encontrarse con Evo, Francisco detuvo el papamóvil en un punto de los 12 kilómetros que unen el aeropuerto de El Alto con La Paz, donde fue encontrado el cuerpo de Lucho, para decir unas breves palabras: “Recordar un hermano, un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia. El P. Espinal predicó el Evangelio y ese Evangelio molestó y por eso lo eliminaron”

Fue un sacerdote peculiar. Estudió artes visuales y utilizó el cine, los documentales y el periodismo para criticar la realidad social. Comenzó a trabajar en Televisión Española durante la dictadura de Franco, colaborando con Martínez Roure en un programa semanal titulado "Cuestión urgente", donde se trataban temas de actualidad que ordinariamente los medios oficiales de comunicación no abordaban. Estos programas tuvieron un gran éxito y fueron comprados por la BBC de Londres. Pero cuando en 1967, la censura oficial vetó un programa donde aparecían las chabolas de los suburbios barceloneses y una entrevista con Alfonso Carlos Comín, Lucho dimitió de TVE. En Bolivia fue realizador, periodista, columnista y editor de varias publicaciones críticas con las distintas dictaduras militares como la de Hugo Banzer o García Meza y su ministro del Interior Luis Arce Gómez, estos últimos condenados en un juicio por su muerte. Participó y organizó en multitud de protestas, pero la que más resonancia tuvo fue la huelga de hambre que hizo en 1978 junto a mujeres, mineros y campesinos para pedir la legalización de los sindicatos y la amnistía de presos políticos.

Y además practicó la escultura. Como señala Xavier Albó, esa otra forma de expresarse, mediante tallados en madera, resulta un bello complemento de las oraciones a quemarropa. Los hacía aprovechando maderas viejas, patas o tablas de muebles ya destartalados y otras piezas inservibles, y con técnicas muy rudimentarias. Un poco antes de su muerte su comunidad le había regalado una cajita con mejores herramientas, que ya poco pudo usar. Los tallaba sobre todo en fines de semana, con frecuencia para regalarlos a diversos amigos; y siempre con temas adecuados a su situación o reflejando ideas centrales de sus propias vivencias espirituales, cotidianas y políticas. Por ejemplo, la alegría de los niños, la esperanza llena de cariño por un embarazo materno y el dolor por una wawita perdida en el vientre; la opresión militar a contrapunto con la libertad de expresión, los símbolos de la vida en diversos tiempos y culturas. El tallado de mayor tamaño es sobre la huelga de hambre ya citada en la que participó, con multitud de rostros, simplemente delineados, un hambriento esqueleto en el centro y, en las cuatro esquinas, en diagonal, dos cabezas de animales feroces, una flor y una estrella. El de la nueva cruz que Lucho acopló al Cristo de sus primeros votos, con un martillo vertical y una hoz horizontal para expresar el necesario pero huidizo diálogo cristiano marxista, con los obreros y campesinos. El que lo hiciera con el Cristo de sus votos muestra cuán adentro sentía la urgencia de tal diálogo. Es una clara llamada a la necesidad de dialogar con todos, pero no una declaración de filiación partidaria. Sin ser militante de ningún partido concreto, él sí fue el que por consenso pudo aglutinar a periodistas de mil tendencias de izquierda, cuando juntos decidieron fundar el semanario Aquí para poder publicar lo que los grandes medios no se animaban a difundir durante las dictaduras militares.

En el cajón con herramientas para sus tallados que le regaló nuestra comunidad no mucho antes de su martirio seguían los palos originales de la cruz, como puede apreciarse en la película Un mártir incómodo, filmada por Mariona Ortiz y Ana Masllorens para la TV3 catalana en 2010. Cuando le mataron yo heredé esa cruz sin mayor trámite, nos dice Xavier Albó, dado que vivía en la misma casa e incluso en el mismo cuarto. Cuando fui a vivir a la comunidad aymara de Qurpa, allí llevé la cruz, hasta que el pasado marzo, el Moro Alfonso Gumucio presentó en la Cinemateca una reedición de su bello libro Luis Espinal y el Cine, y, para ello, yo hice traer el tallado. En esa presentación, bastantes le sacaron fotos y así llegó al canciller y al presidente. El primero me pidió poco antes de la llegada de Francisco que le prestara el Cristo. Le dije que no, pero que si querían hacer réplicas, no había problema. Y apenas media semana antes de la llegada del papa apareció en mi casa Gastón Ugalde, junto a dos de sus principales ayudantes, para tomar fotos y medidas. Es uno de los más afamados y creativos artistas del país y el autor, entre otros cuadros sobre Lucho, de la bella tapa de la mencionada reedición. En cuatro días Gastón alistó la réplica que Evo entregó al papa. A éste le sorprendió porque ni estaba previsto ni sabía que Espinal se expresaba también como artista. Pero, como ha ido aclarando el propio Francisco desde su tertulia con los periodistas en el avión y después con mayor detalle ya en Roma, lo ha entendido muy bien. El debate mundial que ello ha suscitado se ha debido a la falta de información o, en varios casos, a interpretaciones deliberadamente tendenciosas.

 

Publicado en Nueva Tribune el 26/10/2015

 

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