DEMOCRACIA DE NEGOCIACION

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     Estamos asistiendo, con la comprensible indignación ciudadana, a un lamentable y desesperante espectáculo protagonizado por nuestra clase política, incapaz de llevar a cabo unas negociaciones eficaces para lograr, tanto a nivel estatal como en el caso de algunas comunidades autónomas, los acuerdos que hagan posible las respectivas investiduras que den paso a la formación de los respectivos gobiernos.

     Sin duda, existe un grave déficit de cultura negociadora y, también, de lo que supone apostar por los gobiernos de coalición, como nos recordaba recientemente Cándido Marquesán en las páginas de este mismo periódico. Así las cosas, y ante esta realidad, tan evidente como lamentable, e insisto en ello, el catedrático de filosofía política Daniel Innerarity, en su reciente libro Política para perplejos (2018), ya apuntaba algunas claves que deberían tener en cuenta muchos de nuestros dirigentes políticos. De entrada, en un apartado titulado «Democracia de negociación», partía de la evidencia de que “buena parte de los principales problemas políticos a los que se enfrentan nuestras sociedades democráticas requieren instituciones y hábitos de negociación”. Es por ello que, si bien es cierto que hay problemas que se solucionan votando, otros, por su carácter más complejo y espinoso, “exigen algo más o algo diferente de lo que se consigue cuando una votación configura una mayoría”. En consecuencia, este tipo de problemas no se resuelven nunca plenamente si los reducimos a una votación “aritmética”, aunque se logre la mayoría, sino que requieren un esfuerzo y una voluntad integradora, voluntad que sólo se halla en los dirigentes de verdadera talla política, capaces de superar intereses personales o partidarios en aras al logro de un bien superior para el conjunto de la sociedad.

     Para hacer posible esa voluntad política integradora, resulta imprescindible, como señalaba Innerarity, “buscar espacios para la negociación discreta” para conformar, de forma negociada, “mayorías más inclusivas”, de las cuales dependerá, en última instancia, tanto la estabilidad institucional como la armonía de la convivencia ciudadana.

     Por todas estas razones resulta tan importante apostar de forma decidida y honesta por la cultura del pacto, por la búsqueda de acuerdos negociados sin barreras previas que los imposibiliten. Y es por ello que es tan importante reivindicar el pactismo y, frente a sus detractores, frente a quienes equiparan los pactos a la traición o la renuncia a determinados principios o ideales, debemos tener presente que “el lenguaje del pacto, la cooperación, el compromiso y la transacción no equivalen necesariamente a la conspiración de las élites contra la lógica democrática, sino, en determinadas ocasiones, y para ciertos temas, a procedimientos que permiten una mayor inclusibilidad democrática”.

     Dicho esto, la democracia inclusiva, interesante concepto a reivindicar, es la alternativa ante la evidente existencia de “una mínima capacidad de transacción por parte de los principales actores políticos”. Y, por ello, la democracia de negociación resulta imprescindible aplicarla no sólo a la hora de la conformación de gobiernos, sino, también, para encontrar una salida razonable y mayoritariamente aceptable para el conflicto territorial de Cataluña, el más grave problema político actual de la democracia española.

    Sobre el problema de Cataluña, Innerarity parte de una acertada valoración al señalar que “se han utilizado instrumentos inadecuados para los fines perseguidos, procedimientos de tipo mayoritario para resolver temas que requieren estrategias de negociación”. Y es que, a modo de reproche a ambas partes en conflicto, el Gobierno central y la Generalitat, manifiesto lo que es evidente: el conflicto catalán no era (ni es) “una cuestión de orden público ni judicial, pero tampoco algo que pudiera resolverse con una votación”, y se lamentaba de que ninguna de ambas partes apostase por “arbitrar otros procedimientos más inclusivos” ya que, “pensar que un referéndum cuyas condiciones no han sido pactadas, es capaz de definir un nuevo estatus político resulta tan ilusorio como creer que unas elecciones normales, que como mucho sirven para cambiar de Gobierno, iban a resolver un conflicto político cuya verdadera naturaleza no se quiere reconocer”. Por ello, Innerarity es claro y rotundo al afirmar que “la democracia mayoritaria es incapaz de conseguir lo que en el mejor de los casos se alcanza por medio de la democracia de negociación”.

     Reivindicando de nuevo en nuestra vida política el valor y la necesidad de la democracia de negociación, nuestro autor advierte a los escépticos de que, “a quien insiste en que este objetivo es muy difícil o imposible, habría que preguntarle si conoce algún milagro más probable” …. y ya sabemos que la política es el arte de lo posible fruto de una negociación pactada y no el campo de ilusorias milagrerías.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 23 julio 2019)