ESPAÑA HA DEJADO DE SER CATÓLICA

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De entrada no era revolucionario, ya que venía a reflejar una realidad que en repetidas ocasiones las autoridades eclesiásticas, como Vidal i Barraquer, lo habían dicho ya. Afirmar que España había dejado de ser católica no fue una originalidad de Azaña. Fue, por el contrario, una mera constatación, y dijo lo que quería decir y lo que todo el mundo sabía, incluso los obispos: que la Iglesia no informaba ya la cultura española y que vivía de espaldas a la clase obrera.

Si en aquel año la susodicha y denostada frase, era cierta y contundente; hoy lo es más todavía. Nunca, como ahora en España, hubo una huída tan masiva, silenciosa y creciente de católicos que abandonan la Iglesia; nunca los templos estuvieron tan vacíos, nunca los jóvenes se desentendieron tanto de todo lo relacionado con el clero y sus directrices, nunca los seminarios y noviciados estuvieron tan solitarios... y por ello se lamentan compungidos los obispos españoles. Todos lo podemos constatar, como lo reflejan estudios serios de la Fundación Santa María, el Injuve o el CIS. Habrá que indagar en el porqué.

La creciente irreligiosidad en las sociedades avanzadas, como indica el teólogo José M. Castillo, suele explicarse por la cultura propia de la modernidad o postmodernidad. Hoy, en las sociedades de Europa y América del Norte, al no existir conflictos bélicos, al existir prosperidad y bienestar se ha alcanzado un estado de seguridad sin precedentes, por lo que los ciudadanos saben que a la hora de la verdad no les va a faltar lo que necesitan para vivir. La consecuencia lógica es que ha descendido vertiginosamente la necesidad de consuelo que, a lo largo de la historia, ha proporcionado la religión.

Hoy, en España se vive como nunca, lo que no significa que se sea más feliz y se sepa encontrar un sentido de la vida Vivimos mejor, pero necesitamos de una manera imperiosa siempre algo nuevo y distinto, comportamiento lleno de infantilismo, como señala Pascal Bruckner. Por ello la tendencia a la evasión, a la búsqueda de válvulas de escape, a pasarlo bien sea como sea. De ahí la locura por huir de las ciudades en todos los fines de semana. Hoy nos atrae mucho más el bienestar inmediato que las promesas "en la otra vida" que nos puedan ofrecer las religiones. Hoy se quiere la felicidad aquí y ahora, y vivir lo mejor posible, lo que puede incluir también el lote de religión, sobre todo, en romerías, procesiones de Semana Santa o de fiestas patronales, donde uno se lo pasa bien y, además, se tranquiliza un poco la conciencia, que tampoco viene mal. Hoy, vemos personas que se declaran ateas, pero no tienen inconveniente en llevar la peana del patrón de su pueblo o ser cofrade en Semana Santa.

Además ante los cambios vertiginosos que se están produciendo en nuestra sociedad más plural, laica, dinámica, abierta y democrática que nunca, la jerarquía católica española se ve desbordada, no sabe encontrar una adecuada respuesta. Se está quedando descolocada. El aggiornamiento que se vislumbró en el Concilio Vaticano II se ha cegado. Ante problemas humanos como: la homosexualidad, el divorcio, el uso de los preservativos, el sacerdocio femenino, el celibato sacerdotal, la experimentación con las células madre de embriones humanos, la adaptación a un sistema democrático... la jerarquía católica española no ha sabido o querido encontrar unas respuestas adecuadas. Y tal como se manifiestan los Rouco, Cañizares o Ureña, no parece que se vayan a producir cambios significativos, tal como acabamos de ver en la reciente entrevista mantenida por los representantes de la Conferencia Episcopal con la Ministra de Educación. Siguen erre que erre con la idea de "imponer" una asignatura alternativa a los alumnos que no quieran estudiar la religión o negar los derechos laborales a los profesores de religión. Por ello muchos ciudadanos de esta sociedad terminan al margen de la institución religiosa; surgiendo un tipo nuevo de creyente que declarándose católico, deja de ser practicante. Además proliferan las creencias difusas, la tendencia al sincretismo, el esoterismo, así como también la orientación de la jerarquía católica española, síntoma de debilidad moral y doctrinal, hacia posturas cada vez más integristas y por ello ha favorecido a grupos como el Opus Dei, el Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, o los Legionarios de Cristo, mientras que ha marginado a grupos más progresistas, como Renovación Carismática, la Corriente Somos Iglesia, con su corolario de Un Concilio para el siglo XXI, o la Teología de la Liberación. Lo más grave es que esa cerrazón de la jerarquía plantea a muchos católicos profundos e insolubles problemas de conciencia. A los que se casaron por la iglesia, y que por diferentes razones no cuajó su matrimonio, que desearían volver a hacerlo con otra persona, y no pueden. A los sacerdotes casados que querrían desempeñar su vocación ministerial. A muchos jóvenes, que aman de verdad a su pareja, y no pueden practicar su sexualidad antes del matrimonio. A numerosas parejas que se ven obligadas a tener más hijos de los que desean, por la imposibilidad de usar el preservativo.

Hoy, un personaje como Jesucristo, que se preocupó más por los hombres que por los ritos, que fue capaz de enfrentarse para defender los marginados, como las prostitutas, cabe pensar que no pondría impedimento alguno al uso del preservativo, a toda la población africana, o a dos jóvenes que se aman. Jesucristo se mantiene vivo, no por su poder autoritario o por sus imposiciones doctrinales, sino por su capacidad de estar al lado de los hombres y entender cuáles son sus problemas. Debería la jerarquía católica realizar un profundo acto de reflexión, ya que parece tener secuestrado a Jesucristo y su mensaje, echándolo a perder lamentablemente. Por ende, que no se extrañen que cada día los templos estén más vacíos.

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    Hoy, 11 de julio de 2019, se recuerda el centenario del nacimiento de Primo Levi (1919-1987), escritor y pensador italiano, judío de origen sefardí, considerado el precursor de la literatura y la memoria histórica del Holocausto (“Shoah”, en hebreo).

  • En estos tiempos que tanto se habla de la crisis de la prensa escrita, es momento recordar la memoria de quien fue su pionero, del fundador del primer periódico impreso en España, del legado perdurable de Francisco Sebastián Manuel Mariano de Nipho y Cagigal (1719-1803), en este año en el cual se cumple el tercer centenario de su nacimiento en la ciudad bajoaragonesa de Alcañ

  •      Desde el final de la II Guerra Mundial, el eje de la política occidental se articuló, en gran medida, en la llamada “Alianza Transatlántica”, la unión de intereses entre los EE.UU. y los países democráticos de la Europa Occidental.

  •      Estamos asistiendo tristemente a un debilitamiento de los valores del europeísmo en unos momentos en que resultan más necesarios que nunca ante los diversos embates que por diversos frentes está recibiendo y que podrían frustrar el futuro de la Unión Europea (UE).

  • El día 8 de Mayo se celebra en varios países europeos el Día de la Victoria en recuerdo del triunfo de las fuerzas aliadas frente a las potencias nazi-fascistas en la II Guerra Mundial.

  • Tal vez no seamos plenamente conscientes de que estamos asistiendo a un “cambio de época” con respecto a lo que hacíamos y vivíamos hasta hace bien poco tiempo y para el que todavía no tenemos capacidad de vislumbrar su futuro.

  • De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a cómo las derechas españolistas, aprovechando la tensa situación política generada por el conflicto catalán, intentan monopolizar el sentimiento patriótico de una manera excluyente y como ariete político frente

  • En los momentos actuales, ante la irrupción en el panorama político de peligrosos populismos derechistas de corte autoritario, cuando no abiertamente fascistas que apelan a las pasiones y a la visceralidad en sus mensajes políticos, resulta más necesario que nunca que los sectores progresistas reafirmen su defensa de los valores de la memoria democrática que, a fecha de hoy, sigue siendo una de