La juventud chilena: Somos los de abajo y venimos por los de arriba

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O sea, estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice, y no tenemos las herramientas para combatirla, por favor, mantengamos nosotros la calma, llamemos a la gente de buena voluntad; aprovechen el racionar las comidas (se equivocó al usar racionar, ya que dijo “no sé cómo se dice”) y vamos que tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás. Estas palabras de un vídeo filtrado de whatsapp son de Cecilia Morel, la primera dama de Chile, esposa del presidente Sebastián Piñera. Son todo un paradigma de vivir fuera de la realidad. Me recuerdan la insensibilidad y falta de empatía hacia el pueblo chileno de Cecilia Morel a María Antonieta esposa de Luis XVI rey de Francia de tiempos de la Revolución francesa. De ella se decía, que habría preguntado, durante un paseo que dio con su cochero, por qué toda la gente parecía tan desgraciada. «Majestad, no tienen pan para llevarse a la boca», le respondió. En efecto, la mala cosecha del año 1789 había hecho explotar los precios del pan; el hambre amenazaba. Y María Antonieta habría contestado a esa explicación: «Si no tienen pan, que coman pasteles» (S’ils n’ont pas de pain, qu’ils mangent de la brioche). Seguramente María Antonieta jamás dijo estas palabras. Lo más probable es que alguien las extrajera de las Confessions del filósofo Jean-Jacques Rousseau. En el momento en que Rousseau escribió este episodio, María Antonieta todavía era una niña y vivía en Austria. No obstante, en la Francia de 1789 todo el mundo creía que este comentario cínico sólo podía haber salido de labios de María Antonieta. A lo largo y ancho del país, la reina fue insultada en panfletos y obras de teatro.

No es infrecuente que las elites políticas y económicas vivan desconectadas, en una especie de paraíso, de los problemas de la gente normal. En 1995 Cristopher Lasch en La rebelión de las élites y la traición a la democracia; y en 2016 Antonio Ariño y Juan Romero en La secesión de los ricos  exponen la tesis de que las élites y los ricos han desconectado de la gente común. Su irresponsabilidad, insolidaridad y ceguera les impide ver que bajo sus pies se puede estar forjando una bomba de relojería, presta a explotar.

El miedo hoy en Chile lo tienen los de arriba. Con su rebeldía, los que cantan en las calles 'El baile de los que sobran' dicen muy claro 'Somos los de abajo y venimos por los de arriba'

No obstante, algún miembro de esas elites con una dosis de sensatez percibe que la extrema desigualdad producto del modelo neoliberal a la larga es insostenible. Se trata del multimillonario norteamericano Nick Hanauer que expuso unas ideas muy interesantes en su artículo  The Pitchforks Are Coming… For Us  Plutocrats… Las Horcas están viniendo... Para nosotros Plutócratas. Avisó que si la situación no cambia rápido se volverá a la Francia en el siglo XVIII, la anterior a la Revolución. Advirtió a sus colegas: “despertad, esto no va a durar”.  Por ello, las horcas (instrumento de labranza) vendrán a por nosotros. Ninguna sociedad puede aguantar esto”.  En una sociedad altamente desigual, solo puede darse o un estado policial o una revolución. No hay otras opciones. No es si va a pasar, es cuándo. Un día alguien se prende fuego en la calle, y entonces miles de personas salen a la calle y antes de que te des cuenta el país está ardiendo. Y no hay tiempo para ir al aeropuerto a coger el jet y volar a Nueva Zelanda. La revolución será terrible, pero sobre todo para nosotros. Para Nick Hanauer lo irónico de la creciente desigualdad es que es innecesaria y autodestructiva, por lo que propone las políticas  de Franklin D. Roosevelt tras la Gran Depresión para evitar disturbios sociales. Y es lo que está ocurriendo en estos momentos en Chile. Este estallido social, que tiene todos los visos de una auténtica revolución, tiene una explicación muy clara, según el periodista mejicano Luis Hernández Navarro en su artículo  Chile, el fin de la razón neoliberal. El capitalismo salvaje en versión chilena generó enormes desigualdades. Chile es, después de México, el país más desigual de la OCDE. Una desigualdad propiciada por la cruenta superexplotación de la fuerza de trabajo, el despojo indiscriminado de tierras, territorios y recursos naturales, la mercantilización de la vida pública, la injusticia para los de abajo, la guerra racista contra el pueblo mapuche y un modelo de representación política oprobioso y elitista. De la mano de la precarización laboral, la inseguridad en el empleo, la privatización de las pensiones, la seguridad social, la sanidad, la educación pública y el agua. Negocio redondo. El Estado ya no garantiza derechos sociales universales como salud, educación, pensiones, vivienda, pero financia a compañías privadas para que los proporcionen. El temor a enfermarse sin poder pagar el tratamiento médico, o llegar a la vejez sin los recursos suficientes para vivir con dignidad es lo normal. La media de las pensiones es de, apenas, 290 dólares, menos de la mitad del promedio salarial. En este mismo medio el 15/4/ 2017 publiqué el artículo La rebelión de los jubilados chilenos, un aviso para navegantes despistados  y en un párrafo describía un hecho aterrador.  “La plaza de la Constitución de Santiago de Chile simboliza el centro de poder. Allí está el Palacio de la Moneda bombardeado por Pinochet en 1973. En esa plaza falleció de un infarto, hace dos años, Mario Enrique Cortés, de 80 años. Pinochet también bombardeó la tercera edad porque Mario murió en pleno invierno mientras trabajaba para una empresa de jardinería, como muchos ancianos chilenos obligados a seguir  trabajando porque cobran pensiones misérrimas. Se levantaba a las 4 de la madrugada para llegar a tiempo a su trabajo desde la comuna de El Bosque; su trabajo iniciaba a las 6 y finalizaba a las 3 de la tarde”.

En Chile, una parte muy importante de la población vive agobiada por los préstamos, con tasas usurarias. Quienes asisten a las universidades, empeñan su futuro. Y ni así tienen garantizada la subsistencia. Con este panorama hay motivos más que suficientes para explicar este estallido social. El baile de los que sobran es el himno de la generación de los 80 en Chile frente a la dictadura de Pinochet. Fue compuesta en 1986 por Los Prisioneros, uno de los mejores grupos de rock de ese país. Hoy, miles de jóvenes que aún no habían nacido en aquel año, la entonan en las multitudinarias protestas que sacuden a esa nación. A todo pulmón, acompañados por guitarra, desafiando a la fuerza pública, cantan:

“Es otra noche más
De caminar
Es otro fin de mes
Sin novedad
Mis amigos se quedaron, igual que tú
Este año se les acabaron, los juegos, los doce juegos
Únanse al baile, de los que sobran
Nadie nos va a echar de más
Nadie nos quiso ayudar de verdad
Nos dijeron cuando chicos
Jueguen a estudiar
Los hombres son hermanos y juntos deben trabajar
Oías los consejos
Los ojos en el profesor
Había tanto sol
Sobre las cabezas
Y no fue tan verdad, porque esos juegos al final
Terminaron para otros con laureles y futuro
Y dejaron a mis amigos pateando piedras
Hey
Conozco unos cuentos
Sobre el futuro
Hey
El tiempo en que los aprendí
Fue más seguro
Bajo los… “

Como muchas veces ha ocurrido en la Historia los avances sociales para la gran mayoría  tienen  que ser arrancados a la fuerza a las clases privilegiadas. Lo expresó muy bien Josep Fontana: “Desde la Revolución Francesa hasta los años setenta del siglo pasado las clases dominantes de nuestra sociedad vivieron atemorizadas por fantasmas que perturbaban su sueño, llevándoles a temer que podían perderlo todo a manos de un enemigo revolucionario: primero fueron los jacobinos, después los carbonarios, los masones, más adelante los anarquistas y finalmente los comunistas. Eran en realidad amenazas fantasmales, que no tenían posibilidad alguna de convertirse en realidad; pero ello no impide que el miedo que despertaban fuese auténtico. De ahí las concesiones.” Por ello, el sistema solo cambiará si los de arriba tienen miedo. No hay otra opción. Mientras el miedo lo tengamos los de abajo, todo seguirá igual. Está claro que el miedo hoy en Chile lo tienen los de arriba. Con su rebeldía, los que cantan en las calles El baile de los que sobran dicen muy claro Somos los de abajo y venimos por los de arriba. Ya ha tenido que hacer concesiones Piñera, y vendrán más, lo más probable es que se abra una Asamblea Constituyente.

 

Nueva Tribuna y Público 30 de octubre de 2019

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