La ofensa de pensar contrariamente

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Marquesán Millán, Cándido
 

 

Se crítica a nuestros políticos por su falta de diálogo, que ha imposibilitado formar gobierno y por ello nos vemos obligados a votar de nuevo; y que ha propiciado el enquistamiento del problema catalán. ¡Qué contraste con el resto de la ciudadanía! Podemos constatar nuestro ADN para el diálogo al escuchar a muchos tertulianos en los diferentes medios de comunicación, los comentarios de muchos de nuestros conciudadanos por las redes sociales, las conversaciones en las barras de los bares o las reuniones de la comunidad de vecinos. Los ciudadanos somos dialogantes, flexibles, prestos siempre a escuchar al otro y a acordar con él decisiones conjuntas. ¿Cómo siendo la sociedad española tan perfecta, tiene la desgracia de estar dirigida siempre por los peores? Algo no cuadra. Porque, una de dos, o no es verdad que los elegidos son siempre los más imperfectos o la sociedad española no es tan perfecta como se cree, puesto que elige siempre a los peores para que la dirijan.

Abandonemos ya la ironía, la carencia para el diálogo de nuestros políticos es un reflejo de nuestra sociedad. Nuestros políticos no vienen de Marte, los hemos votado. Esta carencia no es una novedad, la llevamos en nuestros genes. Somos más propensos para el monólogo. Según Francisco Ayala «el español acostumbra a creer que lo sabe todo». Al ser todos tan sabios, tenemos solución para todos los problemas, por arduos que sean. Por ello, ¿para qué vamos a dialogar? Además nuestros argumentos los exponemos gritando, y hablamos todos a la vez, y encima, lo que parece milagroso, nos entendemos. No hay tema que se nos resista. Nos da igual el fútbol, la educación, la historia, la literatura, el cine… Y por supuesto la política. De todo manifestamos nuestra opinión, que, por supuesto, es siempre la mejor. ¡Y ay de aquel que se atreva a discrepar de nuestras afirmaciones! No necesitamos el diálogo ¡Qué bien nos conocía Azaña! De ahí sus juicios en su obra La Velada de Benicarló:

«Ustedes decían que el enemigo de un español es otro español. Cierto. ¿Por qué? Porque normalmente es de otro español de quien recibimos la insoportable pesadumbre de tolerarlo, de transigir, de respetar sus pensamientos. España, en general no se ocupa del extranjero… El blanco de su impaciencia, de su cólera y enemistad es otro español. Otro español quien le hace tascar el freno, contra quien busca el desquite. ¿El desquite de qué ofensa? La ofensa de pensar contrariamente. El español es extremoso en sus juicios. Pedro es alto o bajo; la pared es blanca o negra; Juan es criminal o santo… Los segundos términos, los perfiles indecisos, la gradación de matices no son de nuestra moral, de nuestra política, de nuestra estética…»

¿Los juicios de Azaña sobre nuestra idiosincrasia de hace 80 años son extrapolables a los españoles de hoy?

Acabaré con algunas reflexiones de Kristian Herbolzheimer, experto en procesos de paz, sobre el significado del diálogo, que va a ser totalmente irrenunciable para encauzar el gran problema político que nos acucia, y que obstaculiza el abordar otros, no menos importantes.

Es obvio que la sociedad catalana y española está muy polarizada. Lo que se explica por la tendencia a informarnos sólo a en los medios de comunicación que transmiten lo que nos gusta y no en los que se expresan distinto. Y también en las relaciones sociales, ya que nos comunicamos solo con los que compartimos opiniones. Hemos perdido la curiosidad para entender los motivos de aquellos que piensan diferente. La gente se aferra a sus verdades y así se reduce la autocrítica.

En la vida política el conflicto es inevitable, como ha irrumpido en Cataluña, donde por primera vez después de la Transición, hay una mayoría independentista en su Parlamento y no hay respuesta institucional por parte del gobierno central. Esta situación no estaba prevista en los mecanismos institucionales existentes. Y en lugar de gestionar el conflicto de forma constructiva, se ha generado una espiral que ha generado tensiones entre instituciones y sectores de la población que defienden y se oponen a la independencia. Estamos saturados de análisis y especulación política. Nos cuesta salir de la dinámica de confrontación, en la que unos ganan y otros pierden. Esta dinámica no es sostenible, porque las «victorias» son efímeras. Quien pierda no se resignará. Y así el conflicto seguirá.

Por ello, el diálogo es irrenunciable, pero lo primero es acordar sobre qué entendemos por diálogo. A menudo cuando se pide diálogo algunos entienden que dialogar es para que el otro asuma que tengo razón. Diálogo implica entender que el otro tiene una razón legítima para pensar diferente y, por tanto, tener la voluntad de entender esta otra perspectiva y cambiar la tuya, en función de lo que escuchas. El diálogo debe ser el instrumento para la negociación. Negociar es para llegar a algún tipo de acuerdo, lo que supone hacer cesiones por ambas partes. Debe ser un diálogo social y político. El diálogo político debe derivar hacia una negociación política institucional. Si no existen las condiciones, se crean y esto es tarea de la clase política. No puede hacer dejación de funciones, como lo ha hecho en nuestra historia. No puede traspasar un problema político para su resolución a los militares como ocurrió en el XIX y XX; ni a los jueces en el XXI. Eso degrada nuestra democracia.

El Periódico de Aragón 9 de noviembre de 2019

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ACHON GALLIFA ISIDORO ZARAGOZA
ALADREN MONTERDE BERNARDO ZARAGOZA
ALBAR CATALAN MANUEL ZARAGOZA / QUINTO DE EBRO
ARNEDO CALVO JUAN TARAZONA
AZORIN IZQUIERDO FRANCISCO MONFORTE DE MOYUELA

Páginas

  • Soy plenamente consciente de que estas líneas provocarán malestar en alguno. Pues qué le vamos hacer.

    Cada vez veo más lejana una solución razonable, basada en el diálogo, al problema gravísimo de vertebración de Cataluña en el Estado español. El tiempo que sirve para atemperar las diferencias, en este caso no se cumple. Muy al contrario, cuanto más tiempo trascurre más se agrava.

  • En 1926 John Keynes en el ensayo El final del laissez-faire exponía una parábola, aplicable a la situación política, social y económica de hoy. Resumía la naturaleza y las implicaciones del dogma del liberalismo económico incuestionables antes  y ahora: la irrealidad de sus presupuestos, lo destructivo de sus consecuencias, su insostenibilidad social y económica de un método basado en encumbrar a los buscadores de beneficios que tienen más éxito en una lucha sin tregua por la supervivencia, que selecciona al más eficiente eliminando al menos eficiente, y que considera los resultados así alcanzados-al margen de los costes - un bien permanente para toda la sociedad. Nos decía: “Si la finalidad de la vida es coger las hojas de los árboles a la mayor altura posible, la mejor manera de alcanzar esta finalidad es dejar que las jirafas del cuello más alto hagan morirse de hambre a las del cuello más corto”.

  • Viktor Orban

    Uno de los libros más novedosos y relevantes de política internacional, publicado en 2019, es 'La luz que se apaga. Cómo Occidente ganó la Guerra Fría pero perdió la paz', de Ivan Krastev y Stephen Holmes. Ofrece un planteamiento muy original, basado en la  trascendencia en las relaciones internacionales de la política de imitación, a partir de la cual ha irrumpido una auténtica y peligrosa marea de anarquía iliberal y antidemocrática. Ejemplos los tenemos por todas las latitudes: Orbán, Putin, Modi, Bolsonaro, Duterte, Trump, etc. Sorprende esta nueva situación de descrédito de la democracia, cuando tras la caída del Muro de Berlín su triunfo parecía incuestionable e irreversible. Basándome en el libro citado, expondré las ideas fundamentales.

  • La historia no procede linealmente. Como dijo Lenin: «Hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas». Estas palabras son muy adecuadas para el momento actual.

    El covid-19 se ha transformado en el primer sujeto revolucionario no humano de la historia global. Cuando una revolución era ya una utopía, un virus a todos los efectos provocó una auténtica revolución, paralizando toda la economía mundial, trasformando las democracias en estados de excepción, sembrando el miedo a nuestra propia extinción, vaciando las calles de las ciudades y limpiando el cielo de contaminación, lo que supuso el retorno de otras especies a su antiguo hábitat.

  • Mario Vargas Llosa, gran escritor, se le podría aplicar el título del libro reciente de Ignacio Sánchez Ocaña La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política. Por si alguno piensa que el titulo es excesivo le recomiendo que lea de este Premio Nobel el artículo de septiembre de 2012 Aguirre, esa Juana de Arco liberal, tras su renuncia a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Abróchense los cinturones que despegamos.

  • En el panorama político español se usa y se abusa del término “populismo”, la palabra clave con la cual se fulmina a los adversarios,dando por hecho que todos conocemos perfectamente su significado.  Se ha convertido en una muletilla para muchos dirigentes políticos, conspicuos tertulianos y gran parte de la ciudadanía.Está de moda. Mas no solo en España, ya que surgen titulares en periódicos “El populismo mundial libra su batalla en Estados Unidos”, “EEUU cae en manos del populismo agresivo de Trump”. Susana Díaz dijo que Trump y Podemos beben de la misma fuente.

  •      En la realidad política actual son muchos los ciudadanos que creen que se ha superado la histórica distinción entre izquierdas y derechas y, por ello, en determinados sectores de opinión se alude a la contraposición entre “buenos y malos populismos”. De este modo, algunos politólogos distinguen entre los populismos democratizadores y democráticos, como los existentes en España o Portugal, y otro tipo de populismos, por desgracia emergentes, de signo reaccionario, aquellos que confunden al adversario político con el enemigo del pueblo y, por ello, los excluyen de la comunidad política, un tipo de populismo que arraiga con fuerza en las tierras regadas por la intolerancia.

  • José Cadalso publicó con el título los Eru­di­tos a la vio­leta (1772), un “Curso com­pleto de todas las cien­cias, divi­dido en siete lec­cio­nes, para los siete días de la semana, publi­cado en obse­quio de los que pre­ten­den saber mucho estu­diando poco”, cuyo título hace alu­sión al per­fume de la vio­leta, el favo­rito de los jóve­nes que en el siglo XVIII que­rían ir a la moda. El autor de las Car­tas marrue­cas arre­mete sin pie­dad –y con razón– con­tra la legión de inep­tos intro­du­ci­dos en todas las épo­cas en la Repú­blica de las letras y que “fun­dan su pre­ten­sión en cierto apa­rato arti­fi­cioso de lite­ra­tura”. Son todos ellos vocin­gle­ros de exte­rior cuyo afán no es otro que el de epa­tar con ese “deseo de ser tenido por sabio uni­ver­sal”, en pala­bras de Cadalso. Este libro tiene plena vigencia en la España de hoy, como trataré de mostrar en las líneas que siguen.