LA SEGURIDAD HUMANA, UN VALOR A REIVINDICAR

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José Ramón Villanueva Herrero

Vivimos en un mundo cada vez más obsesionado por la seguridad y, por ello, se habla de “seguridad nacional”, esto es, de las precauciones que se deben tomar para proteger un país, de “seguridad ciudadana”, aún a riesgo de renunciar a cotas de libertad y, en los últimos tiempos, se alude con frecuencia a la “ciberseguridad” como forma de hacer frente a las injerencias intencionadas que se producen en las nuevas tecnologías tanto por parte de particulares (hackers) como por potencias extranjeras con objetivos muy variados. Frente a esta obsesión por la seguridad, se habla menos, y no por ello es menos importante, del concepto de “seguridad humana”, término que acuñó el Informe para el Desarrollo Humano de la ONU de 1994 y que hace referencia a la necesaria defensa que merecemos todos los seres humanos ante cualquier aspecto que atente contra nuestra dignidad, libertad o derechos, tales como la pobreza, la marginación o cualquier otra violación de los derechos humanos. En consecuencia, son las personas, antes que los intereses de los Estados o de los poderes económicos, los deben ser el objetivo prioritario de cualquier concepto de “seguridad”, tal y como recogía el Informe de Kofi Annan, ex secretario general de la ONU titulado La función de las Naciones Unidas en el siglo XXI del año 2006. De este modo, la seguridad humana, como señalaba Jesús Jiménez Olmos, es “aquella que es capaz de garantizar al individuo la posibilidad de desarrollarse como persona, es decir, gozar de libertad y bienestar suficiente para cubrir sus necesidades fundamentales y desarrollar sus capacidades”. De ello se derivan tres ideas básicas: que la seguridad humana se halla por encima de los intereses de los Estados ; que implica un compromiso permanente de preservar en todo tiempo y lugar los derechos fundamentales y la dignidad de las personas y, también, no lo olvidemos, la lucha por la consecución de la justicia social que permita a toda persona disponer de un nivel adecuado de recursos y bienestar para desarrollarse plenamente, idea ésta última que enlazaría con la necesidad de implantación de una Renta Social Básica para que los sectores sociales más desfavorecidos puedan lograr dichos objetivos. Tan importante y de justicia es la seguridad humana que, para hacerla efectiva, se alude al término de “injerencia humanitaria”, el cual tiene por objeto proteger a la población civil cuando su propio Estado no es capaz de hacerlo ante situaciones de catástrofes naturales, hambrunas, éxodos masivos o violencia extrema desencadenada contra una parte u etnia concreta de su población. Dicha injerencia humanitaria, lógicamente, debe ponerse en práctica tras la aprobación previa de la correspondiente resolución de la ONU, algo que debería de haberse hecho de forma efectiva en casos tan dramáticos como las recientes crisis humanitarias de refugiados o la situación producida en Birmania ante la persecución de la minoría rohingya. Pero para defender la seguridad humana como valor esencial, resulta prioritario, en este mundo cada vez más desigual e injusto, el garantizar la seguridad alimentaria de las personas. Por ello, la I Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996 suscribió una Declaración sobre Seguridad Alimentaria Mundial en la que, como recordaba José María Medina Rey, “se reafirmaba el derecho de toda persona a una alimentación adecuada y a estar protegido contra el hambre”. En consecuencia, se pretendía, como objetivo, que el sistema alimentario mundial, además de sostenible, garantizase la seguridad alimentaria y la nutrición para todas las personas, tanto en el momento presente, como para las generaciones futuras. No obstante, la seguridad alimentaria se halla en la actualidad amenazada por varios factores, entre ellos, - en primer lugar, una importante pérdida y desperdicios de alimentos, especialmente en el mundo desarrollado, esto es, de productos comestibles destinados al consumo humano que se pierden o descartan en algún punto de la cadena alimentaria. - en segundo lugar, por los subsidios a los agrocombustibles en los países desarrollados, pues como denunciaba el citado Medina Rey, el impacto de estas políticas sobre la seguridad alimentaria mundial “puede ser letal, porque, sencillamente, no es compatible alimentar el mundo y producir tal cantidad de agrocombustibles”. Además, debemos tener presente que la creciente expansión de su cultivo resulta cuestionable desde diversos puntos de vista tales como el impacto social que causa en los países en vías de desarrollo, su dudosa rentabilidad energética y económica, sus escasos beneficios medioambientales, así como su dudosa capacidad para ser una alternativa real frente al petróleo. - en tercer lugar, los efectos del cambio climático, el cual está afectando de manera drástica a los productores agroalimentarios con sus nefastos efectos sobre las cosechas y sus consiguientes hambrunas, especialmente en zonas como el África subsahariana, lo cual a su vez, ante la imposibilidad de garantizar la seguridad alimentaria de estas poblaciones, obliga a éxodos masivos como a los que estamos asistiendo en estos últimos años, un proceso que irá en aumento si no se producen cambios drásticos y rápidos en la política económica y energética mundial que frene la contaminación y, con ello, los negativos efectos de este cambio climático que nos amenaza tales como la desertificación, la falta de agua o la escasez de alimentos en amplias zonas de nuestro planeta. A modo de conclusión, en estos tiempos inciertos, resulta fundamental reivindicar el valor de la seguridad humana, por encima de todos los intereses económicos o geoestratégicos que confrontan a los Estados en la política internacional. Para ello, es esencial partir de la idea, que tantas veces se dice de forma retórica, pero con escasa convicción, que, por encima de ideologías, intereses materiales o confesiones religiosas, está el valor de los derechos humanos, la dignidad y la libertad de las personas, esto es, la seguridad humana. Defendiendo ésta tendremos en nuestras manos la mejor garantía, la mejor y más justa forma para combatir el fanatismo, la pobreza y la opresión. José Ramón Villanueva Herrero (publicado en: El Periódico de Aragón, 4 febrero 2018)

  • Fernando Bolea Rubio

    Pedro Sánchez ha sacado el PSOE a la calle y llena las plazas. Sin embargo, con otros líderes no ha sido así. Dado que, cuando se hacían las grandes manifestaciones y protestas, por los recortes en sanidad, educación, en los derechos laborales que el gobierno del Partido Popular impuso, los socialistas estaban avergonzados y temerosos. Eran los años tijera (huelgas generales del 29-M y de 14-N de 2.012, comentadas en este Blog) y de la revolución conservadora de Mariano Rajoy. En esas movilizaciones, los pocos militantes que acompañaban a la pancarta del partido, lo hacían decaídos, mudos, sin querer destacar en nada ni que se vieran mucho las siglas para evitar desprecios.

  • José Ramón Villanueva Herrero

    En estos tiempos estamos asistiendo a la aparición de graves brechas que socavan el edificio y los valores sobre los que se cimenta la Unión Europea (UE). Los ejemplos resultan preocupantes y ahí está el reciente triunfo del Brexit en el referéndum del pasado 23 de junio que abre la puerta a la salida de la UE del Reino Unido, senda que pretendía seguir también el ultraderechista Norbert Hofer en caso de haber alcanzado la presidencia de Austria. A ello hay que añadir las actitudes insolidarias y represivas para con los refugiados que llegan a Europa por parte de diversos gobiernos, como es el caso de Hungría. El hecho de que esta involución tenga lugar en un contexto internacional oscurecido todavía más tras la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU., hace que se aluda con creciente preocupación del auge de las “tendencias iliberales”, elegante manera de referirse al giro hacia políticas euroescépticas, ultraconservadoras yen ocasiones claramente de extrema derecha como es el caso del Front National (FN) de Marine Le Pen en Francia.

  • Fernando Bolea Rubio

    El panorama socialista se despeja deprisa. Tanto es así, que en mi opinión Susana Díaz ya es pasado. Ha estado más de dos años intoxicando al PSOE para llegar a dirigirlo, mas se le ha ido la mano en extravagancia y dureza cayendo ella también en el fango, sin que sus fieles -pronto exfieles- barones, con su mediocridad, la puedan levantar. La operación descalabro, urgida por ella para echar a Pedro Sánchez, le ha llevado al triunfo y a la tumba. Aun logrando momentáneamente su fin, con la ayuda de Felipe González y poderes fácticos, tal como Pedro denunció en el programa Salvados de Jordi Évole. Joaquín Costa escribió en 1903 que “lo que las mayorías hacen con el voto, las minorías lo hacen con la obstrucción”.

  • José Ramón Villanueva Herrero

    Resulta indignante, el deliberado afán de la derecha por tergiversar diversos períodos y figuras de nuestra trágica historia reciente con un indisimulado afán exculpatorio. Si hace unos días Alonso García, vicepresidente de la Fundación Francisco Franco tenía la osadía de declarar que “el régimen de Franco sólo fusiló a 23.000 y no fue por capricho”, minimizando así la brutal represión cometida por el general genocida, una reciente serie televisiva titulada “Lo que esconden sus ojos”, nos presenta a la figura de Ramón Serrano Suñer blanqueada de toda su responsabilidad como uno de los máximos responsables (e impulsores) de los crímenes del franquismo en la inmediata posguerra. Y es que Ramón Serrano Suñer, como los hechos históricos nos demuestran, fue algo más que un galán de penetrantes ojos azules, amante apasionado de la marquesa de Llanzol y, por ello, hay que conocer su verdadero rostro.

  • José Ramón Villanueva Herrero

    El 12 de noviembre de 1956, hace ahora 60 años, moría en París Juan Negrín López, una de las figuras políticas más relevantes y controvertidas de nuestra reciente historia. Criticado por unos e injustamente olvidado por otros, el “socialista silenciado”, como lo definió Ricardo Miralles, ha ido recuperando en estos últimos años el lugar que, como estadista y patriota, en justicia merece.

  • Fernando Bolea Rubio

    Después del golpe palaciego en el comité federal del PSOE de 1 de octubre -hecho por Susana Díaz y los barones excríticos-, con la grave consecuencia de que hicieron dimitir (por 132 a 107 votos) al secretario general, Pedro Sánchez, elegido por los afiliados en elecciones primarias. Y cuando sólo por otras primarias tenía que haber sido quitado, la comisión gestora no lo hizo; causando por ello, un destrozo antidemocrático interno.

  • José Ramón Villanueva Herrero

    Las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre en los EE.UU. va a tener innegables consecuencias en el ya de por sí agitado mapa de la política internacional, especialmente, en el supuesto caso de que Donald Trump, el multimillonario candidato del Partido Republicano, se convirtiera en el nuevo inquilino de la Casa Blanca

  • Fernando Bolea Rubio

    El comité federal de 1 de octubre de 2016, será tristemente recordado en la historia del Partido Socialista. En él, tuvo que dimitir el secretario general, Pedro Sánchez, que había sido elegido por primera vez por los afiliados en elecciones primarias, hace veintiséis meses. Sin embargo, este procedimiento que era muy reclamado, siendo fundamental para la democracia interna y que con tanta ilusión se recibió; ahora no se tendrá en cuenta, cometiéndose un gran error, que el partido orgánica y electoralmente pagará caro.