La superstición del trabajo asalariado

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Marquesán Millán, Cándido

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Chaplin

En "El trabajo ya no es necesario", Franco Berardi (Bifo), reflexiona sobre el trabajo. Es muy interesante, no en vano, todos estamos obsesionados por tener o mantener un puesto de trabajo, y así obtener un salario, con el que podamos vivir o sobrevivir. Señala que a finales de los 70, tras diez años de huelgas salvajes, la dirección de la FIAT reunió a los ingenieros para que introdujesen modificaciones técnicas para reducir el trabajo necesario y despedir así a los extremistas, que habían bloqueado las cadenas de montaje. Y efectivamente la productividad aumentó cinco veces entre 1970 y 2000. Un obrero podía producir lo que cinco en 1970. Moraleja: las luchas obreras sirven entre otras cosas para que los ingenieros consigan aumentar la productividad y para reducir el trabajo necesario. En principio es positivo, si los obreros tienen la fuerza, –en aquel tiempo la tenían– para reducir la jornada laboral con el mismo salario. Y pésimo, si los sindicatos se oponen a la innovación y defienden los puestos de trabajo al no comprender que la tecnología cambia todo y reduce el trabajo. Aquella vez los sindicatos creyeron desgraciadamente que la tecnología era un enemigo. Ocuparon las fábricas para defender el puesto de trabajo y el resultado fue que los obreros perdieron todo. Una pequeña minoría dijo entonces: trabajar menos para trabajar todos, y alguien más listo: trabajar todos para trabajar menos. Fueron tachados de extremistas, y a algunos los arrestaron por asociación subversiva. Pero se podría haber hecho algo muy distinto.

En una entrevista en EN-CLAVES Del pensamiento año XIII, nº 23, enero-junio, 2018, Bifo afirma que la izquierda perdió su gran ocasión a finales de los años 70. Hubo un momento desde 1968 hasta finales de los setenta o principios de los ochenta, en que la fuerza del movimiento obrero, la fuerza de la tecnología, es decir, la alianza entre conocimiento y libertad habría hecho posible un cambio profundo del paradigma social: imponer al capitalismo, a la clase dirigente, una reducción considerable del tiempo de trabajo. Trabajar menos no devalúa, no quiere decir que nos haremos perezosos, que dormiremos sin hacer nada, no. Haremos las cosas más indispensables para la vida humana. Y además leer libros, escuchar música, y hacer el amor. Relacionarnos felizmente. Existía esta posibilidad en la conciencia de mucha gente en muchos países. Esta posibilidad se perdió porque el movimiento obrero identificó su supervivencia con el trabajo asalariado. Decidió defender la composición existente del trabajo, antes que correr el riesgo de una profunda mutación antropológica, más aún que política. ¿Cuarenta años después somos todavía capaces de volver a ese punto de restituir la felicidad?, ¿De reducir el trabajo a la cantidad necesaria? Sin embargo, para Bifo es la única salida a la catástrofe, catástrofe psíquica, antes que política y económica. Y como ese es el camino, debemos repetir que esa posibilidad existe gracias a la técnica. Pero la técnica sin conciencia no puede producir nada bueno.

Mas, la realidad hoy es la que es. El desempleo es hecho estructural. Millones de personas sin trabajo y otros lo perderán en el futuro debido a una razón muy simple: nomaxresdefault.jpg hace falta trabajo. La informática, la inteligencia artificial, la robótica hacen posible la producción de todo lo necesario con cada vez menos trabajo humano. Este hecho evidente para cualquiera que razone, pero nadie puede decirlo: es el tabú de todos los tabúes, porque todo el edificio de la sociedad actual se basa sobre la premisa de que quien no trabaja no come. Una premisa imbécil, una superstición, un hábito cultural del que habría que liberarse.

No obstante, economistas y gobernantes, en vez de encontrar una vía de salida a esta superstición del trabajo asalariado, insisten en prometer la vuelta del crecimiento y así del empleo. Y además un aplazamiento de la edad de jubilación de los 60 a los 62, 64, 65, 67 o 70. ¿Puede explicar alguien el misterio según el cual para resolver el desbordante desempleo haya que perseguir cruelmente a los viejos para que sigan trabajando, forzándoles jadeantes a esperar una pensión cada vez más reducida? Pero esta falta de lógica en el sistema capitalista, podemos observarla en otros aspectos. Periódicamente se producen crisis de sobreproducción. Una avalancha de oferta no está equilibrada por un nivel de demanda equivalente. Cada cierto tiempo se necesita una crisis o una guerra de gran envergadura para desprendernos del exceso de oferta. Producimos demasiado, trabajamos demasiado, y al hacerlo destruimos nuestra propia economía. Una situación semejante, no menos dramática, caracteriza la relación entre producción y recursos naturales. Para mantener los actuales niveles de producción y consumo, nos obstinamos en destruir el conjunto de reservas naturales. La sobreproducción causa estragos en la economía global y también en la naturaleza. Nuestro trabajo excesivo no solo conduce a una crisis económica, sino a una catástrofe ambiental. Al mismo tiempo, disponemos de suficiente tecnología para prescindir de la mayoría del trabajo humano. Pero en lugar de servirnos para incrementar nuestro ocio competimos con ella. Y siendo esto tan claro, termino preguntando: ¿No será que el trabajo asalariado sirve para disciplinar a la clase trabajadora?

 

El Periódico de Aragón 30-3-2019

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