LECCIÓN DE CIUDADANÍA

Imagen de pvegac

Estas últimas semanas hemos leído y oído, en todos los medios de comunicación de nuestra comunidad, dos noticias que tienen un nexo de unión entre ellas: los ciudadanos se manifiestan disconformes con determinadas medidas de las instituciones públicas, a tenor del importante número de artículos de opinión y de cartas al director que en este mismo periódico han sido publicadas.

Una de ellas ha sido la decisión inicial tomada por el Alcalde de nuestra ciudad, de llevar el mercadillo a uno de los espacios más agradables y queridos por los zaragozanos: "El Parque Grande". La segunda noticia era la existencia de un borrador de protocolo sobre colaboración entre los gobiernos de Cataluña y Aragón acerca del futuro de los bienes eclesiásticos que, de acuerdo con la resolución de los Tribunales eclesiásticos, deben de ser devueltos al Obispo de Barbastro-Monzón por el de Lérida.

Reposadas dichas noticias, cambiadas algunas de las decisiones, querría aportar algunas reflexiones a un debate ya más calmado por el paso de los días.

El malestar que hemos contemplado estos días es bastante viejo. Los políticos son escasamente valorados por los ciudadanos. Así se refleja en la mayoría de las encuestas de opinión. Las causas han variado. Me atrevería a señalar que, en estos momentos, sería la distancia entre lo que tendrían que hacer y lo que hacen, la posible contradicción entre sus compromisos electorales y los hechos que desarrollan una vez ganadas las elecciones. Todos recordamos una frase pronunciada por los jóvenes al candidato J. L. Rodríguez Zapatero, tras el triunfo electoral del PSOE el 14 de marzo del 2004: "No nos falles".

La actual Presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, y candidata a ser reelegida manifestaba hace unos días: "Los finlandeses ante el fenómeno de la desglobalización quieren protección. Esperan de mí que diga a los grandes patrones: "¡Basta! esto no es correcto"; "La gente quiere respuestas inmediatas a sus problemas, y eso también es un desafío para la democracia". Con estas declaraciones demuestra que, en un mundo cada vez más complejo y difícil de entender, es capaz de comprender la realidad finlandesa, interpretarla y poder actuar para transformarla. Ella es considerada una política competente y cercana a sus compatriotas. Los políticos competentes son aquellos que demuestran una capacidad para tomar decisiones colectivas en situaciones de elevada complejidad.

En política, además de gestionar, se ha de tener capacidad de innovar. Esta capacidad se demuestra en saber detectar los problemas, nombrarlos y hacerles frente. Tan imperdonable puede ser la indecisión como la mala decisión. Además se puede correr el peligro que si no se decide en el momento correcto, los hechos ocurran sin defender adecuadamente el bien común. Los aragoneses hemos echado en falta voces claras y contundentes que dijeran al Obispo de Lérida: ¡Basta! Esto no es ni correcto, ni cristiano.

Las medidas tienen su momento adecuado que no se puede dejar pasar ¿No creen que ahora debería ser el momento de determinar el lugar apropiado para la ubicación definitiva del mercadillo? Búsquese el asesoramiento técnico necesario pero asúmase la responsabilidad de tomar la decisión, dado que la responsabilidad política no es delegable. Siendo, así mismo, conscientes de que la política es el arte de hacer lo mejor posible bajo unas condiciones dadas.

Tomada la medida explíquese a los ciudadanos (cuántos malentendidos se habrían evitado si se hubiera manifestado claramente el borrador acordado por las Consejeras Catalana y Aragonesa de Cultura). El político adquirirá prestigio no apropiándose de las cosas como si fueran un secreto. La manifestación, en una discusión clara y abierta, servirá para mejorar el proyecto.

El debate crítico es necesario, a pesar de la incomodidad que representa para los que ostentan el poder. Es bueno recordar la necesidad de que le vean con otros ojos. A veces los menos valiosos se encuentran entre los seguidores más devotos ya que la obediencia partidaria no es buena consejera. Los políticos inteligentes son aquellos que saben aprovechar las ideas alternativas, surgidas de la discrepancia, como materiales para mejorar la toma de decisiones.

Creo que en nuestra comunidad se ha abierto un tiempo nuevo. Me encuentro entre los optimistas que consideran que se puede producir una revitalización de la política. Entiendo que ser ciudadano es participar en las prácticas públicas que sustentan y, en buena medida, definen una comunidad. Los aragoneses y zaragozanos han dado una lección de ciudadanía en estos últimas semanas, utilizando la nueva ágora pública, los medios de comunicación. Ahora el reto es de los responsables públicos. Sería necesario que asumieran un mayor compromiso con los ciudadanos y abrieran nuevos cauces a la participación de estos.