'Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación'

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Marquesán Millán, Cándido

Acabo de leer con auténtico gusto dos veces, algo que no recuerdo haberlo hecho desde hace mucho tiempo, el libro Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación, de Víctor Guiu profesor del IES de Valderrobres en la provincia de Teruel. El autor nacido en Híjar, como el que escribe estas líneas, de la misma provincia, sabe muy bien de qué habla. Vive y profesionalmente ha trabajado siempre en la provincia, en distintos ámbitos, ahora en la enseñanza, aunque también en proyectos de desarrollo rural, ya desde en 1999. Ha sido fundador del Centro de Estudios del Bajo Martín, desde el que se han puesto en marcha muchas actividades culturales. Un gran poeta. Y amigo.

libro lo rural ha muerto 2Para el título Lo rural ha muerto, viva lo rural se sirve de la expresión ritual francesa "El rey ha muerto, viva el rey", con la que se daba continuidad al sistema monárquico a la muerte de un rey y la coronación del siguiente, es "un ejercicio literario e irónico de todo lo que gira entorno a la despoblación". En cuanto al subtítulo Otro puñetero libro sobre la despoblación, no hace falta explicarlo ante la avalancha de lujosas publicaciones desde el ámbito universitario muy bien financiadas por instituciones públicas y privadas, para autojustificarse ante la ciudadanía sobre su gran preocupación sobre el tema de la despoblación. Está de moda el tema de la despoblación, pero el problema sigue igual, a pesar, como dice el mismo autor con esa carga de ironía que le caracteriza, que casi hay más técnicos, jornadas, encuentros, libros, entrevistas y reportajes del medio rural que gente viviendo en él. Incluso se ha creado una vicepresidencia en el Gobierno de Pedro Sánchez, la de Transición Ecológica y Reto Demográfico.

El libro está plagado de historias y situaciones muy reconocibles. No hay ningún sitio concreto ni personajes reales. Solo podemos reconocer a algunos quienes somos de la provincia

Es un libro que podría clasificarse como ensayo. El autor señala que a lo largo de los años ha recopilado muchísimas anécdotas que le hicieron pensar que lo que el veía no se correspondía con el discurso imperante. El curso 2018-2019 estuvo como profesor-encargado en una Residencia de Estudiantes en Teruel conviviendo con un centenar de chavales procedentes del mundo rural, lo que le permitió conocer mejor esta problemática. La estructura de lo académico, nos dice, no le dejaba reflejar esta realidad como él quería y optó por hacer un libro. Y, además, si todo el mundo escribe de despoblación, yo que lo he visto de primera mano, ¿por qué no? El libro está plagado de historias y situaciones muy reconocibles. No hay ningún sitio concreto ni personajes reales. Solo podemos reconocer a algunos, quienes somos de la provincia. Su propósito ha sido que lo pudiera leerlo gente de Teruel y de cualquier otra provincia del medio rural español y que pudiera sentirse identificado. Obviamente también gente de otras latitudes preocupadas por la despoblación de la España interior. No obstante, todas las situaciones y anécdotas han sucedido. O a él o le han llegado por su trabajo. Por ello, lo que cuenta es extrapolable a la España interior, de Soria, Teruel, Segovia, Ávila o Zamora… Es muy ameno, cargado de ironía y de crítica hacia muchos de los tópicos impuestos al mundo rural desde el ámbito urbano.

Hablemos de algunos de estos tópicos, que ha interiorizado la población rural, y que será muy difícil de erradicar. Nos dice que a los jóvenes no se les pregunta y siguen queriéndose ir. Cabría también añadir que tampoco se les pregunta a los adultos. Argumentan «aquí no hay de nada». Este tópico es cuestionable. Hoy hay mejores servicios que hace 30 años y somos muchos menos. Fijémonos en el ámbito educativo. En el medio rural hay escuelas unitarias de muy alta calidad. Muchas de ellas usan metodologías muy avanzadas. Y en cuanto a enseñanzas medias en todas las cabeceras de comarca en Aragón existen institutos, que no son peores que los urbanos. Y los alumnos que no son de la localidad del IES disponen un trasporte escolar gratuito. Y en el ámbito sanitario, salvo excepciones tienen relativamente cerca Centros de Salud comarcales o un Hospital. Además en muchos pueblos existen muchas asociaciones culturales, deportivas, que propician mucho más las relaciones humanas que en la ciudad, en la que cada uno va a lo suyo. Los problemas de soledad se dan especialmente en las ciudades.

Pero resulta complicado luchar contra ese tópico de “aquí no hay nada”. Sobre todo entre los jóvenes porque están inmersos en esta sociedad de consumo, y dicen no tener a mano un gran Centro Comercial. Visión muy equivocada, ya que los jóvenes de la ciudad no están todos los días en el Centro Comercial. Por otra parte, tampoco hoy en día existe una gran diferencia a nivel cultural entre un joven urbano y otro rural. Disponen ambos de móvil, ordenador, escuchan la misma música, se visten y divierten igual. Se puede hablar de un híbrido rural-urbano.

Se pregunta por qué estamos tan pocos y la solución pasa por tener a gente que se quiera quedar y, sobre todo, gente vinculada e involucrada. Y si estos no se quieren quedar… Pues algo se está haciendo mal. Las soluciones son las mismas de hace 50 ó 60 años. Hay mucha gente, demasiada, estudiando esta problemática, mayoritariamente desde los despachos sin pisar el terreno, y los diagnósticos se siguen fijando en el empleo y las infraestructuras que, siendo importantes, no son la únicas causas de la despoblación.

Fijémonos en el empleo. Se dice es que no hay trabajo en el mundo rural. Lo que en parte no es cierto. Existen muchos puestos de trabajo de alta cualificación, como docentes, sanitarios, médicos o trabajadores de la banca, que no sirven para fijar la población, ya que nada más acaban su jornada de trabajo huyen despavoridos hacia la ciudad. ¿Cómo no van a querer irse también los alumnos del instituto, al ver las prisas de su profesor, que es su referente, para huir del pueblo? Además en Aragón algunas plazas, sobre todo, en el sector sanitario no se cubren, pero no solo en los pueblos, sino también en ciudades de cierto calibre, como Teruel capital, Barbastro o Alcañiz.

En cuanto a las infraestructuras, el Bálsamo de Fierabrás para todos los problemas de la despoblación de la España interior, aparece una anécdota en el libro muy aleccionadora, que reproduzco: “Recuerdo que me ocurrió hace años en un pueblo al que le estaban arreglando la carretera. Sentado al carasol en un banco de la plaza le ofrecí de fumar a un paisano con su bastón y boina reglamentaria.

-¿Qué tal está caballero? Estarán contentos en el pueblo que por fin les arreglen la carretera.

-Mira zagal. Si la carretera es mu mala nadie quiere venir… pero si la arreglan demasiau nos marcharemos todos”.

Y acierta de pleno, ya que no hay nada más desvertebrador para el medio rural que una autovía o una línea de AVE. El pueblo se queda al margen como un simple cártel de la autovía. Lo que consigue con ello es que los que tienen el trabajo en el mundo rural, vivirán en la ciudad. Un ejemplo es la Autovía Mudéjar que pasa a unos kilómetros de Daroca provincia de Zaragoza, donde existe un establecimiento penitenciario. A pesar de haber construido viviendas para los funcionarios, todos se marchan a Zaragoza diariamente.

También analiza las diferentes iniciativas llevadas a cabo para mantener o atraer a la población en el mundo rural. Desde el inmigrante marroquí para desempeñar el oficio de pastor, o la rumana para encargarse del bar del pueblo; o iniciativas de emprendedores con ayudas o subvenciones oficiales. No pocas fracasadas. Pero la realidad es la que es, la gente se quiere ir a la ciudad. Y de momento, parece irreversible tal tendencia. Lo primero sería que la población rural se liberase de determinados tópicos, impuestos desde la ciudad. El del victimismo, que también tiene ella misma mucha parte la culpa, del paternalismo en el sentido de que todo nos lo tienen que dar hecho desde la ciudad, y de cierto complejo de inferioridad con respecto a la ciudad, expresado en el hecho “ de que permanecer en el pueblo es un fracaso”. La población rural tiene que recuperar la autoestima.

Lo descrito hasta ahora se explica porque el mundo rural es subsidiario del medio urbano y cada vez más. Para unos urbanitas el mundo rural tendría que ser un geriátrico gigante, donde aparcar a los ancianos, si no lo es ya en cierta manera. Para otros urbanitas, el mundo rural es como un parque temático porque todo hay que «ponerlo en valor» y que venga gente a vernos. Con la sorna que le caracteriza, el autor, se inventa el término de RuralLandia, disponible para los urbanitas en los puentes, veranos, semanas santas y fiestas de guardar. Vengan aquí, les esperamos para asar chorizos, disfrazarnos con el traje regional; y hacer procesiones, sacar fotos y poderlas colgar en las redes sociales. Se lo van a pasar de puta madre. Les esperamos. Para otros urbanitas somos objetivo de macroproyectos de lo que sea, para ganar dinero sobre todo en la ciudad. En el pueblo solo caen las migajas. Como está ocurriendo con los aerogeneradores implantados desde la ciudad sin contar con la población rural y sin una adecuada ordenación del territorio y si no estás de acuerdo, los llevarán los llevarán al pueblo de al lado y les va a afectar igual.

Como colofón es un libro escrito desde la emoción, que lo que escribe lo siente y lo vive. Y le duele. Muy bien escrito y además muy ameno, lo que es de agradecer. Como he dicho es un ensayo, que se lee como si fuera un relato novelado. Habla de muchos temas: educación, propiedad de la tierra, de la gente que quiere vivir en el pueblo y que no puede, de cómo influye el amor y los casamientos, de convencer a toda la familia de vivir en el pueblo, de las tradiciones, del lenguaje", aludiendo a todos los sectores, "intentando sugerir que la solución está en nosotros mismos".

 

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ABAD BASCUES BENITO ALMUDEVAR
ABAD BASCUES MARCELINO ALMUDEVAR
ABAD BASCUES TOMAS ALMUDEVAR
ABAD BERGES FRANCISCO BELLVER DE CINCA
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