Megáfonos de honor

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Fernando Bolea Rubio

En un artículo pensado con el trasero que Cándido Méndez no se merece, titulado “Cándido apagó su megáfono”, el periodista Rubén Amón (antes en El Mundo, ahora en El País); el domingo pasado se ensañó a gusto con el anterior secretario general de UGT, afirmando: “Puestos a defender el trabajo, Méndez ha defendido el suyo más que ningún otro”. Algo que nunca se debe decir de un sindicalista honrado y trabajador, como es Cándido; a no ser que se pretenda destruir el sindicalismo de clase, yendo descaradamente contra él con falsedades y desvergüenzas. Dice también, “Cándido Méndez era el sistema y era la casta”, ¿y que más?, Añadiendo, “la primera palabra que aparece en el buscador junto a Cándido Méndez es Rolex”.

¡Qué gracioso! Otra vez la misma falacia. Los enemigos del sindicalismo en un siglo no han avanzado nada, mienten con la misma caradura de toda la vida, dado que al fundador de UGT, Pablo Iglesias Posse, ya le decían que vestía costosos abrigos. El afectado dice que no tiene ese dichoso reloj, pero si Cándido tuviera un Rolex ¿qué? ¿No puede tenerlo? Otros tienen bienes que cuestan más, sin que esta destructiva jerga periodística los señale. La razón es muy sencilla, no van a por relojes, sí contra el sindicalismo y, sobre todo, a por la Unión General de Trabajadores, porque en 126 años no han podido con ella, ni podrán nunca.

Cuando Cándido fue elegido en 1994 yo no le voté, ni tampoco lo hice en el Congreso Confederal Extraordinario de 1995, donde se impuso a Manuel Fernández López “Lito” por tan solo 64 votos. El compañero y amigo Lito, tristemente fallecido en junio de 2014, era el secretario general estatal de la federación del metal y mi candidato. Los dos llegamos a las secretarías generales con unos días de diferencia, yo a la del metal de Zaragoza el 7.10.1988 y Lito 25 días después, el 22.10.1988 alcanzó la suya. Precisamente en ese congreso federal del metal en el que fue elegido, coincidimos en la mesa del mismo, el recientemente elegido secretario general confederal de UGT, Josep Maria Álvarez (Pepe Álvarez para nosotros), como presidente del congreso y yo como vicepresidente del mismo. Los dos pertenecíamos al equipo de confianza de Lito desde hacía años, compuesto por una docena de personas, las cuales nos reunimos y trabajamos mucho para llegar hasta allí.

Precisamente, en la preparación de la candidatura al congreso confederal del 94, sucedió un hecho destacable que demuestra la honestidad que Lito tenía. Él fue nuestro candidato -aunque finalmente la candidatura no se presentó en esa ocasión, si bien se hizo en el del 95-; pero no se impuso a los demás diciéndonos que él quería ser. El equipo de apoyo estábamos reunidos para tal fin y Lito lo único que nos dijo fue: “El congreso confederal se va a celebrar y tenemos que decidir si como metal presentaremos un candidato a la secretaría general y a quién”. Seguidamente, yo tomé la palabra y dije: “Nuestra federación es la más fuerte y numerosa del sindicato y tenemos la obligación de presentar un candidato. Y, evidentemente, esa persona tienes que ser tú y te ruego que lo aceptes”. Todos los demás compañeros estuvieron de acuerdo con mi propuesta y Lito asumió la responsabilidad de presentarse en ese momento histórico, al serlo por el relevo del histórico, Nicolas Redondo, de la secretaría general.

Queda claro que mis preferencias eran otras, sin embargo con Cándido me he llevado muy bien también, por su empeño y cercanía. Siempre ayudaba estando su teléfono disponible ante cualquier contratiempo. En la fábrica de GM España nos dio su apoyo ante las grandes dificultades, como fue el intento de deslocalizar el modelo Meriva a Polonia que entonces hubiese supuesto la desaparición de media fabrica y el despido de en torno a 4000 trabajadores. En una ocasión, en el aeropuerto de Berlín, coincidí en la cola de embarque con Cándido y las delegaciones de UGT y CCOO que venían de un congreso en Suecia. A él se le veía sumamente cansado. En el vuelo iba sentado en el asiento delante de mí y pude observar claramente su agotamiento. Al llegar a Madrid le dije, vete inmediatamente a casa sin perder más tiempo. El secretario general del otro sindicato, José Maria Fidalgo lo hizo, pero Cándido no. Allí se quedó ayudando a los demás compañeros y compañeras hasta que todos estuvieron dispuestos, yéndose el último a descansar.

Del flamante nuevo secretario general confederal, Pepe Álvarez, elegido en el 42º Congreso Confederal el 12.03.2016, tengo igualmente un grato recuerdo. Es un metalúrgico nacido en Asturias como Lito, de allí provenía la fuerte amistad que los unía. A los 19 años se trasladó a Cataluña, llegando a ocupar la secretaría general del metal de Barcelona y después la de UGT en esa comunidad. En el Comité Confederal y en los congresos, sus intervenciones eran las mejores y las más esperadas. Se puede decir que se formó un trío fantástico de sindicalistas y cuadros orgánicos compuesto por Lito, Álvarez y Manolo Garnacho de construcción, que coincidía con ellos y se apoyaban en todo. En la ejecutiva confederal ha entrado además, Gonzalo Pino, colega de automoción y amigo de Ford España, con el que coincidí bastantes años, él siendo secretario general de la sección sindical de UGT allí y yo en GM España.  

“Cándido ha apagado su megáfono”, pero el suyo, junto al de Lito, Álvarez y Garnacho, han sido y serán siempre megáfonos de mucho honor sindical, que los ugetistas respetamos y admiramos de verdad, aún habiendo por ahí periodistas antisindicales y de mala fe. Un sindicalista... nunca apaga el megáfono.

 

 

 

 

18.03.2016                                                                             Fernando Bolea Rubio

                                                                                              Sindicalista

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