MEMORIA REPUBLICANA EN EL PLATEAU DE GLIÈRES

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Villanueva Herrero, José Ramón

 Tras la derrota de Francia ante la Alemania nazi en 1940, la situación de los miles de republicanos españoles exiliados en territorio galo, ya de por sí precaria, empeorará todavía más. Este fue el caso de los varios centenares de ellos que, en septiembre de 1940, fueron enviados en vagones de ganado a Annecy, capital del departamento de la Alta Saboya, en la zona de los Alpes. Con este contingente de prisioneros republicanos se formaron varias Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), destinadas a realizar trabajos agrícolas, desecación de pantanos, trazado de caminos, etc.

Pese a las duras condiciones que padecen, nuestros compatriotas mantienen vivo el espíritu de resistencia antifascista y bastantes de ellos logran huir y se unen al maquis  en las montañas alpinas. Este fue el caso de Miguel Vera quien, tras escapar de la 517 CTE, empezó a organizar clandestinamente la resistencia a partir de junio de 1942. Desde este momento, y tras la aparición del primer maquis en Les Villars-sur- Thônes (diciembre 1942), le siguieron los grupos guerrilleros formados únicamente por españoles, entre abril-diciembre de 1943, en Mont Veyrier, Col de Colombière, Combre de’Ire, Semnoz y Bochet de Serraval. Estos grupos serán la admiración de la Resistencia francesa y todos los testimonios coinciden en destacar que los guerrilleros republicanos españoles tuvieron un comportamiento ejemplar por su disciplina y eficacia combativa.

En diciembre de 1943, Miguel Vera, el principal jefe de las guerrillas republicanas españolas que combatían en los Alpes, entró en contacto con Tom Morel, miembro del Estado Mayor de la Resistencia en la Alta Saboya, acordando ambos crear una organización militar de resistentes: así surgió la llamada “Sección Ebro”, que recordaba en su nombre la sangrienta batalla de la guerra de España y que estaba dividida en dos grupos de combate denominados “Ebro” y “Refuerzo Ebro”, cuyos mandos militares, tanto franceses como españoles, quedaron bajo la dirección de Morel.

Poco después, en enero de 1944,  el Premier británico Winston Churchill decidió suministrar armamento a la guerrilla que, desde los Alpes, combatía a los nazis y a sus aliados del régimen  colaboracionista de Vichy del mariscal Pétain, una importante misión en la cual la Sección Ebro desempeñó un papel destacado. Los suministros serían enviados desde Inglaterra por vía aérea al Plateau (meseta) de Glières, en plena cordillera alpina, donde debían recibirse las armas con la luna llena del mes de febrero de 1944. La defensa de dicho lugar se encomendó a la Sección Ebro que se instaló en Glières el 1 de febrero, , encomendándose a los republicanos españoles la defensa de las posiciones más difíciles. Allí combatirían 56 de nuestros compatriotas al mando del comandante Miguel Vera y de otros jefes de la Sección Ebro  como Gabriel Vílchez (a) “capitán Antonio”, Ángel Carrasco (a) “el Maño” o Antonio Jurado.

Durante todo el mes de febrero y hasta finales de marzo, resistieron allí los embates de las fuerzas del régimen de Vichy que los cercan y atacan por todas partes. Ante el fracaso de las tropas pétainistas por apoderarse Glières, a partir del 15 de marzo se envió al lugar a una unidad de élite nazi, a la 157 División Alpina de la Wehrmacht, a la vez que se lanzaron contra los defensores constantes ataques aéreos y un permanente fuego de artillería pesada. Tras resistir a duras penas las condiciones climáticas y estratégicas casi dos meses, el 26 de marzo los supervivientes se ven obligados a replegarse, dejando un balance de 175 muertos y 46 prisioneros, muchos de ellos asesinados después por los nazis, como Paulino Fontova Salas, natural de La Almunia, que fue fusilado el 27 de marzo.

Pese a la derrota militar, la  lucha de los resistentes en Glières, y de forma especial de la Sección Ebro, fue considerada por algunos historiadores como una victoria psicológica, como un símbolo del espíritu de resistencia frente al ocupante, como la primera gran batalla por la liberación de Francia.

Pero la lucha continuaba. Posteriormente, Miguel Vera aún consiguió reagrupar a los combatientes de la Sección Ebro y reconstituir un nuevo maquis en Semnoz (abril 1944) con el que realizó diversos sabotajes, voladuras de puentes y ataques a convoyes alemanes. Además, los republicanos españoles participaron en la liberación de Annecy (19 agosto 1944), donde recibieron una acogida triunfal. En septiembre, una vez liberada la Alta Saboya, las guerrillas españolas todavía participaron en los combates de los valles de Tarentaise y Maurienne.

A modo de balance, en Glières, como en tantos otros lugares de Francia,  los republicanos españoles dieron sobradas pruebas de su calidad como combatientes. Así lo reconocía Julien Helfgott al señalar que la Sección Ebro fue una de las mejores unidades armadas de la Resistencia ya que, “los largos años en el exilio les habían dado extrema resistencia. Tenían el arte de vivir con pocas cosas, de instalarse con casi nada. Su conducta ejemplar fue sólo uno de los numerosos testimonios de su lealtad”. Por su parte, André Malraux evocó estos hechos aludiendo a que “la historia de Glières es una simple y bella historia”. De igual modo, José Ángel Valente dedicó a estos hechos un emotivo poema titulado “Cementerio de Morette-Glières 1944”, lugar en el que reposan los restos de 9 de republicanos españoles y en el que evocaba la lucha de la Sección Ebro: “No reivindicaron / más privilegio que morir / para que el aire / fuese más libre en las alturas / y los hombres más libres”.

En recuerdo de aquellos hechos, el ejército francés, pese a su chovinismo, mantiene en la actualidad, dentro del 27º Batallón de Cazadores Alpinos, una unidad denominada “Compañía Ebro”, en homenaje  a la memoria de los republicanos españoles que combatieron en el Plateau de Glières.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón,  20 febrero 2017)

 

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