NEGOCIAR CON ETA

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José Ramón Villanueva Herrero

Resulta grave y preocupante la táctica de oposición adusta, dura y demagógica de la derecha en un tema tan sensible como la lucha antiterrorista, aspecto este que debe ser siempre política de Estado y, por ello, quedar al margen de las disputas políticas partidarias. Y es que, a Zapatero, la derecha le está negando algo que se le concedió al resto de los presidentes de la democracia española: dialogar con ETA para lograr la paz.

El Gobierno del Presidente Zapatero tiene plena legitimidad política para dialogar con ETA, máxime cuando cuenta con un amplio respaldo en tal sentido por parte del Parlamento. Consecuentemente, la negociación debe centrarse en la entrega de las armas y en la situación de los presos etarras, asumiendo, con generosidad, salidas que permitan su reinserción social y política. Ciertamente, siempre quedarán sectores irreductibles, contrarios al acuerdo, pero un horizonte de paz puede suponer una fractura en el conglomerado político y social que respalda a ETA. Eso es precisamente lo que ocurrió en la negociación entre el Gobierno de UCD y ETA (político-militar) en 1982, el cual, gracias a la mediación de hombres de la talla de Juan María Bandres y Mario Onaindía, dió como resultado el abandono de las armas y la reinserción social y política de los etarras "polis-milis".

La negociación política con ETA quedó legitimada en el ya lejano Pacto de Ajuria Enea para la normalización y pacificación de Euskadi, firmado en 1988 por todos los partidos democráticos, el cual, en su punto 10º, decía textualmente que, "si se producen las condiciones adecuadas para el final dialogado de la violencia, fundamentadas en una clara voluntad de poner fin a la misma y en actitudes inequívocas que puedan conducir a esa convicción, apoyamos procesos de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia". Con este horizonte, se realizaron las fracasadas negociaciones de Argel en 1989 entre el Gobierno de Felipe González y ETA. Una nueva esperanza se generó cuando el entonces Presidente Aznar autorizó el 4 de septiembre de 1998 establecer contactos con la banda etarra. De este modo, Aznar apostaba (y eso le honra) por iniciar el difícil camino de dialogar con ETA, a la cual, aludió ese día como "Movimiento Vasco de Liberación": ningún Presidente de Gobierno había sido tan suave a la hora de referirse a la banda terrorista, lo cual era especialmente significativo en su caso puesto que Aznar había sido objeto de un atentado etarra.

El camino se inició sin ninguna crítica de la oposición, más aún, con pleno apoyo de Zapatero, entonces líder de la oposición: la cuestión lo merecía. Por eso, cuando ahora se critica de forma implacable al Gobierno socialista por intentar lograr la paz, cuando se escuchan las declaraciones de Rajoy y Acebes (dos exministros del Interior, por cierto), hay que recordar que el expresidente Aznar no dudó en tomar medidas para crear un ambiente favorable para el diálogo con ETA como el acercamiento a Euskadi de 126 presos etarras. Tambien, a principios de diciembre de 1998, se celebró una reunión entre el PP y HB, a la que asistieron, por parte de los populares, Zarzalejos, Martín Fluxá y Arriola, mientras que, por parte batasuna estaban presentes Otegi, Diez Usabiaga y Barrena. Tras ella, el Gobierno requirió un estudio para acelerar la transferencia de competencias y su posible ampliación al Gobierno Vasco. Los citados dirigentes populares, enviados por Aznar, se reunieron el 19 de mayo de 1999 en Suiza con los miembros de la dirección de ETA Mikel Antza (responsable del aparato político) y con Belen González (a) "Carmen", (exmiembro del "Comando Madrid" sobre la que pesaban 4 asesinatos). El diálogo no prosperó y, cuando el 28 de noviembre de 1999 ETA anunciaba el fin de la tregua, Aznar pudo decir, con toda legitimidad en su Declaración institucional que "me comprometí como Presidente del Gobierno a impulsar con toda determinación las iniciativas que condujeran a un proceso de paz...[...] Autorice el diálogo con ETA para acreditar su voluntad al cese definitivo de la violencia". Exactamente igual que ocurre en la actualidad con el nuevo Gobierno socialista.

Para lograr el final de la violencia, habrá que tener constancia, convicciones y, tambien, generosidad histórica. La misma que tuvieron las fuerzas progresistas españolas cuando, en plena Transición, se aprobó la Ley de Amnistía (1977) que, de hecho, supuso una autentica "ley de punto final" para con los crímenes y los represores del franquismo. Es una oportunidad histórica y la derecha vociferante debería ofrecer al Gobierno de España el mismo respaldo leal que recibió durante el proceso negociador que Aznar inició durante 1998-1999. A quienes tanto hablan de la "claudicación" de Zapatero, hay que recordarles que, el 5 de noviembre de 1998, Aznar manifestaba estar dispuesto "al perdón y a la generosidad" si ETA renunciaba a la violencia. A pesar de los anteriores engaños de ETA, de la oposición cerril de la derecha, hoy como ayer, el perdón y la generosidad de los que hablaba Aznar seguirán siendo necesarios. Pues pase lo que pase, nuestros gobernantes tienen el deber moral y político de hacer todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz en Euskadi, como en su día lo intentaron Suárez, González, Aznar y, ahora, Rodríguez Zapatero.

 

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