OTRO GOBIERNO Y 36 MESES ATRÁS

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Fernando Bolea Rubio

En España se llevan tres años cometiendo un error político tras otro, sin que el Gobierno ni la oposición enmienden tan fatal trayectoria. En mayo del año diez, el expresidente Zapatero dio un incomprensible giro conservador a su política aceptablemente progresista, perdiendo su credibilidad y la del PSOE. En el presente mayo del año trece, el Presidente Rajoy ha conducido el país hasta la escalofriante cifra de 6,2 millones de parados (primer trimestre EPA), batiendo todos los récords de infortunio; quedando tanto él como el PP, desacreditados y sin la confianza ciudadana necesaria para seguir gobernando.

En España se llevan tres años cometiendo un error político tras otro, sin que el Gobierno ni la oposición enmienden tan fatal trayectoria. En mayo del año diez, el expresidente Zapatero dio un incomprensible giro conservador a su política aceptablemente progresista, perdiendo su credibilidad y la del PSOE. En el presente mayo del año trece, el Presidente Rajoy ha conducido el país hasta la escalofriante cifra de 6,2 millones de parados (primer trimestre EPA), batiendo todos los récords de infortunio; quedando tanto él como el PP, desacreditados y sin la confianza ciudadana necesaria para seguir gobernando.

José Luis Rodríguez Zapatero hizo una política social y sindicalmente asumible, en los cinco primeros años de su mandato; pero el día 12 de mayo del sexto, el Ejecutivo socialista revolucionó el Parlamento aprobando dieciocho medidas neoliberales o fuera de programa y trayectoria, que nadie entendió y todo el mundo censuró. Como congelación de las pensiones, recorte salarial a los trabajadores de la administración pública, ampliación de la jubilación de 65 a 67 años (finalmente pactada con los sindicatos), entre otras extrañezas. Todo fue para echar comida a los tigres financieros sin contar con el pueblo, a pesar de que la deuda pública era solamente del 60,1% del PIB, una de las más bajas de Europa. Con este bagaje, en víspera de las Elecciones Generales del 20-N de 2011, el Presidente Zapatero, cayó al ridículo porcentaje del 3,3% de aceptación; siendo el de Mariano Rajoy, aún más bajo, de un 3,25%, a pesar de ser el flamante candidato estrella de la derecha y seguro ganador.

Con este antecedente, del nuevo líder de la nación se podía esperar poco. Por sus características y trayectoria política, se sabía lo que el personaje daría de sí, que no era mucho; pero se le votó alegremente, sin reparo, muy irreflexivamente, dándole mayoría absoluta, para castigar al socialismo gobernante en gran medida merecedor de ese correctivo. Por sus innumerables equivocaciones, ocultación de la verdad, descarada defensa de la banca, simpatías patronales, reforma laboral unilateral. Y, cómo no, por el aludido y garrafal error estratégico e ideológico, de cambiar su trayectoria político-social sin dimitir y convocar nuevas elecciones, evitando que los votantes se sintieran engañados, decepcionados, cabreados. Enfado que todavía dura, sin que Alfredo Pérez Rubalcaba, el nuevo líder socialista, sepa salir del remolino de desconfianza que él mismo genera, por su condición de exvicepresidente de aquel gobierno que no supo acabar bien.

Pero si las circunstancias socialistas son delicadas, las populares son peores. El Gobierno ha llegado a la deriva y sin capacidad de reacción al mes dieciséis de su mandato, al declarar recientemente que no se generará empleo en toda la legislatura y que tendremos el mismo paro en 2016. Y si es así, con el descomunal desempleo contabilizado: ¿A este Ejecutivo para que lo queremos?¡Que dimita y venga otro! El alto desempleo existente es hiriente y vergonzoso para los españoles, el país, la Unión Europea; demostrándose con él, la total incapacidad política, empresarial y bancaria local. En fin, extirpar el cáncer del paro es de tan vital importancia, que el político y el partido que no reaccione y solvente este desastre, debe ser considerado incapacitado para acceder al poder, al no merecer ostentar responsabilidades de gobierno.

Sólo en el primer trimestre se han destruido 330.000 puestos de trabajo, el paro juvenil supera el 57%, la ocupación cae a niveles de 2002. Para Joaquín Estefanía: “Un 27,16% de la población activa desempleada es un porcentaje mayor al que tuvo EEUU durante la Gran Depresión”. ¿Para cuando un Plan Marshall a la española para el empleo, como reclaman los sindicatos? El Gobierno debe lanzar un Programa de Políticas Activas de Empleo, que hasta Bruselas le exige y nadie escucha. El Presidente dice: “El Gobierno sabe lo que hace” y cuanto más lo repite más sube el paro. Que este señor se dedique a otra cosa, porque si no se le quita el país de las manos, lo va a dejar como un erial y con las españolas y los españoles en Alemania. La Vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría, afirma: “Que no se pueden hacer milagros”, ni tampoco las cosas peor, al preocuparse más del déficit que del paro. El Fondo Monetario Internacional prevé en España un desempleo del 22% en 2018. Llevamos cinco años con esta calamitosa crisis y nos anuncian cinco más. ¿Alguien piensa que no habrá pronto una explosión social? El malestar está subiendo de tono y con calor la llama prende. Gobiernos como este... soplan la brasa.

Y siendo así, ¿qué se ha de hacer a modo de regeneración y de cambio? En lo referente a los socialistas volver a los postulados ideológicos-políticos de hace 36 meses, que nunca se debieron dejar y habiendo aprendido: Que el PSOE tiene que hacer política de izquierdas, sin edulcorarla para que les guste a los que nunca le van a votar; gobernar para toda la sociedad, nunca al servicio del capital, con total sensibilidad en las clases medias y bajas trabajadoras en todas sus modalidades, que nunca le dejarán en la estacada; crear empleo y estabilidad laboral; recuperar a la generación perdida por el paro juvenil; apoyo a la economía productiva, las pymes, con sentimiento industrial; unificación de pequeñas empresas en aras de mejorar su viabilidad; que se faciliten prestamos e inversiones; política económica de crecimiento, situando la austeridad en su justo término. Respetando la dignidad obrera, cambiando el sistema laboral de confrontación por el de participación compensada tipo sector de automoción, reclamando patronales de verdad, no implantando reformas laborales ni de las pensiones sin acuerdo sindical. En el interior del partido: democratización interna, no obediencia debida ni ciega a los líderes, con ¡presidencialismos fuera!

De los populares no diré nada, porque como José María Izquierdo los llama, ya tienen a los propagandistas de “coros y danzas” copando las tertulias mediáticas para que el Sol salga como antaño. Y de paso, tratando de llevarse por delante a los sindicatos de clase, con infundios demagógicos, comentarios fofos y mala uva. Pero que se beban ese vino agriado, que a los sindicalistas nos gusta bueno y si es en bota obrera a pie de tajo mejor. En Palencia, el compañero Gómez Caloca ha dicho algo que me gusta: “El futuro de la UGT está en nuestro pasado, en la recuperación de la ética de nuestros líderes históricos”. Y el futuro del PSOE también.

Fernando Bolea Rubio

Sindicalista

 

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