Políticas a votar

Imagen de fbolear
Bolea Rubio, Fernando

Más que a políticos, hay que votar políticas determinadas que sean acordes con la defensa de nuestros intereses, con las ideologías que profesamos, pensando en el futuro que les queremos dejar a nuestros descendientes. Sin embargo, las conversaciones y los debates alusivos en la sociedad y en los medios no van por allí, al anteponer lo superficial a lo sustancial. Se habla de  Rajoy o Santamaría, cuando uno y otra harían los mismos recortes sociales porque su política de derechas es la misma. Igualmente se piensa en quién será mejor, Sánchez o Iglesias u otros; sí bien, esa apreciación ha de ser más completa, poniendo a favor o en contra de los candidatos,  alicientes determinantes -como qué representan, su programa, la credibilidad-, que orienten nuestra decisión.

Las personas de clase media y baja que opten por el Partido Popular, ya pueden saber lo que les espera. Sufrir durante cuatro años más, una política gubernamental que descaradamente va contra ellas, deteriorando insensiblemente el Estado del bienestar dado que su misión en la vida es, que los que más tienen paguen menos impuestos. A la vez, que particular y colectivamente, infinidad de cargos públicos de ese partido se van corrompiendo, como ahora ocurre, haciendo escandalosos negocios con el patrimonio público, cuando ellos tendrían que ser sus mejores guardianes en beneficio de la sociedad.

En el caso de los trabajadores, padecerían nuevas reformas laborales, reducciones salariales, pérdidas de derechos, no recuperar el poder de la negociación colectiva, llevada por los populares a la mínima influencia para los asalariados en la ultima legislatura. Los jóvenes seguirían sin futuro, padeciendo inestabilidad laboral con sus continuos contratos basura, teniendo que ir al extranjero para poder trabajar decentemente. Siendo durante todo el tiempo que el PP gobierne, “pobres con empleo”, que es la mayor bajeza que un trabajador cumplidor y honesto soporta. Según la EPA, el paro continua siendo del 21%.

Los mayores vivirían cuatro años más con pensiones en constante pérdida de poder adquisitivo, disminuyendo su poder de compra y su autonomía económica; después de toda una vida trabajando y cotizando. En los últimos años el PP ha eliminado derechos, libertades, servicios esenciales, leyes fundamentales de la legislación laboral, dejando poco en pie. En una legislatura más, querrían recortar hasta el aire que respiran los pobres. El que no lo vea así, los dioses de la derecha le harán comprender. Una legislatura nueva gobernando el PP supondría, un crecimiento mayor de las políticas de desigualdad. Si en los últimos años han empobrecido y arruinado a muchos hogares españoles, cuatro más con su salvaje política económica y social, llevarían a los trabajadores en muchos aspectos, a un tercermundismo innegable. Así, ni Rajoy ni Santamaría, ni nadie del PP, ni de la derecha, deben gobernar España, porque su política es injusta y desigual.

Por el contrario, el Partido Socialista con Pedro Sánchez siendo presidente del Gobierno, trataría de enmendar esas políticas desastrosas para la mayoría, tal como se prometió con el giro a la izquierda que él propuso. Que recogía, la derogación de las dos últimas reformas laborales, con el compromiso de pactar con los agentes sociales un nuevo Estatuto de los Trabajadores, que recuperara lo perdido en ellas por la reforma del presidente socialista Zapatero, y por la posterior de Rajoy. Lo que permitiría, que la clase trabajadora volviera a estar bien atendida, al disponer de una legislación más justa y conveniente. 

Recuperando la ley de dependencia. Gobernando para bajar la temporalidad de los contratos a la media europea del 15%, en cuatro años. La eventualidad consentida se fijara en la negociación colectiva de cada sector. Permitiendo que sean las secciones sindicales de los sindicatos y no los comités de empresa, los que negocien los convenios. Los subcontratados por una empresa, cobrarían lo mismo que los empleados de su plantilla, haciéndose justicia por fin. En definitiva, aplicando una carta laboral que recupere los derechos de los trabajadores, devastados por la crisis y las reformas laborales. En mi opinión, la socialdemocracia que el PSOE representa, es la mejor política.

Pero claro, para poderlo hacer el PSOE necesita tener más votos y diputados, de los conseguidos en las legislativas de diciembre. Al no ser así, Pedro Sánchez, ha tenido que hacer juegos malabares, tratando de conseguir mayoría de la única manera que se podía hacer, con votos de Podemos por la izquierda y trasversales de Ciudadanos por la derecha; aunque finalmente, la intransigencia de Pablo Manuel Iglesias y las gentes afines a él, han hecho imposible la operación. Eso sí, con mucho coste interno, porque han dividido el partido, al haber entre ellos sensibilidades proclives a las tesis del  Partido Socialista.

Sí ha quedado claro en este tiempo que, el PSOE no ha pactado con el PP, como los radicales de  izquierda le acusaban (PP-PSOE la misma m... es), engañando a muchos votantes; que Pedro Sánchez ha cumplido a rajatabla los acuerdos del comité federal socialista, de no pactar con partidos independentistas, demostrando que no quería ser presidente del Gobierno a cualquier precio, como en la derecha decían; le han parado los pies a Podemos, al no aceptar su extravagante y provocadora propuesta, de la ocupación de la vicepresidencia del Gobierno, junto con varios ministerios más.

Tal como vengo escribiendo, Podemos no ha deseado que un socialista sea el Presidente del Gobierno. Ernesto Ekaizer ha dicho: “Pablo Iglesias no ha querido quitar a Mariano Rajoy, ha querido quitar a Pedro Sánchez”. Sin embargo, la partida no acaba aquí, porque todo lo mal hecho repercutirá negativamente en ellos. Pedro por su parte dice: “El cambio se aplaza dos meses... pero llegará”. El 26-J, los españoles tienen la palabra: ¡O Sánchez o Rajoy! ¡Izquierda o derecha! No hay más.

 

29.04.2016                                                                   Fernando Bolea Rubio

                                                                                                      Sindicalista

Añadir nuevo comentario

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ACHON GALLIFA ISIDORO ZARAGOZA
ALADREN MONTERDE BERNARDO ZARAGOZA
ALBAR CATALAN MANUEL ZARAGOZA / QUINTO DE EBRO
ARNEDO CALVO JUAN TARAZONA
AZORIN IZQUIERDO FRANCISCO MONFORTE DE MOYUELA

Páginas

  • La alusión a Charles Dickens y Franz Kafka aparece en el libro de Sara Mesa, Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático de agosto de 2019.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Se ha generado gran polémica por movimiento iconoclasta surgido globalmente tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis. En todas partes, los movimientos antirracistas han cuestionado el pasado al atacar monumentos que simbolizan el legado de la esclavitud y el racismo: el general confederado Robert E. Lee en Virginia; Theodore Roosevelt en Nueva York; el rey belga Leopoldo II en Bruselas; Cristóbal Colón en Boston y Virginia; y el traficante de esclavos Edward Colston en Bristol.

  • Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: “Soy de izquierdas”. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante, la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla.

  • Se ha convertido en actualidad política la reforma constitucional. Soy escéptico sobre la posibilidad de que se lleve a cabo. Si se produce será de poco calado por las reticencias del PP y C’s. La Constitución actual, que más del 60% de la ciudadanía española no pudo votar en el referéndum de 1978, se ha quedado anquilosada e inservible para abordar los nuevos y profundos problemas políticos. Por ello, o se reforma la actual en profundidad, lo que podría realizarse a través de unas Cortes ordinarias. O se elabora una nueva, lo que requeriría unas Cortes constituyentes. En ambas opciones finalmente tendría que haber un referéndum. Evidentemente con la actual representación política, si la primera opción es complicada, la segunda es una utopía. Una reforma o un cambio constitucional no deberían considerarse peligro alguno para nuestra democracia. El peligro real sería mantenerla inmutable.

  • La Historia se ha convertido para la clase política en la disciplina más importante en nuestro sistema educativo. Pocas veces ha cobrado tanta importancia. En un mundo que se pretende sin memoria, la Historia ha irrumpido por todos lados.

  • Camilo José Cela ponía en labios de uno de los personajes de su novela Mazurca para dos muertos , dirigiéndose a su esposa en tono coloquial: «España es un hermoso país, Moncha, que salió mal; ya sé que esto no se puede decir, pero, ¡qué quieres!, a los españoles casi no nos quedan ánimos para vivir, los españoles tenemos que hacer enormes esfuerzos y también tenemos que gastar muchas energías para evitar que nos maten los otros españoles». Obviamente, el contexto de nuestra última guerra civil, en que se desarrolla la novela, justificaba la amargura de tales palabras. Duras, pero reales.