Serpientes con traje y corbata

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Marquesán Millán, Cándido

21/09/2019

En el libro Igualdad. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo Richard Wilkinson y Kate Pickett, señalan que hoy no sorprenden que individuos con un trastorno de personalidad caracterizado por la mentira, la manipulación, el engaño, el egocentrismo y la crueldad estén al frente de las grandes empresas. Los psicólogos Paul Babiak y Robert Hare definen a estos individuos como «serpientes con traje y corbata», y han estudiado cómo estas personalidades psicopáticas han medrado a expensas de otros en el mundo competitivo empresarial.

Con una mayor desigualdad no solo aumentan las tendencias psicopáticas en más personas, sino que crea un entorno de competencia brutal, en el que tales tendencias se consideran admirables o valiosas y la competencia mejor que la colaboración. Que los puestos más altos en el mundo de los negocios los ocupen personas con tendencias psicopáticas ha interesado a los psicólogos y la opinión pública. El periodista Jon Ronson en su libro ¿Es usted un psicópata?, del 2011, describe cómo aprendió a detectar a los psicópatas con la Lista de Control de la Psicopatía de Robert Hare.

Ronson describe una reunión con Al Dunlap, ex director general de Sunbean-Oster, una empresa estadounidense de electrodomésticos. Este se hizo famoso en reflotar negocios y en recortar plantillas. Lo llamaban Al Motosierra y Rambo con Corbata por su dureza. Accedió a someterse al test de la Lista de Control de la Psicopatía, y estuvo de acuerdo en que muchas características del test lo definían, pero para él eran positivas. Afirmó que se consideraba «muy encantador». Para él muchos de los rasgos psicopáticos eran muestra de un liderazgo positivo. «Un afecto superficial te evita sentir emociones absurdas. La carencia de remordimientos te permite conseguir grandes metas. Contar con quien disfruta despidiendo es un gran regalo para una empresa». Llevó a cabo despidos masivos de muchas empresas, muy bien acogidos por los accionistas, pero con mucho sufrimiento humano. Y luego la empresa sufrió las consecuencias de su gran autoestima, ya que al haber falseado la contabilidad para engañar a los accionistas tuvo que cerrar. Este auténtico delincuente se puede conocer en Wikipedia.

¿Dunlap es una excepción entre los ejecutivos de las grandes empresas? Las psicólogas Belinda Board y Katarina Frizon han comparado los rasgos de personalidad de 39 ejecutivos de empresa, todos hombres, con una muestra de 768 pacientes del hospital de alta seguridad de Broadmoor, todos ellos diagnosticados con enfermedad mental o trastorno psicopático. Los ejecutivos presentaban puntuaciones más altas que estos pacientes, en varios rasgos negativos, como histrionismo (encanto superficial, falsedad, egocentrismo, y manipulación), narcisismo (grandiosidad, falta de empatía, explotación, independencia), y compulsión (perfeccionismo, obsesión por el trabajo, rigidez, obcecación y tendencias dictatoriales).

Babiak y Hare describen el clima empresarial iniciado en Estado Unidos a fines de la década de 1970, un momento de fusiones, recortes de plantilla, innovación. Se perdió entonces la lealtad a la empresa y el contrato social entre empresario y trabajador, entre empresa y sociedad. Este cambio hay que vincularlo con la implantación neoliberal. La fe en el individualismo y en libre mercado señaló el inicio de la ampliación de la brecha salarial. Las grandes empresas actuales se parecen a los individuos narcisistas y psicópatas, a los que contratan a menudo, tal como reflejó la película documental de 2003 Corporaciones. ¿Instituciones o psicópatas? Y tras la crisis financiera de 2007-2008, Four Horsemen o Inside Job, donde se muestran el daño causado a millones de personas por las prácticas de riesgo y el comportamiento socialmente irresponsable y delincuente de algunas empresas.

¿Esos ejecutivos psicópatas conocen la decencia o la fraternidad por los demás, a quienes han esquilmado? La respuesta es contundente y trágica. No. Están convencidos que todo lo que cobran, vía sueldos, bonos o tarjetas black, se lo merecen por sus grandes dotes.

En este mundo desigual, pueden corregirse las actuaciones de las empresas y de sus ejecutivos. Priorizando el contrato social por delante de los intereses de los accionistas a través de una democracia económica. La participación de los trabajadores en los beneficios, sindicatos fuertes y una adecuada representación de los trabajadores en la empresa pueden frenar los salarios desmesurados y la cultura de los bonos; y los excesos y la crueldad de los ejecutivos narcisistas y psicópatas, limitando su libertad para manipular, extorsionar y asumir riesgos excesivos y obligándoles a responder de sus errores. Los líderes empresariales empáticos con sus trabajadores pueden alcanzar una buena posición social combinando estrategias de dominio positivas y un trato cálido hacia los demás. Pueden usar sus habilidades y experiencia para construir alianzas y cooperación; demostrar un verdadero liderazgo mediante la persuasión y la concienciación; inspirar, en lugar de intimidar; y enorgullecerse de crear y hacer crecer empresas que sirvan a la gente y a la sociedad, en lugar de saquearlas.

Lo grave es que estas serpientes con traje y corbata, precisamente por eso, saltan a la política, como Trump. En España lo hemos visto en Cs. Corregirlo muy fácil. No votarles.

El Periódico de Aragón 21 de octubre de 2019

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