Servilleteros contra la xenofobia

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Marquesán Millán, Cándido

He escrito artículos en este medio sobre la xenofobia y racismo: Génesis del discurso racista; Hablar francamente; La pacífica y civilizada Europa; Por razones humanitarias, No; Los inmigrantes no cuentan, se cuentan… Consultables en red.

Vaya catadura moral de los que manifiestan sin recato, incluso alardean, su xenofobia Y racismo. Desearía pensar que es una minoría radical a la que le sobra tiempo y odio, y le falta conocimiento de nuestra historia. No obstante, le dedicó estas palabras: «Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización».

Es complicado contrarrestar rumores xenófobos. El actual Ayuntamiento de Zaragoza junto con entidades sociales y asociaciones de inmigrantes puso en

marcha un programa ZGZ Ciudad Antirrumores para contrarrestar y frenar rumores sobre la inmigración en nuestra ciudad, que dificultan la convivencia

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Temporero

intercultural. En la misma línea otra iniciativa es la de un grupo de asociaciones y recursos de Madrid: Espacio Libre de Tópicos en el barrio de San Cristóbal de los Ángeles. Difunden mensajes positivos sobre la inmigración en las servilletas de los bares. «Los inmigrantes aportan al Estado 3 veces más de lo que gastan». «El racismo nos empobrece». Cuando lo propusieron se apuntaron cuatro bares con 51.000 servilletas por local. Las reacciones fueron inmediatas, ya que los servilleteros «provocaron comentarios y reflexiones en el barrio». Tras el éxito, se atrevieron con mensajes más directos en Twitter. Francisco Pérez, de la Cafetería Pérez asegura que hubo una aceptación casi total por parte de su clientela, «aunque siempre hay gente que cree que solo valen sus opiniones». Lo que hace con los reticentes, es contarles que «son datos del ayuntamiento o de la Policía».

Un estudio de La Caixa de 2011 –cuando el porcentaje de inmigrantes ya superaba el 10%– reveló que aportan más de lo que reciben. «Los argumentos de sobreutilización y abuso del sistema de protección social por ellos están injustificados. Reciben menos del Estado de lo que aportan a la Hacienda pública», según los autores del estudio, Francisco Javier Moreno, del Instituto de Políticas Públicas del CSIC, y María Bruquetas, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Ámsterdam. Los autores subrayan que los inmigrantes inyectan a las cuentas públicas «dos o tres veces más de lo que cuestan». Es lógico. Por su edad media muy inferior a la de la población local, su cobro en pensiones –la mayor partida de gasto de los presupuestos del Estado– es muy reducido en términos relativos, y seguirá durante al menos dos décadas e igualmente hacen un uso muy inferior del sistema sanitario frente a los locales.

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Repartidores a domicilio

Si ambulatorios y hospitales no dan abasto con la demanda es por falta de inversiones públicas y envejecimiento de la población nacida en España. Ninguna de esas dos razones tiene que ver con los inmigrantes. Su llegada supone un impacto nada desdeñable en el mercado de la vivienda. Si hay escasez se debe a la pasividad de los gobiernos a la hora de construir viviendas sociales, y no el deseo de los inmigrantes, y de los nacidos en España, de comprarse una casa o de alquilarla. Igualmente inyectan savia nueva a nuestra población cada vez más envejecida. Nada más hay que darse una vuelta por muchos pueblos de Teruel.

Por si alguno todavía no está convencido, ahí va otro dato. La Seguridad Social ganó una media de 154.948 cotizantes inmigrantes en 2018, un 8,4% en relación a 2017, hasta alcanzar 1.992.849 ocupados, su nivel más alto desde marzo de 2008, informó el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Si los afiliados a la S.S. a fines de 2018 era de 19.024.165, los inmigrantes suponen más del 10%. Ese más del 10% contribuye con sus cotizaciones al pago de las pensiones públicas, incluidas las de los patriotas.

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Emigrantes españoles en los años 50

Por último me fijaré en otro de los mantras xenófobos. «Es que los españoles emigraban con contrato de trabajo». Al respecto es muy interesante el libro Mineros, sirvientas y militantes, editado por la Fundación Primero de Mayo de la historiadora Ana Fernández Asperilla, que ha estudiado la primera oleada de emigrantes españoles a Bélgica. Hubo un Acuerdo Hispano-belga de Emigración de 1956, porque Bélgica precisaba mineros con urgencia y, además, mano de obra que aceptara unas condiciones de trabajo duras. Había firmado un acuerdo con Italia en los años 1947 y 1951. Sin embargo, la alta siniestralidad (llegaron a perecer 800 italianos en el fondo de las minas en apenas 10 años) provocaron que Italia suspendiera el convenio. «Lo que no quiso el Gobierno de Italia para sus trabajadores, lo aceptó el Gobierno de Franco para los españoles».

El agregado laboral de España en Bruselas señalaba en un informe de 1 de enero de 1964: «La emigración clandestina española en Bélgica sigue aumentando de un modo alarmante, ya que un 60% al menos de nuestros compatriotas que llegan viene al margen del Convenio». El acuerdo entre España y Bélgica fue el primero de una serie de tratados similares con Alemania, Suiza, Holanda o Francia. La emigración irregular de españoles se generalizó. El Instituto Español de Emigración (IEE) cifró en un millón de españoles que entre 1959 y 1973 salió a Europa. Ana Fernández suma las cifras de irregulares y sus cálculos ascienden a dos millones.

El Periódico de Aragón 23 de febrero de 2019

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Apellidos, nombre, alias... Localidad
ACHON GALLIFA ISIDORO ZARAGOZA
ALADREN MONTERDE BERNARDO ZARAGOZA
ALBAR CATALAN MANUEL ZARAGOZA / QUINTO DE EBRO
ARNEDO CALVO JUAN TARAZONA
AZORIN IZQUIERDO FRANCISCO MONFORTE DE MOYUELA

Páginas

  • Estamos asistiendo a una eclosión de movimientos nacionalistas de todo signo y condición, desde los casos de Polonia y Hungría, a los más cercanos del secesionismo catalanista y el españolismo ultraconservador de Vox, y todo ello en momentos en los cuales la globalización parecía haber difuminado las viejas fronteras nacionales.

    Yuval Noah Harari

    No obstante, las consecuencias de la crisis global del 2008 y de la actual pandemia del covid-19 han evidenciado un resurgir del nacionalismo, se han alentado políticas proteccionistas, se han cerrado fronteras, se mira con rechazo al extranjero, porque ante un incierto futuro, «la gente de todo el mundo busca seguridad y sentido en el regazo de la nación».

  • La alusión a Charles Dickens y Franz Kafka aparece en el libro de Sara Mesa, Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocrático de agosto de 2019.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Para comprender completamente la trascendencia y las distintas, y hasta cierto imprevisibles, derivaciones del covid-19 pueden servirnos como imagen muy expresiva las ondas concéntricas generadas por una piedra arrojada a un estanque, que he podido conocer en el artículo de Jeremy Farrar, The worst of covid-19 may still be to come (Lo peor de covid-19 aún puede estar por venir) en el Financial Times.

    La onda más interna es el impacto inmediato del virus: miedo, enfermedad y muerte. Lo podemos constatar en España. Desde el estallido de la pandemia con toda su acritud a mitad de marzo todos sobrecogidos por las cifras de muertos ante una enfermedad desconocida, y en buena lógica, amedrentados por el miedo. Una vez se produjo la desescalada, ¡vaya palabra!, pensamos que retornábamos a la normalidad. Pero, la verdad desagradable asoma, los rebrotes, ya he perdido la cuenta, nos sumergen de nuevo en el miedo, la enfermedad y la muerte.

  • Se ha generado gran polémica por movimiento iconoclasta surgido globalmente tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis. En todas partes, los movimientos antirracistas han cuestionado el pasado al atacar monumentos que simbolizan el legado de la esclavitud y el racismo: el general confederado Robert E. Lee en Virginia; Theodore Roosevelt en Nueva York; el rey belga Leopoldo II en Bruselas; Cristóbal Colón en Boston y Virginia; y el traficante de esclavos Edward Colston en Bristol.

  • Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: “Soy de izquierdas”. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante, la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla.

  • Se ha convertido en actualidad política la reforma constitucional. Soy escéptico sobre la posibilidad de que se lleve a cabo. Si se produce será de poco calado por las reticencias del PP y C’s. La Constitución actual, que más del 60% de la ciudadanía española no pudo votar en el referéndum de 1978, se ha quedado anquilosada e inservible para abordar los nuevos y profundos problemas políticos. Por ello, o se reforma la actual en profundidad, lo que podría realizarse a través de unas Cortes ordinarias. O se elabora una nueva, lo que requeriría unas Cortes constituyentes. En ambas opciones finalmente tendría que haber un referéndum. Evidentemente con la actual representación política, si la primera opción es complicada, la segunda es una utopía. Una reforma o un cambio constitucional no deberían considerarse peligro alguno para nuestra democracia. El peligro real sería mantenerla inmutable.

  • La Historia se ha convertido para la clase política en la disciplina más importante en nuestro sistema educativo. Pocas veces ha cobrado tanta importancia. En un mundo que se pretende sin memoria, la Historia ha irrumpido por todos lados.