UN MAR DE BRAMIDOS Y CRISPACIÓN

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Villanueva Herrero, José Ramón

En pleno fragor pre-electoral, en estos días en que se recuerda el 80º aniversario de la triste muerte en el exilio de Antonio Machado, nos viene a la memoria aquellos versos del poeta cuando en su célebre «Retrato», aludía a “distinguir me paro las voces de los ecos”. Y es que estamos asistiendo a una agitada ola de bramidos, de visceralidad e insultos que nada construyen, que resquebrajan la convivencia y que ahogan las voces que consideramos necesario el saludable debate libre de ideas y alternativas políticas.

Pero, recordando el verso machadiano, priman los ecos de una crispación que, por desgracia, va en aumento y de ello tienen una seria responsabilidad determinados políticos.

Ahí tenemos, por ejemplo, el agrio lenguaje y las expresiones despectivas de que hace gala Pablo Casado que, tras su sempiterna sonrisa, siempre tiene en sus labios palabras para el insulto fácil y la descalificación permanente, un lenguaje y actitudes de una ínfima calidad intelectual y política, impropia del líder de un partido tan importante para la democracia española como es el Partido Popular. Y qué decir de la volatilidad ideológica de un Albert Rivera y de C’s, o de los anacronismos reaccionarios de Vox, que pretende hacer retroceder el reloj de la historia a tiempos pasados (y peores), pues ambos partidos se han sumado con renovados bríos a esta permanente tormenta de bramidos y crispación que tenemos que soportar la ciudadanía.

La triple alianza de las derechas está utilizando, y previsiblemente lo seguirá haciendo durante todos estos meses jalonados de citas electorales, su más potente artillería verbal no sólo para atacar a la figura de Pedro Sánchez y la gestión del gobierno del PSOE surgido tras la moción de censura del pasado 1 de junio de 2018, sino, por extensión, para destruir o cuando menos limitar, los avances logrados en estos últimos años en materias tan sensibles como las libertades, las políticas sociales y laborales o del desarrollo del Estado Autonómico.

La coartada perfecta para esta seria amenaza involucionista, de estas políticas propias de unas derechas sin complejos, se la ha dado el conflicto de Cataluña.

Tan espinosa cuestión, azuzada de forma deliberada tanto por los sectores secesionistas catalanes como por el españolismo más centralista, ha dinamitado demasiados puentes de diálogo y convivencia y que tanto va a costar reconstruir.

Asistimos a un mapa político en el cual una derecha, cada vez más descentrada, ha tocado arrebato a tambor batiente y con las banderas desplegadas, para imponer su concepto de España, ese que tiene perfiles tan rígidos e intolerantes y que por ello no resulta aceptable para amplios sectores de la ciudadanía pues esa imagen, también “en blanco y negro”, sigue siendo incapaz de reconocer y aceptar plenamente la diversidad y la realidad plurinacional de esta “nación de naciones” que es España.

Esta involución, que está incluso pidiendo la supresión de las autonomías como hace Vox o la recentralización de algunas competentes transferidas como sugiere el PP, parece retrotraernos a los tiempos de la Transición, cuando la entonces Alianza Popular votó en el Congreso de los Diputados en contra del Título VIII del proyecto constitucional referente a la regulación autonómica del Estado.

Aunque en su día José María Aznar afirmó, para congraciarse el apoyo parlamentario de las derechas catalanas de Jordi Pujol, que “hablaba catalán en la intimidad”, hay que recordar que uno de los elementos del subconsciente colectivo del pensamiento de la derecha españolista ha sido, y los hechos lo demuestran, su anticatalanismo: así ocurrió durante los debates y aprobación del Estatuto de Cataluña de 1932, la presentación del recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Estatut de 2006 o la torpe gestión del proceso soberanista iniciado a partir de 2012 por parte del Gobierno Rajoy.

Mientras el anticatalanismo le siga reportando votos a las derechas en otras comunidades autónomas de la España interior, seguirán agitándolo con la misma ansia y afán con que creen poder acabar con el procés mediante medidas represivas o con la aplicación del artículo 155 de forma permanente como ha prometido Pablo Casado, soluciones que resultan inútiles para resolver el desgarro político y emocional de Cataluña con el resto de España.

Si algo está claro es que el problema territorial de España sigue pendiente de solucionarse, aunque se cubran plazas y balcones de banderas bicolores o de esteladas.

Los problemas políticos requieren de soluciones políticas valientes. Hoy por hoy, tras el intento fracasado de Pedro Sánchez, no parece haberlos ni en el campo del independentismo catalán ni mucho menos en la envalentonada triple alianza de las derechas, lo cual es una desgracia para nuestra democracia.

José Ramón Villanueva Herrero (publicado en: El Periódico de Aragón, 24 febrero 2019)

REPRESALIADOS POR EL FRANQUISMO EN ARAGÓN

Páginas

  • Camilo José Cela ponía en labios de uno de los personajes de su novela Mazurca para dos muertos , dirigiéndose a su esposa en tono coloquial: «España es un hermoso país, Moncha, que salió mal; ya sé que esto no se puede decir, pero, ¡qué quieres!, a los españoles casi no nos quedan ánimos para vivir, los españoles tenemos que hacer enormes esfuerzos y también tenemos que gastar muchas energías para evitar que nos maten los otros españoles». Obviamente, el contexto de nuestra última guerra civil, en que se desarrolla la novela, justificaba la amargura de tales palabras. Duras, pero reales.

  •       En un reciente artículo, y para definir la situación actual de la Unión Europea (UE), el periodista Ramón Lobo empleaba en acertado símil de compararla con “un barco de lujo de gran tonelaje y movimiento lento” cuyo rumbo no es fácil cambiar dado que tiene “27 capitanes en el puente de mando, cada uno con sus intereses nacionales e ideas sobre el futuro de Europa”.

  • Hoy todos sin excepción argumentan: La reconstrucción de la economía tras el Covid-19 tendrá que ser distinta a la de la crisis del 2008. Acaba de celebrar una cumbre la patronal CEOE donde han presentado sus propuestas para la reconstrucción Nada nuevo: mantener las leyes que les han ido bien (especialmente la reforma laboral), menos impuestos, mayor flexibilidad y que el dinero público les llegue lo más rápido posible y con las menores limitaciones posibles. Dos ejemplos. Pablo Isla, de Inditex, pidió que no se revierta la reforma laboral ni se suban impuestos: «No hay que revertir reformas que se han mostrado eficaces». El presidente de Ferrovial, Rafael del Pino: «Necesitamos un plan de reactivación basado en la ortodoxia económica, un marco laboral estable y una política fiscal que no eleve la presión sobre empresas y particulares».

  • Soy plenamente consciente de que estas líneas provocarán malestar en alguno. Pues qué le vamos hacer.

    Cada vez veo más lejana una solución razonable, basada en el diálogo, al problema gravísimo de vertebración de Cataluña en el Estado español. El tiempo que sirve para atemperar las diferencias, en este caso no se cumple. Muy al contrario, cuanto más tiempo trascurre más se agrava.

  • En 1926 John Keynes en el ensayo El final del laissez-faire exponía una parábola, aplicable a la situación política, social y económica de hoy. Resumía la naturaleza y las implicaciones del dogma del liberalismo económico incuestionables antes  y ahora: la irrealidad de sus presupuestos, lo destructivo de sus consecuencias, su insostenibilidad social y económica de un método basado en encumbrar a los buscadores de beneficios que tienen más éxito en una lucha sin tregua por la supervivencia, que selecciona al más eficiente eliminando al menos eficiente, y que considera los resultados así alcanzados-al margen de los costes - un bien permanente para toda la sociedad. Nos decía: “Si la finalidad de la vida es coger las hojas de los árboles a la mayor altura posible, la mejor manera de alcanzar esta finalidad es dejar que las jirafas del cuello más alto hagan morirse de hambre a las del cuello más corto”.

  • Viktor Orban

    Uno de los libros más novedosos y relevantes de política internacional, publicado en 2019, es 'La luz que se apaga. Cómo Occidente ganó la Guerra Fría pero perdió la paz', de Ivan Krastev y Stephen Holmes. Ofrece un planteamiento muy original, basado en la  trascendencia en las relaciones internacionales de la política de imitación, a partir de la cual ha irrumpido una auténtica y peligrosa marea de anarquía iliberal y antidemocrática. Ejemplos los tenemos por todas las latitudes: Orbán, Putin, Modi, Bolsonaro, Duterte, Trump, etc. Sorprende esta nueva situación de descrédito de la democracia, cuando tras la caída del Muro de Berlín su triunfo parecía incuestionable e irreversible. Basándome en el libro citado, expondré las ideas fundamentales.

  • La historia no procede linealmente. Como dijo Lenin: «Hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas». Estas palabras son muy adecuadas para el momento actual.

    El covid-19 se ha transformado en el primer sujeto revolucionario no humano de la historia global. Cuando una revolución era ya una utopía, un virus a todos los efectos provocó una auténtica revolución, paralizando toda la economía mundial, trasformando las democracias en estados de excepción, sembrando el miedo a nuestra propia extinción, vaciando las calles de las ciudades y limpiando el cielo de contaminación, lo que supuso el retorno de otras especies a su antiguo hábitat.

  • Mario Vargas Llosa, gran escritor, se le podría aplicar el título del libro reciente de Ignacio Sánchez Ocaña La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política. Por si alguno piensa que el titulo es excesivo le recomiendo que lea de este Premio Nobel el artículo de septiembre de 2012 Aguirre, esa Juana de Arco liberal, tras su renuncia a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Abróchense los cinturones que despegamos.