La memoria del 3 de julio en Teruel

Enviado por jrvillanuevah el Mar, 05/07/2022 - 22:21
Teruel

Mientras Zaragoza recuperaba la Cincomarzada con la democracia, nada se hizo en la capital turolense

Durante el verano de 1874, en plena III Guerra Carlista, los partidarios de Carlos VII controlaban la práctica totalidad de las tierras turolenses y solamente resistían su embate los fortificados enclaves liberal-republicanos de Teruel y Alcañiz. Así las cosas, en la noche del 3 de julio, los carlistas intentaron conquistar la ciudad de Teruel, en un asalto muy similar al de la Cincomarzada zaragozana de 1838.

El ataque, iniciado en la zona de la Lombardera y del Arrabal, fue repelido por la Milicia Nacional, al mando de Víctor Pruneda, comandante de la misma y dirigente histórico del republicanismo federal turolense. Pese a ello, los atacantes, en connivencia con algunos carlistas locales, lograron penetrar en el interior del recinto defensivo por el área del corral de Roquillo, de donde fueron desalojados después de 6 horas de combates. Mientras esto ocurría, los carlistas lanzaron otro ataque por la Cuesta de la Jardinera, llegando a colocar escalas sobre la muralla, siendo repelidos por un nutrido fuego de fusilería. Al amanecer, convencidos los atacantes de la imposibilidad de apoderarse de la ciudad, se retiraron no sin antes saquear e incendiar el Arrabal.

Al mes siguiente, el 4 de agosto de 1874, los carlistas, esta vez al mando del infante Alfonso-Carlos de Borbón-Parma (hermano del pretendiente Carlos VII), intentaron de nuevo conquistar Teruel: la determinación de los defensores, nuevamente comandados por Pruneda, repelió el ataque evitando que la reacción carlista se adueñase de la capital.

Estas dos fechas memorables, el 3 de julio y el 4 de agosto, le valieron a Teruel la concesión de los títulos de «Heroica» y «Siempre Heroica» que hoy ostenta. Además, en memoria de los turolenses caídos en su defensa, unas lápidas recordaban sus nombres en el Ayuntamiento y, en 1895, se erigió en la plaza de la Libertad, hoy de Fray Anselmo Polanco, el Monumento a los Mártires de la Libertad de Teruel.

Ambos sucesos pasaron a ser conmemorados anualmente como fiestas cívico-políticas. La celebración se iniciaba a primeras horas de la madrugada con el repique del campanico del Ángel, posteriormente un pasacalle-retreta amenizaba al vecindario. El acto central era la procesión cívica que, partiendo de la Plaza de la Libertad y a los sones del Himno de Riego, realizaba sendas ofrendas florales en el Corral de Roquillo y en el Monumento a los Mártires de la Libertad. Además, al ser ambas fechas festivas en Teruel, se cerraba el comercio, se engalanaban los balcones, las banderas ondeaba a media asta y, por la tarde, los turolenses salían a merendar a las riberas del Turia, había corrida de toros y una verbena popular en la Glorieta.

Por todo lo dicho, estas fiestas tenían un profundo significado político, pues simbolizaban la defensa de la libertad contra todo tipo de reacción e intolerancia, lo que explica el entusiasmo con que las celebraban los progresistas turolenses, mayoritariamente republicanos. Por el contrario, como consecuencia de la Guerra de España de 1936-1939 y la posterior dictadura franquista, se prohibió su celebración: la última vez que tuvo lugar fue el 3 de julio de 1936 en un ambiente político muy tenso, y ya durante la contienda, fueron los requetés carlistas quienes demolieron el venerado Monumento a los Mártires de la Libertad.

Tras la normalización democrática, mientras Zaragoza recuperaba su fiesta de la Cincomarzada, nada se hizo en Teruel para reivindicar, tras años de dictadura y olvido, una de las páginas más memorables de su historia local. La ciudad de Teruel, conocida universalmente por el arte mudéjar o los Amantes, también debería ser identificada como «la ciudad de la Libertad», la que en 1484 rechazó la implantación de la Inquisición, la que durante todo el s. XIX fue vanguardia de la democracia republicana española, la que en 1874 repelió con valentía a la reacción carlista. Por ello, junto a la recuperación del sentido cívico de estas fechas, casi olvidadas, algún folleto didáctico, alguna mención en los libros de texto, debería de hacerse de esta página de la historia turolense. De igual modo, recordando que el Monumento a los Mártires de la Libertad fue demolido por las fuerzas de la reacción, no estaría de más que algún símbolo recordase su existencia en la antigua plaza de la Libertad. Sería un hecho de justicia.

En la actualidad, al evocar la memoria de estos hechos, no olvidamos que son otros los combates que hay que librar para asegurar el futuro y el progreso de Teruel, los mismos que laten con fuerza en la conciencia cívica y en los movimientos ciudadanos que luchan con tenacidad y convicción para que Teruel siga existiendo y tenga un futuro digno.

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