Una deriva autoritaria

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 3 de octubre 2025)

El magistrado Joaquím Bosch, en su libro Jaque a la democracia (2004), nos advertía de que “una deriva autoritaria está recorriendo el mundo democrático en una especie de marcha que puede ser triunfal”. Por su parte, Leonardo Boff, uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación en América Latina también ha señalado con preocupación lo que supuso en Brasil, su país natal, el “protofascismo rudo” de Jair Bolsonaro, recientemente condenado por alentar un golpe de Estado, el que “en el mundo entero se observa el ascenso de ideas fascistas o de actitudes autoritarias que se saltan todas las leyes”. Y estas advertencias son ciertas ya que, en diversos países se observa con preocupación que “los pilares de la democracia representativa puede que se estén agrietando” ya que, frente a lo que pensaba Francis Fukuyama, el sistema democrático no es “una conquista irreversible”.

Este repliegue democrático ocurrido en estos últimos años, se manifiesta en una serie de síntomas bastante serios y que no debemos obviar a pesar de que se mantengan estructuras formalmente democráticas cual son: la vulneración del principio de la separación de poderes, el hostigamiento a los medios de comunicación, los ataques a los derechos de las minorías y el dar “zarpazos” al sistema electoral para garantizar la reelección de los gobernantes autoritarios. De hecho, el Informe de Freedom House del año 2023 ya señalaba retrocesos muy importantes en materia democrática “que se suman al deterioro progresivo y acelerado de las dos últimas décadas” dado que los derechos civiles y políticos disminuyeron en 52 países y, a ello se suma, además, que “el impulso renovado de la autocracia resulta inquietante”.

Los países en los que se constata un alarmante auge de esta deriva autoritaria son numerosos: desde el trumpismo en los Estados Unidos, al creciente autoritarismo de la Rusia de Putin, al auge de los partidos de extrema derecha en el seno de la Unión Europea como es el caso de Hungría, Polonia, Italia o Alemania, sin olvidar tampoco a España con el potencial electoral que representa Vox.

Esta deriva autoritaria, según Ignacio Sánchez-Cuenca, “se produce gradualmente, no mediante una impugnación de los principios fundamentales de la democracia, sino mediante el desmontaje pausado de sus reglas y prácticas institucionales”. Por otra parte, el incremento de los discursos de tono autoritario se ha producido en sectores de la ciudadanía que, hasta ahora, no cuestionaban los valores democráticos. De hecho, Yascha Mounk ha demostrado que, en bastantes países, “se ha acrecentado el porcentaje de personas que no consideran esencial el vivir en un país gobernado democráticamente”, un hecho que se evidencia, de forma clara, en el caso de los sectores jóvenes de la población ya que, como ocurre en España, estos optan electoralmente de forma mayoritaria, por votar candidaturas de extrema derecha, como es el caso de Vox.

Frente a este panorama, como advertía el ya citado Leonardo Boff, “o cambiamos de rumbo o vamos al encuentro de una catástrofe bíblica. En este contexto veo el siniestro fenómeno del fascismo y del autoritarismo imponiéndose en nuestra historia”. Por ello, resulta necesario reafirmar (y defender) la vigencia de los principios esenciales de la democracia representativa cual son: la existencia del pluralismo político; las elecciones periódicas por sufragio universal sin discriminación por razón de sexo, etnia o capacidad económica y aplicar el principio de mayoría al resultado electoral. A estos rasgos básicos de toda democracia que se precie de serlo, hay que añadir una serie de reglas para que nadie se apropie de las instituciones en beneficio propio y que garanticen la existencia de órganos judiciales independientes, asumir que la democracia no es compatible con la existencia de autoridades tutelares no elegidas que limiten el poder para gobernar de los dirigentes electos y, también, mantener en todo momento el imprescindible respeto a los derechos humanos (libertad ideológica, de expresión, de información, de conciencia, de manifestación, de asociación o de igualdad ante la ley).

Estos son los diques necesarios que toda democracia debe reforzar para frenar la deriva autoritaria que nos amenaza pues, como nos recuerda Leonardo Boff, “Debemos combatir duramente a quien usa la libertad para eliminar la libertad. Y tenemos que unirnos porque no tenemos otro planeta ni otra Arca de Noé”.

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