Vox agita el panorama político

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 16 de abril 2026)

Miriam Ruiz Castro señalaba, ya en el año 2018 cómo “la semilla de la crisis alumbró en Europa movimientos antieuropeos, xenófobos y ultranacionalistas”, una triste consecuencia de un contexto en el cual el paro, la desigualdad y la fuerte inmigración fueron temas enarbolados demagógicamente por la extrema derecha para expandir sus postulados xenófobos y reaccionarios.

Con este panorama como telón de fondo, tuvo lugar la irrupción política de Vox y, desde entonces, el partido ultra se ha ido extendiendo en el panorama político español siguiendo sus referentes políticos en otros países que, también, están sufriendo el peligroso crecimiento de la extrema derecha. Por ello, Javier Ortega Smith, recientemente expulsado de Vox, no tenía reparo en afirmar a la altura de 2018 que “Si fuéramos alemanes, votaríamos a Alternativa por Alemania; si fuéramos americanos, votaríamos a Trump”, con lo cual quedaba claros los referentes políticos de la emergente ultraderecha hispana.

Varios han sido desde entonces las razones que explicarían el crecimiento social y electoral de Vox. En primer lugar, las consecuencias derivadas del conflicto catalán y su actitud frente al secesionismo, lo cual le ha hecho recuperar las viejas banderas de un rancio nacionalismo español, excluyente y centralista que, de hecho, está en contra del actual Estado de las Autonomías, razón por la cual propugna la supresión del mismo y la recentralización, de nuevo, de las competencias transferidas a las Comunidades Autónomas.

En segundo lugar, Vox ha dejado patente su frontal oposición hacia la inmigración, sobre todo si esta es de origen musulmán, a la cual asocian, sin mayores argumentos, temas tales como la delincuencia e incluso, el terrorismo. Por ello, han planteado, en respuesta a estas supuestas “amenazas”, la exigencia de efectuar deportaciones masivas de inmigrantes emulando la política que, en este tema, está llevando a cabo su admirado Donald Trump en los Estados Unidos.

El tercer enemigo a batir por Vox son las políticas feministas y, de hecho, exige la derogación de la legislación en contra de la violencia machista y el rechazo al Pacto de Estado para combatir esa lacra. Citando de nuevo al defenestrado Ortega Smith, la posición de Vox en relación al feminismo la dejaba bien clara con estas palabras, tan burdas como reaccionarias: “la ideología de género es una gran mentira y un negocio fabuloso para las organizaciones feministas radicales. Han cambiado la lucha de clases marxista por la lucha de sexos”.

Finalmente, otro de los temas obsesivos de Vox es su visceral rechazo a las políticas públicas en materia de Memoria Democrática y, en este sentido, han contado con la inestimable ayuda del Partido Popular y, consecuencia de ello han sido la derogación de diversas leyes autonómicas en esta materia, como ha ocurrido en Aragón.

Por todo lo dicho, Vox no engaña: se presenta sin ningún rubor como “un partido xenófobo, racista y machista que quiere suprimir las autonomías, expulsar a los inmigrantes y derogar la ley sobre violencia contra las mujeres” tal y como ya señalaba el Editorial de El Periódico de Aragón del 4 de diciembre de 2018.

No menos preocupantes son los delirantes planteamientos de Vox que, contra toda evidencia científica, niegan el cambio climático, el calentamiento global y, por ello, su desprecio a las políticas ecológicas y a la, para ellos, denostada Agenda Verde.

Para la convivencia cívica es consustancial a toda sociedad democrática un espíritu de tolerancia y respeto al diferente, algo de lo que carece la extrema derecha que, por el contrario, opta por lo que ha dado en llamarse “políticas de identidad” en materias tales como la inmigración, el feminismo, los derechos del colectivo LGTBI, y las minorías bien sean estas religiosas, nacionales o culturales, temas estos que cuentan con el desprecio y el rechazo de los grupos ultras.

Y, ante este avance creciente y preocupante de las posiciones reaccionarias y antidemocráticas, el dilema es siempre el mismo: ¿cuál es el papel de la derecha democrática? ¿optará por acercarse a la ultraderecha para absorberla o alejarse de sus posiciones para aislarla?  Lamentablemente, la realidad de los hechos demuestra que el acercamiento del PP a Vox en diversos ayuntamientos y comunidades autónomas no sólo “legitima” los mensajes y propuestas de los ultras, sino que, además, contribuye a que se afiancen estos grupos en lugar de neutralizarlos políticamente. Y, una lección nos enseña la historia reciente de Europa: como ocurrió en Alemania durante la República de Weimar, la extrema derecha sólo puede llegar al poder con el apoyo de la derecha conservadora tradicional. Ello debería hacer pensar al PP y replantearse su connivencia con Vox para evitar que, algún día, no sean víctimas de un “sorpasso” por parte de la ultraderecha.

José Ramón Villanueva Herrero

Fundación Bernardo Aladrén

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