Xenófobos y racistas

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 12 de marzo 2026)

Ramón J. Sender Garcés (Chalamera, Huesca 1901- San Diego, California 1982) es unánimemente reconocido como uno de los más grandes narradores en castellano del siglo XX. No obstante, es menos conocido el perfil político que, a lo largo de su historia vital tuvo el célebre escritor aragonés. De este tema, nos ofrece información de interés el libro de José Luis Castillo-Puche titulado Ramón J. Sender: el distanciamiento del exilio (1985), obra que se centra en la biografía de quien define como un “periodista inicial y combativo previo a su posterior proyección de una obra narrativa importante” con títulos tan destacados como Imán (1930), Mr. Witt en el Cantón (1935), obra con la cual obtuvo el Premio Nacional de Literatura o Réquiem por un campesino español, publicado en México en1953 y cuya edición en España no se autorizó hasta después de la muerte del dictador general Franco.

Las primeras actividades políticas de Sender se remontan a 1917 cuando, al poco de su estancia en la localidad turolense de Alcañiz donde trabajó como “mancebo” en una farmacia de dicha población a la vez que estudiaba el bachillerato en el Colegio de los Padres Escolapios, participó en diversas revueltas estudiantiles. Posteriormente, cuando en 1919 se establezca temporalmente en Madrid, hallamos al joven oscense como un periodista combativo vinculado al grupo anarquista Espartaco. Más tarde, tras un período en su Huesca natal retornó a Madrid y, en 1925, se radicalizó políticamente y empezó a escribir en diversos periódicos de la capital tales como La Libertad, El Socialista y Solidaridad Obrera.

Su compromiso político hizo que, en 1927 fuese encarcelado por participar en diversos actos contrarios a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera para, en los instantes previos a su caída, volver a colaborar con la publicación anarquista Solidaridad Obrera, encargándose de la sección “Postal Política” desde 1929 a 1932.

Proclamada la II República en 1931, como señala Castillo-Puche, Sender se hizo miembro de la CNT y, al parecer, participó en revueltas anarquistas. De igual modo, durante aquellos agitados años de nuestra historia reciente, Sender viajó a Rusia en 1933 como enviado del diario La Libertad en donde permaneció varios meses, lo cual le permitió conocer de primera mano el régimen bolchevique, impresiones que recogería en el reportaje Madrid-Moscú: narraciones de un viaje (1934) que, en sus 22 entregas, supuso “un cántico apasionado de exaltación de la organización y disciplina del sistema comunista” algo que, años más tarde y como consecuencia del viraje anticomunista de Sender, quiso borrarlo de su memoria y, desde entonces, evidenció una permanente enemistad hacia los comunistas que mantuvo hasta su muerte.

 Sigamos con el relato de los hechos. A su regreso de la URSS, y tras la represión de Casas Viejas, el periodista Sender visitó el lugar y publicó un relato sobre aquellos sangrientos sucesos con el título Viaje a la aldea del crimen (1934), y, más tarde, publicaría igualmente diversos reportajes en el diario La Libertad sobre aquellos sangrientos sucesos de los cuales culpó al Gobierno de Azaña y que, en cierta medida, propiciaron la caída política del político republicano.

A su vez, su compromiso militante y su radicalismo político hizo que se desencantara de lo que él consideraba escasos cambios de las estructuras sociales tras la llegada de la ansiada Segunda República. Ello le hizo colaborar en 1935 con la revista Tensor de orientación marxista y de la que fue director ya que, por aquellos años Sender pertenecía a un grupo de intelectuales que, como recuerda Castillo-Puche, “funcionaba como Sección de la Tercera Internacional en España” y entre los que figuraban Alberti, Arconada o Ardenius. En Tensor publicaría diversos artículos que, según el citado autor, constituyen “una diatriba fulminante contra el programa y las realizaciones de la Segunda República Española a la que juzga de entrada traidora a los intereses del proletariado y favorecedora en cambio de los intereses del capitalismo”.

El estallido de la Guerra de España en 1936, supuso para Sender un profundo trauma dado que su esposa, Amparo Barayón fue fusilada por los rebeldes en Zamora, al igual que lo sería también su hermano Manuel Sender, alcalde republicano de Huesca, asesinado por los golpistas en la capital altoaragonesa. Pese a todos estos dramas, nuestro protagonista se mantuvo fiel a la legalidad republicana hasta el punto de que fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la 1ª Brigada Mixta del Ejército Popular republicano. Allí quedó patente su ya abierto anticomunismo y su frontal enfrentamiento con Enrique Líster, del cual se declaró enemigo irreconciliable. De todo ello dejó pruebas patentes en su libro Contraataque (1937), que califica como “reportaje bélico” y no como obra literaria “apasionadamente autobiográfico”, en el cual no dudó en calificar a Stalin, el dirigente soviético, de “sátrapa georgiano” y en el cual se pueden leer sus impresiones de la guerra y, en su prólogo dejó escrito que “Matar españoles no era un deporte divertido, sino una locura sangrienta, sin justificación posible”. De igual modo, en este libro militante, que se publicó en 1937 simultáneamente en Londres, París y Nueva York, y al año siguiente lo haría en Madrid y Barcelona, dejó patente su posición contraria todo tipo de totalitarismo:

“Yo estaba ya desilusionado de todo y no había visto en la guerra sino ejemplos de heroísmo en los milicianos y de maquiavelismo zaíno en los dirigentes moscovitas. Y asesinatos a mansalva en un lado y en el otro. Una especie de locura imitativa con los peores ejemplos hitlerianos y estalinistas”.

El anticomunismo de Sender, como señalaba Castillo-Puche, “era visceral y tenía razones humanas y hasta humanísticas. Su gran amor a la libertad, su independencia y su sentido individualista de la justica y de la solidaridad entre los hombres no podían ser compatibles con el doctrinarismo comunista ni con el totalitarismo de su gobierno”. Tal vez por ello, como apuntaba en el prólogo de Contraataque, “los anarquistas son los que individualmente me parecen más cerca de mí”.

A su vez, volviendo a los avatares de la guerra, hallamos a Sender en 1937 haciendo campaña y dando conferencias a favor de la España republicana antifascista en Francia y Estados Unidos. Pero, en 1938 volvió a España con la intención de trasladarse al Frente de Aragón para luchar con las “brigadas cenetistas”, lo cual contó con la oposición de los comunistas con los cuales, su enfrentamiento era ya visceral.

Igualmente, Sender escribiría otro libro sobre la Guerra de España con el título de Los cinco libros de Ariadna, el cual vio la luz en Nueva York 1957, obra que su autor calificó de “anticomunista” y “antifascista” y en la que el autor reconoció su intención de “ser testigo de este tiempo de brisas airadas y voces descompuestas”. Finalmente, se puede citar un nuevo libro, Toque de queda, obra póstuma de Sender, en el cual se sincera sobre su evolución política e ideológica a reconocer que, “Yo fui anarquista –extrema izquierda- luego filocomunista –extrema derecha- (sic) y finalmente como consecuencia de la desastrosa experiencia de la guerra civil, socialista Fabiano, centro equilibrado”.

Ramón J. Sender salió de España antes de concluir la guerra en dirección a Francia y posteriormente embarcar para América con sus hijos. Después de residir un tiempo en México y Guatemala, se estableció definitivamente en Estados Unidos. Iniciaba así su exilio el escritor aragonés en el cual, como señalaba Castillo-Puche, “allí murió el político y nació el novelista”.

Ramón J. Sender falleció en la madrugada del 15 al 16 de enero de 1982 en la localidad californiana de San Diego, hecho del cual se hizo eco la periodista alcañizana Pilar Narvión en el diario Pueblo el 18 de enero de dicho año, esto es, dos días después del fallecimiento de Sender y, por ello, hoy recordamos su memoria.

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