José Ramón Villanueva Herrero
(publicado en: El Periódico de Aragón, 3 de mayo 2026)
Si hay un país cuya historia reciente esté marcada por lo que el historiador José Álvarez Junco denomina «pasado sucio», ese es Alemania. Y esta afirmación es totalmente cierta si tenemos en mente lo que supuso la barbarie del nazismo y las consecuencias que éste sigue teniendo en la sociedad alemana pues fue, sin duda, la página más negra y sangrienta de su historia.
Desde entonces, la democracia alemana ha intentado cortar cualquier atisbo de rebrote de ideas o actitudes nostálgicas o justificadoras del nazismo. Ello resulta especialmente importante en estos tiempos en que la marea ultraderechista se está extendiendo peligrosamente por muchos países de Europa y que, en el caso concreto de Alemania, se manifiesta en el creciente auge electoral del partido Alianza por Alemania (AfD), el cual no oculta sus simpatías con el nazismo y las ideas racistas.
Ante esta situación, y el riesgo que supone el auge político de la ultraderecha, así como la infiltración de sus simpatizantes en las instituciones democráticas y, de forma especial en la policía y el ejército alemán, se han tomado las primeras medidas para evitarlo. De este modo, tanto el Ministerio del Interior germano, como el Servicio Alemán de Inteligencia Interior y la Oficina Federal de Protección de la Constitución (BfV), se han fijado como objetivo «expulsar a los enemigos de la Constitución del servicio público».
Las actuaciones llevadas a cabo para frenar el virus ultraderechista, letal para la democracia, se concretan, desde 2024, en un Plan denominado Luchar contra el Extremismo de Derechas (REEB). Dicho plan no duda en considerar al nazismo y otros grupos de la ultraderecha como «el mayor peligro para nuestra democracia», dado que todos ellos tienen por objetivo «abolir la democracia liberal» en base a «ideas racistas y antipluralistas». De este modo, como ya señalaba Juan José Fernández en un artículo titulado Lucha contra los radicalismos. España sigue el plan alemán antinazis, publicado en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN el 31 de marzo de 2024, el referido plan supone «la primera constatación pública de un servicio de inteligencia europeo sobre el retorno de la amenaza de la extrema derecha para el Estado desde el fin de la II Guerra Mundial».
En consecuencia, el Plan REEB propone diversas medidas que, desde entonces, están siendo seguidas por diversos cuerpos de seguridad, no sólo en Alemania, sino también en otros países europeos, España incluida. En este sentido, se han aumentado los instrumentos legales para restringir los movimientos en el exterior de los extremistas ultras, tales como conciertos, actos deportivos o eventos de artes marciales. Igualmente, se ha controlado y prohibido el uso de armas semiautomáticas similares a las armas de guerra y ballestas, así como adoptar restricciones y permisos a los campos de tiro que pudieran ser utilizados por los militantes ultras. Además de lo dicho, y dada la rápida difusión y hábil manejo de las redes sociales por las que los ultras propagan sus consignas y actividades, resulta especialmente importante el control en Internet de las campañas de desinformación, bulos y mensajes de miedo y odio que estos grupos propagan. También, por lo que al caso de Alemania se refiere, se ha potenciado el control de los infiltrados ultras en la Policía y en las unidades de élite del Ejército alemán, del Bundeswehr. Y, finalmente, y no menos importante, se pretende vigilar la afiliación a los partidos y grupos ultras y, en especial, los de ideología neonazi como es el caso de, además de Alternativa por Alemania (AfD), otros grupos menores como La Tercera Vía (Der III. Weg), el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) o Clandestinidad Nacionalista (NSU).
Por todo lo dicho, bueno es recordar una lección que nos ofrece la historia reciente de Alemania. Como ocurrió durante el período de la República de Weimar (1918-1933), durante el cual el auge del nazismo culminó con la llegada de Adolf Hitler a la Cancillería del Reich en enero de 1933, los grupos neofascistas sólo pueden llegar al poder si cuentan con el apoyo o sumisión de las derechas conservadoras tradicionales. Y, ante la posibilidad de que se repita tan perversa y fatídica alianza, tanto en Alemania, como en otros países, también en España, hay que estar alerta pues ello socavaría, tal vez de forma definitiva, los cimientos de nuestras democracias. En este sentido, recordemos cómo la perversa e inconstitucional consigna de la «prioridad nacional» aireada por la ultraderecha de Vox está calando en determinados sectores del PP para garantizarse los votos necesarios para acceder a diversas parcelas de poder autonómico, como es el caso de Aragón. Y es que, esta aireada «prioridad nacional» resulta rechazable dado que atenta contra los valores tanto democráticos como constitucionales, al igual que también ha dejado clara su oposición a la misma la Iglesia Católica, desde una perspectiva cristiana, en defensa de la dignidad e igualdad de todos los seres humanos.
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