Cambio climático y Agenda 2030

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 31 julio 2026)

A fecha de hoy, todavía hay quienes, frente a toda evidencia científica, siguen negando las fatales consecuencias del evidente cambio climático que afectan a la humanidad en su conjunto y, por ello, debemos de reaccionar ante los infundios propagados por los negacionistas.

Siendo consciente de la gravedad de este problema, la ONU aprobó los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en los cuales se recogían 8 propósitos globales a llevar a cabo durante el período 2000-2015 y, entre ellos, el nº7 titulado “Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente”. En el interesante libro titulado El mundo que queremos. La Agenda 2030, coeditado por la Fundación Seminario de Investigación para la Paz y Mira Editores (Zaragoza, 2016), en uno de sus capítulos, Koldo Unceta Satrústegui, se lamentaba de la evolución negativa a la hora de desarrollar el citado ODM nº 7, esto es, el de la sostenibilidad medioambiental. De hecho, no dudó en señalar cómo en este tema se constata “un claro empeoramiento” dado que, desde 1990, se ha producido un incremento de gases contaminantes a la atmósfera de +50%, se han degradado enormes extensiones de bosques y se constata que la escasez de agua potable afecta al 40% de la población mundial, especialmente en los países del Tercer Mundo. Todo ello ha sido debido a un muy escaso desarrollo del citado ODM nº 7 dado que ha tenido pocas aplicaciones prácticas debido al fracaso de los acuerdos internacionales que pretendían frenar el cambio climático, la creciente pérdida de biodiversidad en nuestro planeta y a que no se ha aplicado una legislación capaz de juzgar con el rigor debido los delitos ecológicos. Consecuencia de todo lo anterior, como recordaba Koldo Unceta, es que nos hallamos ante “un modelo de crecimiento devastador en lo ecológico y excluyente en lo social”.

Posteriormente, la ONU aprobó, en septiembre de 2015, los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales fueron suscritos por 193 países y en los que se fijaron 17 objetivos que pretendían dar continuidad a los anteriormente citados ODM y que pasaron a constituir la actual Agenda 2030. Carmen Magallón, directora del Seminario de Investigación para la Paz, en el libro antes citado, define los ambiciosos objetivos que se ha fijado la Agenda 2030:

 “persigue poner fin a la pobreza y al hambre en todo el mundo, combatir las desigualdades dentro de los países y, entre ellos, construir sociedades pacíficas, justas e incluyentes, proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas y garantizar una protección duradera del Planeta y sus recursos naturales”.

En consecuencia, como destaca Carmen Magallón, la Agenda 2030 supone una propuesta alternativa para la superación del capitalismo salvaje y la “tendencia extractivista” que esquilma nuestro planeta. Por todo ello, y se lo recordamos a sus detractores negacionistas, la Agenda 2030 pretende impulsar valores tan necesarios en nuestros días como son la solidaridad, la sostenibilidad medioambiental, la equidad y la democracia.

Entre los 17 objetivos fijados en la Agenda 2030, hay varios destinados a frenar el cambio climático y a la defensa de cuestiones medioambientales como son los titulados: Ciudades y comunidades sostenibles (nº 11), Producción y consumo responsables (nº 12), Acción por el clima (adopción de medidas urgentes contra el cambio climático) (nº 13), Vida submarina (conservar y usar de manera sostenible los océanos) (nº 14) y Vida y ecosistemas terrestres (proteger y restaurar los bosques y la tierra) (nº 15).

Estos son los retos que tenemos por delante en materia medioambiental recogidos en la Agenda 2030, unos retos que afectan a la humanidad en su conjunto y que requieren el firme compromiso y toma de medidas concretas tanto por parte de todos nosotros, de la ciudadanía responsable, como desde luego, por la voluntad y acción política de la comunidad internacional, tal y como nos ha recordado la ONU. Pese a que los negacionistas no quieran verlo con su obstinación en negar lo evidente, actuando cual si fueran unos nuevos “terraplanistas”, nos va en ello el futuro de nuestro planeta Tierra…. Y no tenemos otro.

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