José Ramón Villanueva Herrero
(publicado en: El Periódico de Aragón, 16 de mayo 2026)
Madeleine Albright, la que fuera Secretaria de Estado norteamericana, definió al presidente ruso Vladimir Putin como una persona “fría como un reptil” … y no le faltaba razón. Y es que Putin, que gobierna con mando de hierro la Federación Rusa desde 1999, resulta una persona tan enigmática como peligrosa. De hecho, el analista ruso Leonid Bershindsky dice de él que es “un imperialista de la vieja escuela soviética, en lugar de un nacionalista”. Y ello explicaría su agresiva política militar para intentar restablecer el dominio ruso sobre los antiguos territorios de la fenecida URSS y, por ello, durante el ya cuarto de siglo en que ostenta el poder, ha impulsado las guerras de Chechenia (1999-2009), Georgia (2008) y, sobre todo, el actual conflicto de Ucrania, iniciado en el año 2022.
De entrada, hemos de recordar que el árbol de la democracia nunca llegó a arraigar en tierras rusas debido a la autocracia zarista primero, ni mucho menos como consecuencia de la dictadura soviética después, ni tampoco ahora, durante la actual autocracia de Putin. Ciertamente, Putin y su partido Rusia Unida, han creado un régimen autoritario que, tal y como señalaba el teniente general Gan Pampols, se sustenta sobre cuatro premisas: el dominio de la información interna y externa; el control de la administración mediante una férrea burocracia estatal; la disuasión externa mediante la amenaza del uso de la fuerza militar, y, por último, el control (y eliminación) de la disidencia interna. En relación a esta última premisa sobre la cual se sustenta un régimen autoritario, recordemos cómo Putin ha ido eliminando de forma implacable a sus adversarios internos como fue el caso de Litvinenko, Berezovsi, Nemtsov, Prigozhim, líder de grupo de mercenarios Wagner, la periodista Anna Politkovskaya o Aleksei Navalni. La larga mano de Putin llegó también hasta España cuando el 13 de febrero de 2024 asesinó en Villajoyosa al piloto ruso Maksym Kuzminov, que había desertado de la guerra de Ucrania.
Si algo caracteriza a Putin es su profundo resentimiento hacia Occidente, hasta el punto de que, como señalaba Marc Marginedas en una crónica publicada en El Periódico de Aragón de fecha 32 diciembre 2024), el líder ruso tiene una “paranoia antioccidental que se ha ido radicalizando con los años” y que él atribuye a una supuesta “conspiración” de la Unión Europea (UE) y de los Estados Unidos contra Rusia. Por esta razón, Putin se ha fijado dos objetivos: acabar con la idea del equilibrio estratégico característico de la Guerra Fría y acentuar la injerencia rusa en el desarrollo de los acontecimientos de la Europa occidental. Es por ello que, para Putin, la UE es el gran competidor de Rusia mientras que la OTAN es lo más parecido a un enemigo a las puertas de la Federación Rusa y a esta última percepción ha contribuido, en gran medida, la incorporación a la OTAN de países de la antigua órbita soviética como es el caso de Bulgaria, Rumanía, Estonia, Letonia y Lituania.
En el momento actual, continúa la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania iniciada el 22 de febrero de 2022, tema éste que tiene consecuencias geoestratégicas globales dado que la postura de Putin es inflexible pues piensa que “Ucrania sólo tiene sentido dentro del espacio ruso”. En este sentido, Kaja Kallas, la actual Alta Representante para Asuntos Exteriores de la UE, cuando era Primera Ministra de Estonia, declaró en marzo de 2024 que, en esta guerra en territorio europeo, “Rusia deber perder para evitar la Tercera Guerra Mundial” ya que “si Ucrania cae, Europa va a sufrir”. Y es que, para frenar las pretensiones expansionistas rusas y sus amenazantes declaraciones sobre el empleo del arma nuclear, se contrapone la necesaria actuación del Grupo de Ramstein, la coalición de 50 países, España incluida, que apoyan diplomática y militarmente a la agredida Ucrania.
Por su parte, Michael Doyle considera que, en el momento actual, estamos asistiendo a una Nueva Guerra Fría entre las democracias y las autocracias, entendiendo por estas últimas no sólo la Rusia de Putin, sino también la dictadura de la República Popular China de Ji Xinping.
A modo de conclusión, como señalaba Arancha González Laya, exministra de Asuntos Exteriores del Gobierno de España y actual decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París (PSIA), lo que está en juego con la política agresiva, tanto militar como híbrida de Putin “no es otra cosa que la Unión Europea” pues los objetivos del autócrata ruso, tal y como se pudo comprobar en el oscuro asunto de las injerencias rusas ocurridas durante el “procés independentista” de Cataluña, pretenden desestabilizar a la UE, el mayor espacio de democracia y progreso económico, convertido por ello en los planes de Putin en un adversario a neutralizar de todas las formas posibles. Y ello es un peligro real.
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